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Full text of "Inspiraciones patrioticas de la America republicana"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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INSPIRACIONES PATRIOTIOAS 



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DE LA 



AMÉRICA REPUBLICAM, 



COLECCIONADAS 



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VALPARAÍSO; ^ 

IMrKEXTA DE LA TAIKIA, 

CALLE PE LA ADVANA, M'.M. 40. 



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A LOS SEFORES 



Despertar los sentimientos de patria y de 
libertad es el objeto de esta publicación. Vds. 
conociendo antes mi propósito, lo aplaudieron 
y me ofrecieron estímulos. 

Es justo pues, ya que la he realizado, que 
dedique a Vds. esta recopilación de cantos 
patrióticos Americanos. 

J. D. Cortes. 
Valparaiso, julio de 1864. 



DOS PALABRAS. 



En los momentos en que la América Republicana se en- 
cuentra en los dias de prueba y de sacrificios; cuando una 
rebelión funesta y antisocial intenta despedazar la jigantes- 
ca Xacion, cuna de la Eepública moderna; cuando la invasión 
monárquica levanta un imperio en la tierra que inmortaliza- 
ron Hidalgo y Morelos; cuando Santo Domingo lucha otra 
vez con denuedo por reconquistar su independencia aleve- 
mente arrebatada; cuando a nuestras puertas, en el suelo de 
Junin y de Ayacucho, vuelve a tremolar amenazante la ban- 
dera de los antiguos dominadores de la América latina, es 
necesario y op.ortuno traer a la memoria los cantos que inspi- 
ró un dia la santa lucha de la independencia y reproducir las 
nobles inspiraciones de los poetas americanos, que han cantado 
a la América y a la libertad, que han inmortalizado a los gran- 
des hombres de la independencia y recordado los dias y los 
hechos gloriosos de aquella época de sacrificios y de heroi- 
cidades. 



— VI — 

La recopilación de poesías que hoi ofrecemos al público tie- 
ne ese patriótico objeto» 

Hemos reunido al principio de este libro todas las cancio- 
nes nacionales de las diversas repúblicas de América, colo- 
cando ai frente de ellas las dos de la Confederación Korte 
Americana, la una inspirada en la guerra que comenzó en 1773> 
la otra en la segunda lucbía dé independencia que comenzó en 
1812 y terminó en 1815. 

En todos esos cantos nacidos en la irritación de los comba- 
tes, se revela el odio al despotismo y el amor a la independen- 
cia y a los santos fueros de la libertad. 

Muchas de esas canciones, en la América antes española, se 
■hablan creido ya inoportunas y relegádose como ajenas de 
•esos sentimientos de paz y de fraternidad que estas Repúbli- 
cas alentaban sinceramente por la N^acion que fué aquí un dia 
dominadora; pero lioi las pretensiones de la España, inicua- 
mente reveladas en Santo Domingo y en el Perú, han hecho 
con justa razón renacer esos odios y volver a mirar como nues- 
tros enemigos, a los que imajinábamos ya como nuestros her- 
manos por la sangre, por la relijion y por el idioma. 

Esos cantos que fueron la espresion del entusiasmo de nues- 
tros padres; esos cantos que se entonaron muchas veces en las 
batallas de la independencia, deben ser recordados hoi por la 
jeneracion actual, porque acaso ellos pueden volver a oirse, una 
vez mas, en una lucha tan gloriosa como aquella. Esos cantos 
nos recuerdan los sacrificios de los fundadores de estas repú- 
blicas y el heroísmo con que consagraron sus vidas al triunfo 
de los santos principios de la democracia. Por eso, hoi en pre- 
sencia del peligro, debemos alentar nuestra memoria con esas 
ardientes inspiraciones, a fin de prepararnos a seguir el ejem- 
plo de los padres de la patria. 



— vir — , 

Las demás poesías que forman la recopilación que ofrece- 
mos^ tienden todas a fomentar el amor a la América, a la li- 
bertad y a los héroes de estas repúblicas. 

Hemos hecho figurar en este libro composiciones de poetas 
nacidos en Cuba; pero atendiendo a que el asunto de ellas se 
relacionaba con nuestro objeto, y a que sus autores, si han naci- 
do colonos de España, son hijos de América y de una hermo- 
sa tierra que, en mas o menos tiempo, entrará en el rango de 
las naciones libres. La República y la libertad han tenido y 
tienen alli adoradores ai'dientes y víctimas bárbaramente in- 
moladas: testigos el inspirado Heredia, proscrito y perseguido, 
y el desventurado Plácido espirando en el patíbulo. 

Deseamos que la recopilación que hoi ofrecemos al público, 
sea del agrado de todos los amantes de la libertad y de las 
glorias de la América. 

Valparaíso, julio de 1864. 



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http://archive.org/details/inspiracionespatOOcort 



HIMNO DE GÜEF^RA DE LA AMERICA. 



I. 



América, a las armasl 
De nuevo a tus confines trae Europa 
Oprobio y servidumbre. 
América, a las armas! 
Tu espada al sol relumbre, 
Levanta tu pendón republicano; 

Y un solo grito — libertad y guerra! 
Atraviese el Océano 

Y estremezca la tierra 

Desde el Estrecho al golfo Mejicano. 



II. 



A la América libre, 
Señora de los Andes, 
Beina del Amazonas, 
Los déspotas intentan 
Darla farsantes y ceñir coronas! 
¿Acaso, todavía 

Ko conservan el rastro, esas montaña». 
De los héroes y hazañas 
Que tumbaron la hispana monarquía? 
¿No faé en esas laderas, 
No fué en aquel abismo, 
No fué en esa llanura, dó triunfai«ori 
Las rebeldes banderas; 

Y el noble patriotismo 

Y la noble virtud, su premio hallaron? 

1 



III. 

América, a las armas! 
Lanzas corta en tus bosques, 
Templa en tus rios el sagrado acero, 
Sube a tus cumbres y la trompa emboca; 

Y allí, con el guerrero 

Himno de libertad, la alarma toca! 

Y que el son se derrame 

Y despierte al valor y encienda la ira, 

Y el alma grande del poeta inflame, 

Y en arma de pelear cambie la lira! 

lY. 
¿Qué quieren de nosotros 
De la Europa los siervos y tiranos? 
Al desierto aventar nuestros hogares, 
Usurparnos la patria 

Y hacer de nuestros pueblos, 
Hoi moradas de libres ciudadanos, 
Teatro de lacayos' y juglares! 

Y aquí, donde altanera 
Mil rios como mares 
Desprende esajigante Cordillera, 
Madre del Aconcagua y Orizaba, 
Esplendor de una raza venidera. 
Formar la cuna de una raza esclava! 

Y. 

América, a las armas! 
JSTo con vagos clamores, 
Ko con tristesjemidos, 
Se combaten estraños invasores 

Y redímcnse pueblos oprimidos! 

Si nuevo oprobio y nueva servidumbre 

La vieja Europa trae. 

Tu espada al sol relumbre, 

Levanta tu pendón republicano; 

Y un solo grito — libertad y guerra! 
Atraviese el Océano 

Y estreniezca la tierra 

Desde el Estrecho al golfo Mejicano. 

Ctuillermo Matta. 



CAXCIOiX XACIONAL DE LOS ESTADOS l'XIDOS 

DE NORTE AMEEICA. 



HAIL COLUMBIA. 

CHOEUS. 

flrm united let us be, 
EaIíLying round our Liberty; 

As A BAND OF BROTHERS JOIN'Dj 

Peace and safety we shall find. 



I. 



Hail Columbia happy land I 
Ilail ye héroes, lieav'n born band, 
Who fought and bled in Freedom's cause, 
Who fought and bled in Freedom's cause, 
And when the storm. of war was gone, 
Enjoy'd the peace your valor won! 
Let Independence be your boast, 
Ever mindful what it cost, 
Ever grateful for the prize, 
Let its altar reach the skies. 



ÍL 



Immortal Patriots, rise once more; 
Defend your rights; defend your shore; 
Let no rude foe with impious hand, 
Let nu rude foe with impious hand, 
Invade the shrine where sacred lies. 
Of toil and blood, the well earn'd prize 
While oíf ring peace sincere and just, 
In heav'n we place a manly trust, 
That truth and justico may prevail, 
Aad ev'ry scheme of bondage fail. 



--. 4 



ni. 



Sound, sound the trump of fame, 
Let Washington's great ñame! 
Ring thro' the world with loud applaus®^ 
Ring thro' the world with loud applauBe; 
Let ev'ry clime to freedom dear, 
Listen with a joyfuU ear; 
With equal skill, v/ith godlike pow'r, 
He governs in the fearful hour 
Of horrid war, or guides with ease 
The happier times of honest peace. 

IV. 

Behold the Chief who now commands, 
Once more to serve his Country stands! 
The rock on which the storm will beat; 
The rock on which the storm will heat; 
But arm'd in virtue firm and triie, 
His hox:)es are fix'd on heav'n and yon; 
When hope was sinking in dismay, 
When gloom obscur'd Columbia's day, 
His steady mind from changes free, 
Resolv'd on Death or Liberty! 



~o~H^ 



LA BAOERl ESTRELLADA. 



THE STAR-SPANOLED BANNER. 

1. 

O say can yon see by the dawns early liglit, 

What so proudly we hailed in the twilights last gleaming, 

Whose broad stripes and brigtit stars througli the perilious fight 

O'er the ramparts we Avatched were so gallan tly streaming; 

And the rockets red glare, the bombs bursting in air, 

Gave proof thro' the night that our flag was still there; 

O say does that star-spangled hanner still wave 

O'er the ¡and qf thefree and the home ofthe brave. 

IL 

On the shore dimly seen thro' the mists of the deep 
Where the foes haiighty host in dread silence repose» 
What is that which the breeze o'er the towering steep 
Aa it fitfally blows half conceals, half discloses; 
Now it catches the gleam of the morning's first beam 
In ñill glory reflected now shines in the stream. 
T'is the star spangled hanner oh! long may it wave 
O'er the land of the free and the home of the brave. 



— 6 — 



III. 



And where is that band who so vauntingly ewore, 

That the havoc of war and the battles confusión, 

A borne and a country sball leáve us no more ; 

Tbeir blood bas washed out tbeir foul footsteps polín tion, 

Ko refuge could save the bireling and slave, 

Trom tbe terror of fligbt or tbe gloom of tbe grave; 

And the star-spangled banner ¿n triumph shall wave 

Oer the land of the free and the home of the brave. 

lY. 

And tben be it ever wben freemen sball stand 

Between tbeir loved borne and wars desolation 

Blest witb victory and peace may tbe beaven-re&cned land 

Praise tbe power tbat bas made and preserved as a nation 

Tben conquor we must wben our cause it is ju»t 

And tbis be our motto in God is our trust, 

And the star-spangled banner in triumph shall icav^ 

O'er the land of t?ie free and the home of the brave. 

I. Keyes. 

Baltxmore, agosto do 1814. 



CAISCION líACIOMl MEJICAM. 



COEO. 



Libertad, libertad, mejicanos. 
Hasta el cielo las voces alzad, 
Y este día de grata memoria 
Himnos dulces de amor entonad. 



Por tresjsiglos se viera en prisiones 
Con oprobio la patria adorada, 

Y ante un trono la frente humillada 
En el polvo moría de dolor; 
Cuando Hidalgo, sin par en bravura, 
Lanza un grito de muerte y de guerra 
Que repiten los cielos j tierra 

Y en los senos del mar resonó. 



IL 

El tirano vacila en su trono, 

Y un instinto secreto le dice. 
Que el Anáhuac, colonia infeliee 
Que él oprime, se va a emancipar; 

Y es asi, que los bravos aztecas 
De una célica llama inflamados, 
Los derechos del hombre sagrados 
Con su sangre supieron comprar. 



^^. 8 ^ 



III 



Loor eterno a los héroes queridos 
Que con sangre preciosa regaron 
Kuestro suelo, y en él nos dejaron 
Las ideas de gloria y de honor: 
Una fresca corona pongamos 
De laureles y rosas formada, 
En su tumba marcial y sagrada 
Donde velan la -paz y el dolor. 

Cantad, bardos, templad vuestras liras; 
Que resuene la trompa guerrera, 

Y que atruenen la diáfana esfera 
Sacros himnos de gloria y placer. 
Libres sois, mejicanos unidos: 

A la guerra civil desterremos, 

Y ante el Dios de los libres juremos 
Por la patria morir o vencer. 



—o <^g> 0-- 



HIMKO DE COLOMBIA. 



I. 

Otra vez con cadenas y muerte 
Amenaza el tirano español; 
Colombianos, volad a las armas, 
Kepeled, repeled la opresión. 

Suene ya la trompeta guerrera, 
Y responda tronando el cañón; 
De la patria seguid la divisa 
Que os señala el camino de honor. 

COEO. 

Suena ya la trompeta guerrera 
y responde tronando el canon; 

Ya la PATRIA ARBOLÓ SU DIVISA, 

Que NOS muestra el camino de honor. 



11. 



¿Qué patriota de nobles ideas 
Apetece la torpe inacción? 
¿Quién aprecia el reposo entre grillos? 
Ciudadanos morir es mejor. 

Libertad, haz que dulce resuene 
De Colombia a los hijos tu voz! 
Que jamás uno solo se afrente 
Prefiriendo la vida al honor. 

COEO. 

Libertad ¡oh cuan dulce que suena 
De Colombia a los hijos tu voz! 
Ko será que uno solo se aérente 
Prefiriendo la vida al honor. 



^ 10 — • 



IIL 



De la patria es la luz que miramos, 
J)e la patria la vida es un don; 
Verteremos por ella la sangre, 
Por un bárbaro déspota nó. 

Xíibertad es la vida del alma; 
Servidumbre hace vil al varón; 
Defender a un tirano es oprobio; 
Perecer por la patria es honor, 

COEO. 

Libertad es la vida del alma; 
Servidumbre hace vil al varón; 
Defender a un tirano es oprobio; 
Perecer por la patria es honor. 



IV. 



Defended este suelo sagrado 
Que crecer vuestra infancia miró; 
En que yacen cenizas heroicas, 
En que reina una libre nación. 

Kecordad tantas prendas queridas^ 
De la esposa el abrazo de amor, 
De los hijos el beso inocente, 
De los padres la herencia de honor. 

COEO. 

Defendamos la patria querida,, 
Que nos guarda las prendas de amor; 
Defendamos los caros hogares; 
Conservemos i^ herencia de honor. 



— 11 — 

V. 

Kecordad los patriotas ilustres 
Que cobarde crueldad inmoló; 
¿Xo escucháis que apellidan venganza?. 
Embestid a esa turba feroz. 

Recordad del Araure los campos., 
Que el valor colombiano ilustró; 
A Junin, Boyacá y Ayacucho, 
Monumentos eternos de honor, 

CORO. 

Recordemos de Araure los campos. 



Que el valor colombiano ilustró; 
A Junin, Boyacá y Ayacucho, 
Monumentos eternos de honor. 

YI. 

¿Yeis llegar las lejiones venales 
Que conduce a la lid la ambición? 
Contra pechos de libres patriotas 
Impotente será su furor. 

Atacad: una fé mercenaria 
Poco da que temer al valor: 
Por victoria hallarán escarmientOj 
Por botin llevarán deshonor! 

CORO. 

Avanzad, oh lejiones venales. 
Que conduce a la lid la ambición: 

Por victoria hallareis ESCARMIENTa,. 
POE botín LLEVAREIS DESHONOR. 

Andrés Bello. 

-o— ^^> ^ 



CiKCIOÜí NACIONAL PERÜAXA, 



COEO. 

Somos libres, seamoslo siempre 

Y antes niegue sus luces el sol 
Que faltemos al voto solemne. 
Que la patria al Eterno elevó': 

I. 

Ya el estruendo de broncas cadena» 
Que escuchamos tres siglos de horror. 
De los libres al grito sagrado 
Que oyó atónito el mundo, cesó. 
Per do quier San Martin inflamado 
Libertad, libertad pronunció, 

Y meciendo su base los Andes 

La anunciaron también a una voz. 

II. 

Con su influjo los pueblos despiertan, 

Y cual rayo, corrió la opinión 
Desde el istmo a las tierras del fuego, 
Desde el fuego a la helada rejion. 
Todos juran romper el enlace, 

Que natura a ambos mundos negó 

Y quebrar ese cetro que Espaíía 
Eeclinaba orguUosa en los dos. 

III. 

Lima cumple ese voto solemne, 

Y severa su enojo mostró, 
Al tirano impotente .lanzando 
Que intentaba alargar su opresión. 
A su esfuerzo saltaron los fierros; 

Y los surcos que en sí reparó, 
Le atizaron el odio y venganza. 
Que heredó de su Inca y señorl 



13 



lY. 



Compatriotas, no mas verla esclava: 
Si humillada tres siglos jimio, 
Para siempre jurémosla libre 
Manteniendo su propio esplendor, 
ííuestros brazos hasta hoi desarmados, 
Estén siempre cebando el cañón, 
Que algún dia las playas de Hesperia 
Sentirán de su estruendo el terror. 



Y. 



Exitemos los zelos de España, 
Pues presiente con mengua y furor 
Que en concurso de grandes naciones 
Kuestra Patria entrará en parangón: 
En la lista que de esta se forme, 
Xilenaremos primero el renglón 
Que el tirano ambicioso Iberino- 
Que la América toda asoló. 



-^>— ^!i§ 



HIMNO DEL PERr. 



COEO. 



Libertad, luz divina del mundo, 
ko nos niegues tu puro arrebol; 

Que ANTES 3IUERT0S QUE ESCLAVOS DE RETES 
Ser PREFIEREN LOS HIJOS DEL SOL, 

1. 

Be los reyes la pérfida alianza 
Quiere el mundo a sus carros uncir; 
Para reyes habrá democracia, 
Para un yugo el valor de morir. 
Si esos grandes traidores cimentan 
Su poder en la voz militar, 
Los demócratas pueblos contestan 
Con la voz que los hace temblar. 

Libertad^ luz divina etc. 



11. 



No mas reyes han dicho los pueblos^ 
Pues tinieblas arrastran en pos; 
Quieren luz las naciones del mundo 

Y la luz de los mundos es Dios. 

Dios inmenso que ha dado a los hombres 
Cual reflejo del alma esa luz, 

Y que hará que gritemos unidos 
Como Cristo clavado en la cruz: 

Libertad, luz divina etc. 



*~ 15 —^ 



III. 



Cuando un pueblo se lanza a la gloria 
Ko le puede humillar ningún reí, 
Porque hoi solo los pueblos doblegan 
La cerviz ante Dios o la lei; 
Si tiranos ascienden al trono 
Traicionando la fé popular, 
Palidecen de espanto cuando oyen 
Todo un pueblo a la vez esclamar 



Libertad^ luz divina etc. 



lY. 



Por do quiera los pueblos destrozan 
La cadena a que atados están; 
Por do quiera se escucha este grito 
¡Ko mas reyes! ¡los reyes se van! 
Y, aunque busquen traidores que quieran 
Su funesto derrumbe impedir, 
Ko hai traidor que no tiemble y se esconda 
Cuando escucha a los libres decir 

Libertad, luz divina etc. 

Jóse Tortbio 3Iancilla. 



€ANCIO> ÍÍACIOXAL BOLIVIAKA. 



COEO. 



De la Pxítria el heroico renombrk 
En glorioso esplendor conservemos, 
T en sus aras de nuevo juremos 
Morir antes que esclavos vivir. 



I. 



Bolivianos el hado propicio, 
Coronó nuestros votos y anhelo: 
Es ya lihre, ya libre, este suelo, 
Ya cesó su servil condición. 
Al estruendo marcial que ayer fuerar 
T ál clamor de la guerra horroroso, 
Sigan hoi en contraste armonioso 
X>ulces himnos de paz y de unión. 



II. 



Esta tierra inocente y hermosa 
Que ha debido a Bolívar su nombro, 
Sea la patria feliz donde el hombr© 
Halle el bien y la dicha y la unión: 
Que los hijos del grande Bolívar 
Han ya mil y jnil veces jurado, 
Morir antes que ver humillado 
De la patria el augusto pendón. 

COBO. 

De la patria el heroico renombek 
En glorioso esplendor conservemos, 
Y EN sus aras de nuevo juremos 
Morir antes que esclavos vivir. 



^;^)i— -o— - 






CANCIOX yACIOKAL CHILENA. 



COEO 



Dulce patria, ríecibe los votos 
Con que Chile en tus aras juró, 
Que la tumba serás de los libres, 
O el asilo contra la opresión. 



I. 



Ciudadanos, el amor sagrado 
De la patria os convoca a la lid: 
Libertad es el eco de alarma. 
La divisa: triunfar o morir! 

Ei cadalso o la antigua cadena 
Os presenta el soberbio español... 
Arrancad el puñal al tirano, 
Quebrantad ese cuello feroz^! 

11. 

Habituarnos quisieron tres siglos 
Del esclavo a la suerte infeliz. 
Que al sonar de sus propias cadenas 
Mas aprende a cantar que a j emir. 

Pero el fuerte clamor de la patria 
Ese ruido espantoso acalló, 

Y las voces de la Independencia 
Penetraron liasta el corazón. 

III. 

En sus ojos hermosos la patria 
Nuevas luces empieza a sentir, 

Y observando sus altos derechos, 
Se ha incendiado en ardor varonil. 

De virtud y justicia rodeada, 
A los pueblos del orbe anunció. 
Que con sangre de Ar'auco lia fin nado 
La gran Carta de emancipación. 



-^ 18 - 

IV. 

Los tiranos en rabia encendidos, 

Y tocando de cerca su fin, '^^m 
Desplegaron la furia impotente, ^1^ 
Que, aunque en vano, se halaga en destruir. 

Ciudadanos, mirad en el campo 
El cadáver del vil invasor... 
Que perezca ese cruel que el sepulcro 
Tan lejano a su cuna buscól 

Y. 

Esos valles, también ved, chilenos, 
Que el Eterno quiso bendecir, 

Y en que rie la naturaleza, 
Aunque ajada del déspota vil. 

Al amigo y al deudo mas caro 
Sirven hoi de sepulcro y de honor: 
Mas la sangre del héroe es fecunda, 

Y en cada hombre cuenta un vengador. 

YI. 

Del silencio profundo en que habitan 
Esos Manes ilustres — Oid! 
Que os reclaman venganza, chilenos, 

Y en venganza a la guerra acudid. 
De Lautaro, Colocólo y Kengo 

Reanimad el nativo valor, 

Y empeñad el coraje en las fieras 
Que la España a cstinguiros mandó. 

YII. 

Esos monstruos que cargaii consigo 
El carácter infame y servil 
¿Cómo pueden jamas compararse 
Con los héroes del cinco de abril? 

Ellos sirven al mismo tirano 
Que su lei y su sangre burló: 
Por la PATRIA nosotros peleamos, 
Nuestra vida, libertad y honor. 



— 19 



YIII. 



% 



Por el mar y la tierra amenazan 

os secuaces del déspota vil; 

ero toda la naturaleza 
Los espera para combatir. 

El Pacífico al Siid y Occidente, 
Al Oriente los Andes y el Sol, 
Por el íí'orte un inmenso desierto, 

Y en el centro libertad y unión. 

IX. 

Ved la insignia con que en Chacabueo 
Al intruso supisteis rendir, 

Y el augusto tricolor que en Maipo 
En un dia de triunfo os dio mil. 

Yedle ya señoreando el Océano 

Y flameando sobre el fiero león: 
Se estremece a su vista el Ibero; 
Nuestros pechos inflama el valor. 



X. 



Ciudadanos, la gloria presida 
Be la PATRIA al destino feliz, 
Y podrán las edades futuras 
A sus padres así bendecir — 

Venturosas mil veces las vidas 
Con que Chile su dicha afianzó — 
Si quedara un tirano, su sangre 
De los héroes escriba el blasón. 

Bernardo Vera y Pintado. 



CAXCIOy NACIONAL CHILENA. 



COEO. 



# 



DULPE PATRIA, «RECIBE LOS VOTOIS 

Con que Chile en tus aras juró, 
^ Que la tumBx\ serás be los libres, 

O EL asilo contra LA OPRESIÓN. ,/ 
I. 

Ha cesado la lucha sangrienta; ^™__™„ 

Ya es hermano el que ayer invasor; JflHB 
De tres siglos lavamos la afrenta '' 

Combatiendo en el campo de honor: 

El que ayer doblegábase esclavo, 
Libre al fin y triunfante se vé: 
Libertad es la herencia del bravo: 
La victoria se humilla a su pié. 



IL 

Alza, Chile, sin mancha la frente: 
Conquistaste tu nombre en la lid: 
Siempre noble; constante, valiente 
Te encontraron los hijos del Cid, 

Que tus libres, tranquilos coronen 
A las Artes, la Industria^ la Paz, 

Y de triunfo cantares entonen 
Que amedrenten al déspota audaz. 

III. 

Vuestros nombres, valientes soldado!? 
Que habéis sido de Chile el sosten, 
Nuestros pechos los lle^'an gravados..... 
Los sabrán nuestros hijos también. 

Sean ellos el grito de muerte 
Que lanzemos marchando a lidiar, 

Y sonando en la boca del fuerte, 
Hagan siempre al tirano temblar. 



21 



IV. 

Si pretende el canon estranjero 
Nuestros pueblos osado iniíadir, 
Desnudemos al punto el acero 

Y sepamos vencer o morir: 

Con su sangre el altivo Araucano 
Kos legó por herencia el valor; 

Y no tiembla la espada en la mano *^ * • 
Defendiendo de Chile el honor, 

Y. 

Puro, Chile, es tu cielo azulado, 
Puras brisas te cruzan también^ 

Y tu campo de flores bordaje 
Es la copia feliz del Edén: yp 

Majestuosa es la blanca montaña 
Que te dio por baluarte el Señor, 

Y ese mar que tranquilo te baña 
Te promete futuro esplendor. 

YI 

Esas galas, oh Patria, esas florejB 
Que tapizan tu suelo feraz, 
Ko las pisen jamás invasores; 
Con su sombra las cubra la paz, 

Nuestros pechos serán tu baluarte; 
Con tu nombre sabremos vencer, 
P tu noble, glorioso Estandarte,, 
Nos verá combatiendo caer. 



-:^>-^§|X-H>- 



CiJrCIOIÍ KACIO^AL ARJEIíTIlíA. 



CORO. 



Sean eternos los laureles, 
qvb supimos conseguir. 
Coronados de gloria vivamos 
, ^^ o juremos con gloria morir. 

I. 

Oid, mortales, el grito sagrado: 
¡Libertad, libertad, libertad! 
Oid el ruido de rotas cadenas, 
Ved en trono a la noble Igualdad. 
Se levaiiMF en la faz de la tierra 
Una nueva y gloriosa Nación, 
Coronada su sien de laureles 

Y a sus plantas rendido un León. 

IL 

De los nuevos campeones los rostros 
Marte mismo parece animar: 
La grandeza se anida en sus pechos: 

Y a su marcha todo hacen temblar. 
Se conmueven del Inca las tumbas, 

^' Y en sus huesos revive el ardor, 
Lo que vé renovando a sus hijos ' 
De la Patria el antiguo esplendor. 

IIL 

Pero sierras y muros se sienten 
Retumbar con horrible fragor; 
Todo el pais se conturba por gritos 
De venganza, de guerra y furor. 
En los fieros tiranos la envidia 
Escupió su pestífera hiél; 
Su estandarte sangriento levantan 
WíS. Provocando a la lid mas cruel. 



— 23 — 



lY. 



¿No los veis sobre Méjico y Quito, 
Arrojarse con saña tenaz, 
Y cual lloran bañados en sangre 
Potosí, Cocbabamba y la Paz? 
¿No los veis sobre el triste Caracas 
Luto y llantos y muerte esparcir? 
¿No los veis devorando cual fieras 
Todo pueblo que logran rendir? 



A vosotros se atreve, Arjentinos, 
El orgullo del vil invasor: 
Vuestros pasos ya pisa, contando 
Tantas glorias hollar vencedor. 
Mas los bravos que unidos juraron 
Su feliz libertad sostener, 
A esto^ tigres sedientos de sangre 
Fuertes pechos sabrán oponer. 

Yí. 

El valiente Arjentino a las armas 
Corre ardiendo con brio y valoi" 
El clarin de la guerra, cual trueno 
En los campos del Sud resonó. 
Buenos Aires se pone a la frente 
De los pueblos de la ínclita Union, 
Y con brazos robustos desgarra 
Al ibérico altivo León. 

YII. 

San José^ San Lorenzo, Suipacha, 
Ambas Piedra, Salta y Tucuman, 
La Colonia y las mismas murallas 
Del tirano en la Banda Oriental, 
Son letreros eternos que dicen: 
*'Aquí el brazo arjentino triunfó; 
Aquí el fiero opresor de la Patria 
Su cerviz orgullosa dobló.'* 



— 24 -^ 



VIII. 



La victoria al guerrero arjentino 
Con S118 alas brillantes cubrió, 

Y azorado a su vista el tirano 
Con infamia a la fuga se dio: 
Sus banderas, sus armas se rinden 
Por trofeos a la libertad, 

Y sobre alas de gloria alza el pueblo, 
Trono digno a su gran majestad. 

IX. 

Desde un polo hasta el otro resuena 
De la Fama el sonoro clarin, 

Y de América el nombre enseñando, 
Les repite, mortales oid: 

Ya su tjpno dignísimo abrieron 
Las Pfovincias-Unidas del Sud; 

Y los libres del mundo responden: 
'^¡Al gran pueblo arjentino salud!" 

Tícente López y Planes. 



Í)ÍI€I03Í NACIOXAL DEL PARAGÜil. 



COEO. 



Paraguayos, república o muerte? 

lí^UESTRO brío nos DIO LIBERTAD: 
Kl OPRESORES NI SIERVOS ALIENTAN 

Donde REINAN unión e igualdad-. 



L 



A. los pueblos de América, infausto, 
Tres centurias un cetro oprimió; 
Has un dia soberbia surjiendo, 
Basta! dijo, y el cetro i^om2)ió. 

íí^uestros padres, lidiando grandiosos, 
Ilustraron su gloria inmortal; 
Y trozada la augusta diadema 
Eaalzaron el gorro triunfal. 

II. 

ííueva Eoma, la patria ostentara 
Dos* caudillos de nombre y valer, 
Que rivales, cual Rómrdo y Remo, 
Dividieron grandeza y poder. 

Largos años, cual Febo entre nubes, 
Viose oculta la perla del sud: 
Hoi un héroe grandioso aj)arece 
Eoalzando su gloria y virtud. 

CORO. 

Paraguayos, república o muerte! 
Nuestro brío nos dio libertad: 

Kl opresores ni siervos ALIENTAN" 

Donde reinan unión e igualdad.. 



-o-^m 



o 



CiNCIO]í NACIONAL AMERICANA. 



O 



COEO. 



A LA VOZ DE LA AmÉRICA UNIDA 

De sus hijos se inflama el valoh; 

Sus DERECHOS EL MUNDO VENERA, 
y SUS ARMAS SE CUBREN DE HONOR. 

I. 

Desde el día en que este hemisferio 
De la aurora la gloria brilló, 
Vivir libre juró nuestro pueblo 
Convertido de esclavo en Señor, 
Este voto, del cielo inspirado, 
A la faz de la tierra ofreció; 
Con placer las naciones le oyeroix, 
lios tiranos con susto y pavor. 

IL 

Tú primero, inmortal Yenezuelg,, 
Dar supiste el ejemplo y la voz; 

Y con gloria la Nueva Grranadá 
Sus cadenas al punto rompió. 
Buenos-Aires y Chile a porfía 
Se disputan el mismo blasón, 

Y hasta al suelo del Méjico hermoso 
Libertad comunica su ardor. 

III. 

Se conmueven de júbilo y gozo 
Las cenizas del digno Colon, < 

Y los manes de príncipes tantos, 
Cuyo trono la Iberia usurpó. 
Ya revive la patria querida 

De los Incas, los hijos del sol. 
El imperio del gran Motezuma, 
De los Zipas la antigua nación. 



— 27 -- 

IV. 

Héroes indios, la América toda 
Os saluda con himnos de amor, 

Y os ofrece por justo homenaje 
Roto el cetro del cruel español. 

Y vosotras ¡o víctimas caras! 
Que el cadalso del yugo libró, 
Viendo el fruto de tal sacrificio 
Descansad en la eterna mansión. 

V. 

A los aires se eleva triunfante 
De la América el fiero Cóndor, 

Y a su vista le mira abatido 
De la Iberia el soberbio León: 
Ya no ruje cual antes solia, 
El aliento primero perdió, 
L¿a melena sacude sin brio, 
Falto ya del antiguo vigor. 

VI. 

Nada importa que en vez de la fuerza 
Ponga enjuego la infame traición, 

Y que el fin de su imperio señale 
Con escenas de muerte y horror. 
Los despojos, las ruinas, los pueblos 
Que la llama enemiga abrasó, 

'Noa escitan a justa venganza, 

Y nos hablan con mudo clamor. 

VIL 

Esto es hecho! La América al orbe 
Se presenta cual uueva nación, 
La barrera del vasto océano 
De dos mundos impide la unión. 
Adiós trono, ministros, validos, 
Instrumentos de vil opresión; 
Bendiciendo la mano divina 
Os decimos el último adiós. 

JogÉ María S alazar. 



LA LIBERTAD. 

I. 

En las ardientes horas de juventud temprana 
Mi mente entusiasmada soñó la libertad; 
Envuelto en mis delirios espero la mañana 
Que alumbre al mundo todo de eterna claridad. 

jAcaso nunca, nunca tan suspirado dia 
Veré yo pobre niño sobre mi sien lucir! 
Acaso nunca, nunca la pobre Patria mia 
Los sueños realizados verá del porvenir! 

¿Será que las pasiones en perdurable lucha 
Sus bellas esperanzas en flor agostarán! 
^El Ser omnipotente mis súplicas no escucha 
O manda fecundante rodar el huracán?... 

El jiro seguí siempre de tu carrera inquieta 
Buscándote en los pueblos, querida libertad^ 
Y atravesando siglos la mente de poeta 
Hasgó de lo pasado la densa oscuridad. 

La mano de Dios mismo te colocó en las leyes 
Dictadas en la cumbre del alto Sinaí; 
Mas cuando en vez de jueces el pueblo pidió reyes, 
En vano yo te busco, tú ya no estás allí. 

De Maratón los llanos, los campos de Platef^, 
Te vieron esplendente las filas recorrer: 
La Grecia se alzó tanto durante la pelea 
<^ue el peso de su nombre no pudo sostener. 

jSolon dio ciudadanos a la indolente Atenas, 
Solón les predicaba los dogmas de igualdad: 
Los pueblos se doblaban en tanto a sus cadenas,, 
^Solon no les decia también humanidad! 

*Celosa de sí misma fulmina el ostracismOj, 
La cárcel es el premio del hijo de Cimon, 
Ministra la cicuta su ciego fanatismo, 
y quedan sin sepulcro los huesos de Focion. 



— 29 -^ 

Has lejos, en la orilla del RÍlencioso Eurota» 
Esparta en tu ara pone su acero vencedor; 

Y jimen entre hierros los míseros ilotas 
Sus campos fecundando con llanto de dolor. 

En ose hermoso suelo sembrado de memorias, 
Corrió de las pasiones sangriento el huracán, 

Y en pajinas de crimen escritas con victoria» 
lia libertad en vano los hombres buscarán. 

Allá del ancho Tiber en la desierta orilla 
De Bruto te abre paso la punta del puñal; 
En su mirada altiva tu fuego santo brilla 
Detras de las señales del duelo paternal. 

Alzando la cabeza la poderosa Roma, 
Doblada bajo el peso de la corona ayer, 
Invicta sobre el mundo sus águilas desploma 

Y el mundo entero llora su bárbaro poder, 

Y libres los Romanos, audaces se decian 
Entanto conquistaban esclavos para sí, 
Entanto que los Gracos valientes sucumbian- 
Bajo el puñal patricio por invocarte allí. 

Sentada sobre el mundo, brillante, jigantea^ 
Ceñida de trofeos el tiempo avasalló; 
Mas Roma solo es grande durante la pelea, 
La libertad sus huellas en Roma no estampó. 

De Griegos y Romanos los nombres nos quedaron. 
Que abulta lo remoto de su existir tal vez, 
Las sombras de los siglos su nada nos velaron. 
Su gloria por el prisma pasó de la niñez. 

Oh Libertad! en vano mi corazón te implora, 
Me esfuerzo por hallarte, mis ojos no te ven! 
Mas nó, ya miro leda resplandecer tu aurora 
Sobre un pajizo techo del mísero Belén. 

Jesús para el martirio desde él sale triunfante, 
Sellando con su s?tngre la lei del Sinaí, 
Al hombre la presenta diciéndole adelante! 
No harás lo que no quieras que hicieren para tí. 



— 30 — 

Entonces se convierten los hombres en hermano» 
Unidos por el lazo de santa relijion, 
Entonces el destino descubre sus arcanos, 

Y empieza a realizarse mi espléndida ilusión. 

Mas vano fué tu brillo, la Europa estaba ciega 

Y tu beldad suprema no pudo contemplar; 
Si el homenaje impía de adoración te niega, 
Preciso es una Patria para nacer buscar. 



II. 



América desploma sus rios*como mares, 
Las cumbres de sus montes se ocultan al mortal. 
Sus bosques están llenos de místicos cantares 
Que acaso son el eco del coro celestial. 

América es sin duda la tierra prometida, 
América la vírjen del universo es, 
¡Oh Libertad quién sabe si para darte vida 
La mano de Dios mismo no la formó después! 

Al fin te me presentas, al fin yo puedo verte 
Como eras en mi sueno querida Libertad, 
Al fin yo te contemplo sin miedo de perderte, 
Que adoran ya los j^ueblos tu santa majestad! 

De Washington el brazo te clava en las orillas 
Que abraza el Misisipi entre uno y otro mar, 

Y entonces tan espléndida, con tanto fuego brillas 
Que vas en las Pirámides tu lumbre a reflejar. 

Las ondas se estremecen del impetuoso Plata, 

Y el grito que por ellas vibrando resonó 

Las estendidas playas sacude y se dilata, * 

Y libres en sus playas naciones levantó. 



En vano desplomaba soberbio sobre ellas 
Falanjes y falanjes el déspota español: 
Quedaban de su paso para marcar las huellas,. 
En el camino nuevo que les mostraba un Sol. 



— SI- 
LOS hielos de los Andes cayeron a pedazo» 
Al reflejar en ellos su celestial pendón: 
Naciones al empuje nacieron de sus brazos, 
De la mas bella gloria dignísimo padrón. 

Ah! tú también estabas valiente patria mia 
Siguiendo ese camino sin gloria y sin pendón. 
Tu sable sin embargo manchaba todavía 
La sangre de los hijos intrépidos de Albion. 

Los ecos del desierto tu paso repitieron, 
Tu brazo levantado mostrabas en Maipú, 
Los Andes a tus plantas sus moles dividieron 
Y al pió del Chimborazo también estabas tú. 

No importa, si tu nombre no suena en la victoria, 
Bastante en la pelea, bastante se escuchó, 
No importa, que las pajinas brillantes de tu gloria 
Del Sarandí se estienden hasta el Ituzaingó. 



III. 

Silencio reina solo tristísimo y profundo 
En la distancia hermosa del mar al Uruguai: 
Al triunfo, la agonía siguió del moribundo, 
Al viva del combate de servidumbre el ai! 

No bien el horizonte vaticinó la aurora, 
Las nieblas amagaron de su claror el fin, 
Que reventó talando los campos destructora 
La guerra maldecida, la herencia de Caín. 

Monarca advenedizo lanzóse poderoso 
Clavando en todas partes su lábaro triunfal. 
Yo vengo a dar, dec'm, felicidad, reposo, 
Vuestra miseria cubre mi túnica imperial 

Y revolvió su manto sobre la patria mia 
Que exhausta, de cansancio cayó a su pesadez. 
Imbécil! si pensaste que siempre duraría, 
Los pueblos son esclavos, de niños, una vez. 



— 32 — 

Imbécil! que en herencia con despreciante orgult© 
Cual joya de familia legaste una nación... 
Imbécil! ¿no sentiste eléctrico el murmullo 
Del libre que aprestaba la lanza y el bridón? 

Pasad horas impías, abortos del Destino, 
Pasad! no vengáis ora mi sien a oscurecer. 
Dejadme el rayo bello que rompe diamantino. 
Las ominosas nieblas en el Oriente ver. 

Dejadme ver del Plata la libertad brotando 
Como la Diosa antií^ua bellísima del mar. 
Dejadme ver los tronos atónitos rodando, 
Cuando al poner en tierra su pié la hizo temblar. 

El Plata levantaba sus olas tumultuosas, 

En frájil navecilla la Libertad se vé. 

Las preces en silencio la siguen fervorosas, 

Camina por las aguas, no se hundirá que hai fé. 

Con Víctores el Pueblo la aclama en la ribei*a; 
El brillo de los sables a su esplendente luz 
Kelámpagos semeja que cruzan en la esfera 
De tenebrosa noche rompiéndole el capuz. 

Tiranos, deteneos! probad, probad la suerte! 
Ko pretendáis cobardes sin batallar huir! 
La lucha de los pueblos es una lucha a muertej 
La tiranía impune no quedará a vivir. 

Mirad ese puñado, como decís, de escoria, 
Porque no van dorados el casco y el corcel; 
Las armas de los libros se tiñen con la gloria 
En las sangrientas charcas de orillas de laurel. 

Del rol de las Naciones el Uruguai se horrd 
¿Cómo osa desafiarnos la débil nina asi? ^ 

Yenid! hermoso lhii;o se estiende, donde corre 
Placeres murmurandoos el fresco Sarandí! 

El sol nació! marchaban lejiones y Icjíones 
Con los ensueños ebrias de la victoria ya. 
Se vieron, y al combate lanzaron los bridones... 
¡La hechura do tus manos protejo Jehová! 



— 33 — 

Los libres entre nubes ele polvo y de metralla 
Pelearon a los gritos de Patria j Libertad, 
La música mas grande del dia de batalla, 
Sublime himno de triunfo para la humanidad. 

El Sol se hundió... sus rayos no hallaron un acero 
Donde decir al trono su postrimer adiós: 
De la imperial falanje no revolvió un guerrero 
Para apartar la lanza que lo hostigaba en pos. 

Huyeron, de su paso dejando por despojos 
Eecuerdos en lecciones a la posteridad. 
¿Cobarde fueron ellos?... los enervados ojos 
A sostener no alcanzan del Sol la claridad. 



Oh Patria! si al amago de nueva tiranía 
Sintiese mi entusiasmo, mi fé disminuir, 
Presenta de tus hechos a la memoria mia 
Tan solo ese gran paso que diste al porvenir. 

Preséntame, ya enjuto de esclavitud el llanto, 
Tu faz serena y noble delante del poder. 
Preséntame triunfante... levantaré mi canto 
Y volverá mi pecho de patriotismo a arder!.. 

Huyeron; mas ya tocan el suelo del imperio, 
Sus verdes estandartes refleja Ituzaingó: 
Tened! tened, que es fuerza cumplir el ministerio 
Que al brazo de sus hijos la patria encomendó! 

Los reyes y los pueblos volvieron al combate. 
La lucha fué espantosa, la sangre la empapó. 
Los^ueblos la recuerdan en el laúd del vate, 
Los reyes nunca osaron nombrar Ituzaingó. 

Salud hermanos nuestros, guerreros arjentinos 
Que vuestro nombre disteis en el festin triunfal; 
Mi Patria lo dio al libro que encierra sus destinos: 
La ingratitud no mancha su nombre celestial. 

3 



— 34 



lY. 



Doblados bajo el jugo, los ojos en el suelo 
Durante la ignominia tuvimos que fijar: 
Erguimos ya las frentes, altivos en el cielo 
Podemos enclavarlos y eri su color gozar. 

Podemos a los aires confiar nuestro lamento, 
Cuando el vivir oprima la mano del dolor: 
Podemos con los gritos poblarlos del contento 
Sin atender al muelle descanso de un Señor; 

Dormir en nuestro techo sin que planta profana 
Las penas o placeres sorprenda del hogar, 
Dormir sin el asiduo temor de que mañana 
Vendrán de nuestros labios el pan a arrebatar; 

Vivir en la ventura, tener una esperanza. 
Poder dejar un ósculo en la querida faz. 
Pasaron sí, pasaron las horas de venganza: 
La sangre derramada santificó la paz. 

Hermanos encontramos do vimos enemigos, 
Hermanos que invocaron la libertad también. 
No fueron impasibles de nuestro bien testigos 
E hicieron la corona rodar ya de una sien... 

Mas ai! el horizonte de nuevo se oscurece, 

La tempestad sordísona retumba en el confín; 

Abrasador el viento laureles aridece 

¿Dónde encontrarlos luego de la contienda al fin? 

No sonarán, no, cantos después de la pelea: 
Para el vencido lágrimas, al vencedor cipré; 
Oh Libertad! ante ellos tu pabellón ondea, ^ 
Si todos lo contemplan unidos los veré!... 

Lo mirarán un dia, del cielo los colores. 
El luto deponiendo por siempre han de vestir, 
Y entonces los vestijios que dejen los dolores, 
La senda habrán marcado del grande porvenir. 



— 35 — 

Yo sé que .vendrá un tiempo para la Patria mía 
De paz y de ventura, de gloria y de hermandad. 
Lo espero, sí, lo espero: yo sé que vendrá un día 
Que alumbres todo el mundo brillante Libertad, 

Entonces ¡ai de aquellos que se apellidan reyes! 
Coronas y cabezas en trozos saltarán. 
Entonces ¡ai de aquellos que toquen a tus leyes! 
Escritas en sus cráneos los pueblos las verán. 

Te espero sí, te espero, hoi solo eres la estrella 
Do fija la mirada del universo está. 
Mañana cuando alumbres omnipotente y bella 
Sus alas destructoras el tiempo plegará. 

Juan Carlos Gómez. 



lA LIBERTAD. 



Ceñida de relámpagos 
La tempestuosa frente, 
Derriba los alcázares 
Y, trémula, rujíente, 
Escombros y cadáveres 
Se sienta a contemplar: 
Uevanta, audaz y ar mí jera, 
L/a poderosa clava, 

Y la orgullosa púrpura 
De los tiranos lava, 
De roja sangre cálida 
En un inmenso mar. 

Atenas, noble víctima 
De la ambición, del odio, 
X/a diosa invoca férvida, 

Y el valeroso Harmodio 
Clava un puñal... del déspota 
Dibre a su patria vé. 

Da formidable Némesis 
De Bruto arma la diestra: 
Al dictador sacrilego 
Colérica le muestra... 
Del Tíber la onda rápida 
Murmura: César, fué. 

¡ Encantadora América, • 
Bejion de los aromas, 
Donde susioiran láno-uidas 

J. o 

De Venus las palomas, 

Despierta!... El orbe atónito 

Tu yelmo vea lucir. 

"No mas tus glorias ínclitas 

Ultrajen los tiranos; 

¡Abre- los ojos, míralos! 

Imbéciles enanos 

Son los que ven tus lágrimas 

Con júbilo sui'jir. 



— 37 — 

¿ Qué se hizo la titánica, 
La raza lidiadora, 
Que en las jigantes cúspides 
Del Andes, triunfadora, 
El colombiano lábaro 
De redención clavó? 
¿ Dó los clarines bélicos, 
Los roncos atambores... 

Y donde el son horrísono 
Que en tumbos mujidores, 
Allá en Junin, las águilas 
Iberas ahuyentó? 

Sobre tu blanca túnica, 
Bota por mano impía, 
Tiró su dado pérfido 
La negra tiranía, 

Y se usurpó famélica, 

¡ Oh patria ! tu heredad. 
¿Lloras?... ¡Tu llanto cálido 
Enjuga, vírjen bella ! 
De tu infeliz horóscopo 
La sanguinosa estrella 
Eecobrará su prístina, 
Serena claridad. 

Deja los bosques, ídolo 
Del colombiano suelo; 
Yen, Libertad, seráfico 
Divino don del Cielo! 
Eompe los hierros bárbaros 
Que forja la opresión: 
Mueve tu hueste innúmera. 
Aguija tus bridones; 
Tu aliento como el ábrego 
Sacuda los pendones 
Que encomendaste al Hércules 
Del mundo de Colon. i 

Ya tu celeste oráculo 
Eujir cual trueno escucho: 
*' Con fraternales vínculos 



~ 38 — 

"Los bravos de Ayacuehó 
"Uniéronse; — no el número 
"Los hizo allí vencer: 
" Austera virtud cívica 
" í^utrió sus grandes almas; 
"Así segaron vividas 
" Y triunfadoras palmas, 
" Cuyos marchitos vastagos 
"Aun pueden florecer. 

"¡ TJnion !... y nueva Devora, 
" ¡ O patria agonizante ! 
"Pe la victoria el cántico 
"Entonarás triunfante, 
" Y cual radiosa pléyada 
" Tu gloria brillará. 
"En vividores mármoles 
"Leerá la edad futura 
"Tu portentosa pajina, 
"Tu injénita bravura, 
"Y de tus nobles mártires 
"La suerte envidiará." 

¿ Oís ?... Desde su trípode, 
Ardiendo el ojo en llama, 
Con sorda voz profética 
" ¡ Union ! " la diosa clama, 
Y fulminosas ráfagas 
Ajitan su broquel... 
¡ Encantadora América, 
Bejion de los aromas, 
Donde suspiran lánguidas 
De Yénus las palomas. 
Despierta !... El orbe atónito 
Contempla tu laurel. 

Abigail Lozano. 



EL SOLDADO DE LA LIBERTAD, 



Sobre un caballo brioso 
Camina un joven guerrero 
Cubierto de duro acero, 
Lleno de bélico ardor. 

Lleva la espada en el cinto, 
Lleva en la cuja la lanza, 
Brilla en su faz la esperanza, 
En sus ojos el valor. 

De su diestra el guante quita 

Y el robusto cuello halaga, 

Y la crin que al viento vaga 
De su compañero fiel. 

Al sentirse acariciado 
Por la mano del valiente, 
Ufano alzando la frente 
Relincha el noble corcel. 

Su negro pecho y sus brazos 
De blanca espuma se llenan; 
Sus herraduras resuenan 
Sobre el duro pedernal; 

Y al compás de sus pisadas, 

Y al resonar del acero, 
Alza su voz el guerrero 
Con un acento inmortal. 

Yuela, vuela, corcel mió, 
Denodado; 
^1^0 abatan tu noble brio 
Enemigos escuadrones, 
Que el fuego de los cañones 
Siempre altivo has despreciado; 



— 40 — 

Y mil veces 

Has oido 

Su estallido 

Aterrador, 

Como un canto 

De victoria, 

De la gloria 

Precursor. 
Entre hierros, con oprobio, 
Gocen otros de la paz; 
Yo nó, que busco en la guerra 
La muerte o la libertad. 

El artero cortesano 
La grandeza 
Compre adulando al tirano 

Y doblando la rodilla; 
Mi trotón y pobre silla 
Ko daré por su riqueza; 

Que bien pueden 

Sus salones 

Con canciones 

Eesonar. 

Corcel mió 

Yo prefiero 

Tu altanero 

Relinchar. 
Entre hierros, con oprobio, 
Gocen vergonzosa paz; 
Yo nó, que busco en la guerra 
La muerte o la libertad. 

Yo dejé el paterno asilo 

Delicioso; 
Dejé mi existir tranquilo 
Para ceñirme la espada, 

Y del seno de mi amada 
Supe arrancarme animoso: 

Yí, al dejarla, 
Su tormento: 
¡Qué momento 
De dolor! 



(iñh 



— 41 — 

Yí su llanto 

Y pena impia; 
Fui a la mia 
Superior. 

Otros gocen entre hierros, 
Una vergonzosa paz; 
Yo nó, que busco en la guerra 
La muerte o la libertad. 

Yuela, bruto jeneroso, 

Qae ha llegado 
El momento venturoso 
De mostrar tu ardiente brio, 
Y hollar del tirano impio 
El pendón abominado. 

En su alcázar 

Eelumbrante, 

Arrogante 

Pisarás, 

Y en su pecho 
Con bravura 
Tu herradura 
Estamparás. 

Otros gocen entre hierros, 
Una vergonzosa paz; 
Yo nó, que busco en la guerra 
La muerte o la libertad. 

Así el guerrero cantaba 
Cuando resuena en su oido 
Un lejanOj sordo ruido, 
Como de guerra el fragor. 

«A la lid», el héroe grita, 
En los estribos se afianza, 
Y empuña la dura lanza 
Lleno de insólito ardor. 

En sus ojos y en su frent© 
La luz brilla de la gloria, 
Un presajio de victoria. 
Un rayo de libertad. 



— 42 _. 

Del monte en las quiebras hondas 
Resuena su voz terrible, 
Como el hurapan horrible 
Que anuncia la tempestad. 

Eápido vuela el caballo 
Ya del combate impaciente, 
Mucho mas que el rayo ardiente 
En su carrera veloz. 

Entre una nube de polvo 
Desaparece el guerrero: 
Aun se vé brillar su acero; 
Se oye a lo lejos su voz: 

Gloria, gloria! yo no quiero 
Una vergonzosa paz; 
Busco en medio de la guerra 
La muerte o la libertad. 

Eernando Calderón. 



~o-^^X— o- 



^. !- 1 



EL POETA Y EL PICAFLOR- 



1. 



Picaflor, cuando entregado 
A los rigores del hielo 
De una rama aprisionado 
Paras aterido el vuelo; 
LuQhando con tu martirio, 
Sin fuerza y sin voluntad 
¿Cuál es tu único delirio? 
— Tener campo y libertad. 

II. 

— ^Y cuando la primavera 
Vuelve al suelo su verdor, 
Cuando viste a la pradera 

Y da aromas a la flor, 
Cuando las aves felices 
Ostentan su ajilidad, 
Picaflor ¿a quién bendices? 
— ^A la dulce libertad. 

III. 

— ^ alguna hermosa detiene 
Picaflor tu raudo vuelo 

Y en prisiones te retiene 
Llena de afán y de anhelo; 
Cuando detras de las rejas 
Sufres tu cautividad 

¿Qué es lo que piden tus quejaí 
— Volver a mi libertad. 



— 44 — 

lY. 

— Feliz en el valle ameno 
Volando de flor en flor, 
Te entregas libre y sereno 
A los placeres de amor: 
Si entonces tu voz levantas 
Del bosque en la soledad 
¿Quién te inspira cuando cantas? 
— Me inspira la libertad. 

Y. 

— ¡Cuan lucido es tu plumaje 
Ya verde, ya purpurino 

Y ese vuelo de celaje 

Y eso melodioso trino! 
¿Acaso tus gracias leves 
Te dio una divinidad? 
¿Picaflor a quien las debes? 
1 — Las debo a la libertad. 

YI. 

— Si entregado a una pasión, 
Ardoroso y desdeñado, 
Las rejas de una prisión 
Dieran te a tu objeto amado; 
Si te arrancase ese amor 
De la muerte a la crueldad 
¿Qué elijieses picaflor? 
— ^La muerte y la libertad, 

YIÍ. 

— Aunque es tu vida un suspiro 
Siempre alegre te resbalas 
Cuando entre flores te miro 
Batiendo las sueltas alas: 
Tus horas tan hechiceras 
Llenas de felicidad, 
Dime ¿por quién las perdieras? 
— Solo por la libertad. 



— 45 — 

YIII. 

— ¿Mas bien que por tu existencia 
Por tu libertad procuras? 
— ^Por ella me dan esencia 
Del jardin las flores puras, 
Por ella luzco mis galas 
Y es mucha felicidad 
Soltar al viento las alas 
Gozando de libertad. 

IX. 

— ¡Cuan dichoso me pareces! 
— ^Libre como yo es el hombre. 
— La libertad muchas veces 
Para él es tan solo un nombre. 
Tu y yo que ardientes la amamos, 
Hoi, con mutua voluntad, 
lios dos picaflor hagamos 
Yotos por la libertad. 

EUSEBIO LiLLO. 



-^-^ 



AMERICA. 



Ceñida de jazmín j enredadera 

Y entre viejas montañas escondida, 
Pasa su blanda y perezosa vida 
Una tierra bellísima, iin jardín. 

América unos hombres la llamaron 

Y sus hijos después lo repitieron; 
Sus moradas sobre ella suspendieron 
La sílfide, la fada, el serafín. 

Las auras de sus bosques centenarios 
Mecen los mil jazmines de su frente, 

Y un aroma purísimo, inocente, 
Se desprende al columpio virjinal. 

Ciñen su inmensa frente por diadema 
Ejércitos de palmas címbradoras, 
Altivas y caducas moradoras 
Del desierto y del tórrido arenal. 

Descienden en vistosos torbellinos 
De trasparentes perlas sus cascadas, 

Y bordan las corolas perfumadas 
De la campestre y olvidada fíor. 

Pueblan sus altos robles y sus ceibas 
En bandos pintorescos los turpiales, 

Y ostentan los mitrados cardenales 
La púrpura de Tiro en su color. 

Las deidades del mar visten sus playaí 
De caracoles, conchas y corales, 
Que ostentan sus desiertos arenales 
Como un* cinto de perlas y rubí; 



— 47 — 

Bticáje pintoresco y ondulante 
Con que adorna su vírjen vestidura 
La ea-sta, hermosa, celestial y pura 
Tierra de los ensueños de alhelí. 

IJn cielo azul, benigno, trasparente 
De nubes de oro y nácar tachonado, 
Y sus noches de amor, engalanado 
Con millares de estrellas por do quiér, 

Es el toldo magnífico, esplendente, 
Que con tierna y bellísima sonrisa 
Tiende en las alas de la mansa brisa 
El ánjel de los sueños y el placer. 

Los ojos de sus bellas son de fuego, 
Sus miradas fascinan y enloquecen; 
Descarriados arcánjeles parecen 
Que descendieron en su vuelo aquí. 

Sus morenas mejillas, sus melenas, 
Sus senos voluptuosos, palpitantes, 
Del corazón arrancan delirantes 
Mil suspiros de ardiente frenesí. 



Tus bosques, tus rios, tus limpias cascadas, 
Eternos sus flores, sus aguas te den; 
Tus auras fugaces de aroma cargadas 
Columpien tus palmas con blando vaivén. 

Tu cielo de estrellas, azul, trasparente. 
Derrame su manso fulgor para tí; 

Y rica y altiva, feraz y potente, 

Los soles te alumbren, fantástica hurí. 

Esconda en tus flores sus lágrimas puras 
La candida y tibia mañana de paz, 

Y tienda en tus verdes, feraces llanuras, 
Su velo de rosas liviano y fugaz. 

Arrullen tu casto, mansísimo sueño. 
Del bosque las brisas con dulce rumor, 

Y el canto del ave, silvestre, halagüeño 
Tu paz interrumpa con notas de amor 



— 48 — 

Desciendan en vistosos torbellinos 
De trasparentes perlas tus cascadas, 

Y borden las corolas perfumadas 
De la flor escondida y virjinal. 

Ciñan tu inmensa frente, por diadema, 
Ejércitos de palmas cimbradoras, 
Siempre altivas y eternas moradoras 
Del llano, el bosque, el valle, el arenal. 

Yierta Dios a torrentes en tu suelo, 
Yirtud, saber, prosperidad, bonanza, 

Y el eterno fanal de la esperanza 
Alumbre tu dormir, tu despertar. 

Que el Jenio misterioso de los siglos 
Sobre su inmensa trípode sentado, 
Te augure, con la fé del inspirado, 
Glorias que él mismo no podrá borrar. 

Abigail Lozano. 



-^>— <ii> — ^ 



i COLON. 



Tranquilo sigue el barco su rumbo por los mares; 
La mano del jigante gobierna su timón. 
Los otros echan menos la España y sus hogares; 
Pero sereno mira la inmensidad Colon. 

"Los meses tras los mesesl ¿A dónde te encaminas? 
Los límites del piélago jamás has de encontrar. 
Ahí vuélvenos al menos do nuevo a las colinas, 
A la andaluza playa de bosques de azahar!'^ 

Sus hombres murmuraban, paseaba el ronco viento 
Su pabellón siniestro de nubes sobre el mar; 
Mas nada su coraje turbó, porque un aliento 
Le enviaba de esperanza la América, al llegar. 

Sus lio^ibres murmuraban, rujia el ronco viento; 
Colon, tu comprendias la salvación, no mas. 
Oh di! ¿qué visto entonces cruzar el firmamento? 
¿Bevelacion confusa del porvenir quizás? 

¿Soñaste una epopeya de luz en tu alma ardiente? 
¿Soñaste un mundo nuevo de paz y bendición? 
¿O acaso que al antiguo, tu nuevo continente 
Copiase en sus infamias, servil imitación? 

II. 

Jigante, te temieron! Robaron de tus manos 
La suerte de este mundo que el jénio descubrió. 
Pe impuros fariseos e hipócritas enanos 
Sobre tu pobre América la maldición cayó! 

En pos de las corrientes de bala y de metralla, 
Yenian jesuítas las almas a apagar. 
Así como los cuervos, al campo de batalla 
En negros nubarrones se bajan a cebar. 

4 



— 50 — 

Jja espada convertía naciones en desierto; 
Prendía sus hogueras la santa inquisición 

Y al pié de sus verdugos quedó, cadáver yerto, 
El encantado mundo que descubrió Colon. 

Pero tembló la España, — su tigre dio un quejido 

Y el apagado aliento de América brotó. 
Se oyó de polo a polo crecer sordo ruido 

Y en lo alto de los Andes el trueno reventó. 



III. 



Colon, a tí te invocan! América a caballo! 
'•Que envuelvan tempestades el pabellón del reí; 
Que hiera cada espada lijera como el rayo. 
La muerte en los combates es hoi la única leí. 

Del seno de la tierra lejiones han salido 
A la esplosion sublime de guerra y libertad, 
Como la lava brota de algún volcan prendido, 
Cual baja de los Andes la sorda temj^estad. 

América, a caballol De fuego es su guirnalda; 
El ronco resollido del trueno es su canción. 
Soberbio centellea su manto de esmeralda: 
¿No es digno de tu jénio su despertar. Colon? 

Es aire de volcanes el aire que respiran; 
Se tiñe en Occidente de sangre el arrebol 

Y mueren bendiciendo la patria los que espiran 
Al comenzar el alba, al despuntar el sol. 

Da lucha es espantosa, se arroja a la pelea 
Da América mil veces, mil veces va a caer; 
Hasta que, al fin, triunñinte su pabellón ondea 

Y libertad! repite la inmensidad do quier. 



lY. 



Da América, postrada después de la victoria, 
Su manto que en jirones la iniquidad rompió; 
¿Es esta la esperanza, revelación de gloria, 
Que en estallido inmenso tu corazón soñó? 



— 51 — 

La sangre del hermano, vertida en la batalla; 
Escarnio! sobre el campo de esclavitud, la cruz; 
El signo de los libres perdido en la metralla; 
Un mundo errando a tientas, sin libertad ni luz. 

Eeflejo de la orjía de horror del viejo mundo; 
De escombros apiñados, tristísimo montón; 
La frente de tu América que cubre lodo inmundo... 
¿Te reveló esa imájen el porvenir, Colon? 

Colon, no es este el mundo que un nuevo Prometeo 
Del seno de las olas del Occidente alzó. 
Las sombras en los cielos amontonarse veo 
Y no descubro un rayo que las alumbre, nó! 

Los hombres de la gloria jamas, jamas pensaron 
Cargar tu bella América con tan pesada cruz. 
ISTo es este el paraíso que conquistar soñaron 
Los que gritaron — guerra! los que pidieron — luz! 

y. 

Tus hombres murmuraban, rujia el ronoo viento, 
Se amontonaban olas en negra confusión, 
Quizás porque traia de América el lamento 
Al murmurar tu nombre en su dolor. Colon I 

Oh di ¿por qué no csplicas al fin ese misterio 
Que en el momento aciago se revelara a tí? 
¿Por qué no has levantado de encima tu hemisferio 
El peso de tres siglos que nos abruma así? 

Colon!, si tú me escuchas; Colon, si tú comprendes 
Cual hierve mi entusiasmo, cuan hondo es mi dolor; 
¿Por qué la clara antorcha de libertad no enciendes, 
Que inunde el firmamento de luz y de esplendor? 

Colon, en tí confio. Yo siento tu pupila 
Sobre tu mundo rayos verter de bendición, 

Y así, se lanza el alma al porvenir tranquila 

Y tiembla inquebrantable de ardor, el corazón! 

Isidoro Errázuetz. 



-o-^|v-o- 



LAS DOS AMERICAS. 



-í*. 



Eica, potente, altiva y venturosa 
Se levanta de América en el ís"orte 
Una nación sin reyes y sin corte, 
De sí señora — esclava de la lei; 
Débil ayer, escasa de habitantes. 
Al ver que Albion su libertad robaba 
¡Atrás! gritó: la servidumbre acaba, 
Porque hoi un pueblo se proclama rei. 

Y aprestada a la lid, con faz serena, 
A luchar se lanzó; lidió valiente; 
Triunfo do quiera; libre, independiente, 
Hepública al instante apellidó: 

Y ese pueblo tan fiero en el combate, 
Prudente se mostró tras la victoria, 

Y su primera pajina de gloria 
Fué que en el orden Libertad basó. 

Su lei primera hallóse defectuosa, 
Porque imposible la existencia hacia 
Del gobierno — ya asoma la anarquia. 
Gritaron los patriotas sin cesar; 
Las plazas colma el pueblo soberano, 

Y otra constitución prudente vota: 
,Asi la nave que el turbión azota. 

Esperto capitán logra salvar. 

11. 

Vastagos de esos hombres valerosos 
Que la tierra de Europa abandonaron. 
Porque en sus playas libertad no hallaron 
Para elevar altares a su Dios; 



— 53 — 

Que atravesando los airados mares 
De la vírjen América en la orilla 
Sembraron del derecho la semilla, 
Que ricos frutos produjera en pos. 

Washington, Caroll, Hamilton y Franklin, 
Nietos de esos varones venerables, 
Libertad sobre bases perdurables 
Quisieron en su patria cimentar; 
Amantes del Deber y la Justicia, 
Alzaron del Derecho la bandera: 
Santa Eevolucion! Fué la primera 
Que llamaron los pueblos a reinar. 

Sin era de terror — sin proscripciones 
Las leyes de Moral siempre observadas. 
De América en las tierras dilatadas 
Se alzó del libre el ancho pabellón. 
Las leyes de ese pueblo fueron sabias: 
Libertad joara si — con los estraños 
Paz y amistad; asi tras pocos años 
Potente y rica se mostró la Union. 

III. 

En tanto que del ^N'orte en las riberas 
La lei de Cristo por do quier triunfaba. 
Allá en el Sur la América soñaba 
De libertad un bello porvenir. 
Sonó la hora. Bravos se lanzaron 
A lidiar por su patria los guerreros; 
Del Plata al Orinoco los aceros 
De mil valientes viéronse blandir. 

Y lucharon constantes. Los reveses 
Su valor aumentaban, su enerjia: 
El dios de las batallas prometía 
A esfuerzos tan heroicos, galardón. 
Y eran pocos y escasos de recursos; 
Lidiaban con soldados aguerridos; 
Mas ora vencedores, ya vencidos, 
Jamas desfalleció su corazón. 



— 54 — 

Mil triunfos sus proezas coronando, 
Los Andes aclamaron sus victorias; 
Ante el mundo la América con glorias 
Mostróse libre, independiente al fin. 
El Plata vio las huestes triunfadoras, 
Por do quiera escuchóse con arrobo 
La historia de Maipú, de Carabobo, 
De Boyacd, Pichincha j de Junin. 

José María Torres Caicedo. 



-o-^i^-o- 



LA rXIOX AMERICANA. 



Las pajinas oscuras del libro del pasado, 
Del siglo en los anales borrándose ya van; 
El grito del progreso los pueblos han alzado 

Y entonan himnos puros de amor y libertad. 

Los mártires que fueron nos gritan ¡adelantel 
Su sangre fué el bautismo de santa redención: 
El tiempo que camina con paso de jigante 
Nos viene desplegando de luz un pabellón. 

Kompiendo las tinieblas del torpe fanatismo 
Los pueblos alumbrados comienzan a vivir; 

Y al rayo que les trae la fé del patriotismo 
Abrírseles parece grandioso porvenir. 

La gloria ha iluminado del pueblo la conciencia 

Y henchido de entusiasmo palpita el corazón; 
América oprimida renace a la existencia, 
América la vírjen, de libres es nación. 

La idea es una sola, solo haya una bandera, 
Idea de progreso, bandera de igualdad: 
Que sea el despotismo la víctima primera 
Que inmole en sus altares la santa libertad. 

Los pechos inflamando la idea triunfadora, 
Encienda en los espíritus el fuego del valor; 

Y noble, fuerte, grande, fecunda y creadora, 
[Renazca de sí propia la tierra de Colon. 

Que formen nuestros pueblos un pueblo americano. 

Eterno por las leyes, robusto por la unión; 

Su brazo con su sangre le ofrezca el ciudadano 

Y ofrezcan los gobiernos justicia y protección. 



— se- 
cón santos juramentos afírmese la alianza, 
En ella confundidos el norte con el sud, 

Y ofrézcanle radiante de amor y de esperanza, 
Su luz la intelijencia, su fé la juventud. • 

Y tiemblen los tiranos de Europa la guerrera 
Al vernos agrupados en torno a un pabellón! 
La idea es una sola, solo haya una bandera, 

No haya Andes, no haya Istmo, solo haya una nación! 

Luis Eodriguez Yelasco. 



m—^ 



A LA AMERICA. 



SONETO. 



Cual flecha por el arco despedida 
Cruza el potro feroz anchas llanuras 

Y amarrado con fuertes ligaduras 
En sus hombros Mazzepa da la vida. 

Mas de repente, como el ave herida, 
La bestia cae sobre las breñas duras 
y libre de sus recias ataduras 
Mazzepa se alza con la sien ceñida. 

Así América jime entre cordeles 
Al rudo potro colonial atada, 
Seguida por jauría de lebreles; 

Y exánime y sangrienta y lacerada 
Corre, cae, se levanta, y de laureles 
Besplandece su frente coronada. 

Bartolomé Mitre, 



-o--<ü)^-o- 



A lA UNION AMERICANA. 



COEO. 



Saludando de Julio el gran día, 
Que es del pueblo paceño el blasón, 
Celebremos, con grata armonía, 
De los pueblos hermanos la unión. 



I. 



La Paz, que en este dia 
Se ostenta siempre ufana, 
La Union Americana 
Proclama con fervor; 
Patriótica armonia 
De pueblos cuya historia 
Ligada está en la gloria 
De su ínclito valor. . 

11. 

Los timbres de su fama 
La América en un templo 
Conserva como ejemplo 
De honor y de virtud; 
Y al fuego que la inflama 
Su suelo viendo hollado, 
Se inspira en el pasado 
Su heroica juventud. 



59 — 



III 



Titánicos guerreros, 
Del cielo, como gracia, 
La invicta democracia 
Kos dieron por pendón: 
Si alguno hollar sus fueros 
Intenta en lo futuro, 
Será de bronce un muro 
De América la Union. 

lY. 

De América el destino 
Bendiga siempre el cielo. 
Que aquí en su noble suelo 
ííació la libertad: 
Su cetro diamantino, 
Eadiante en nuestras zonas, 
Deslumbre a las coronas 
Que odiaron la igualdad. 



De unión la santa enseña 
De hoi mas el Continente 
Coloque allá en la frente 
Del Andes colosal; 
Y admire quien hoi sueña 
Tenernos por esclavos, 
De libres y de bravos 
La historia ya inmortal. 

Ricardo J. Bustamante. 



-^-^^->- 



A LA UNIOy AMERICANA. 



SONETO. 



Vnion! sagrada Union! lazo divino, 
Que con firme lealtad y confianza 
Tejen la libertad y la esperanza 
Para fijar de América el destino. 

Cual sierpe que se enrosca en alto pino, 
La europea ambición hoi se avalanza 
A cerrar con su orgullo y su pujanza 
De tanta gloria el fúljido camino. 

Mas dice la verdad con voz sonora 
Al mundo de Colon: "alza la frente! 
"Tu astro miro brillar en feliz hora: 

''Serás grande, feliz, omnipotente^ 
''Unido! el noble fuego que te inñama 
"Al sacrificio! y al deber te llama!'' 

Mercedes Marín de Solar. 



-^m-^ 



A WASHIJíOTOJí. 



Primero en paz y en guerra, 
Primero en el afecto de tu Patria 

Y en la veneración del universo, 
Yiva imájen de Dios sobre la tierra, 
Libertador, lejislador y justo, 
Washington inmortal, 03'C benigno 
El débil canto, de tu gloria indigno, 

Con que voi a ensalzar tu nombre augusto. 

¿Te pintaré indignado 
A la voz de la Patria dolorida 
Yolar al arduo campo de la gloria, 

Y como Marte en el Olimpo armado 
A la suerte mandar j a la victoria? 
Magnánimo apareces; 

Eíndese Boston y respira libre. 
Vanamente el tirano 
Cuarenta mil esclavos lanza fiero 
Para estirpar el nombre americano. 
Tú, sin baldón, al número cediste, 

Y acallando el espíritu guerrero, 
A tu gloria la patria preferiste. 
Así del pueblo eterno los caudillos 
Al vencedor Aníbal contemplaron 
Con inmutable frente, 

Y la invasión rujíente 

A la púnica playa rechazaron. 

Mas luego, en noche de feliz memoria, 
Del Delaware el vacilante hielo 
Ofreció a tu valor y patrio celo 
El crimino del triunfo y de la gloria. 
La soberbia británica humillada 



— 62 — 

Es por último en York, y su caudillo 

Einde a tus pies la poderosa espada. 

El universo atónito saluda 

A la triunfante América, y te adora, 

Mientras que la metrópoli sañuda 

Tu gloria bella y su baldón devora. 

Mas cuando por la paz inútil viste 

De libertad la espada en tu alta mano,. 

El poder soberano 

Como insufrible carga depusiste. 

Alzado a la primer majistratura, 
De tu patria la suerte coronaste, 

Y en cimientos eternos afirmaste 
La paz, la libertad sublime y pura. 
De años y gloria y de virtud cargado, 
Con mano vencedora 

Eejir te vieron el humilde arado. 
Con Sócrates divino te asentaste 
De la fama en el templo, 

Y a la virtud, con inmortal ejemplo, 
La fé del universo conservaste. 

Cuando en noble retiro. 
De oro y de crimen y ambición ajeno, 
Tu espléndida carrera coronabas, 
En este bello asilo respirabas 
Pobre, modesto, y entre libres libre. 
¡Oh! Potomac! del orgulloso Tibre 
No envidies, no, la delincuente gloria, 
Que no recuerda un héroe como el tuyo 
Del orbe todo la sangrienta historia. 

Por la Francia feroz amenazada 
Vuelve a la Patria del peligro el dia, 

Y en unánime voto al héroe fia 
De libertad y América la espada. 
Los rayos de la gloria 

Yuelven a ornar su venerable frente.... 
Mas ¡ai! despareció, volando al cielo, 
Como de nubes en brillante velo 
Hunde el sol su cabeza en occidente;» 



— 63 — 

Oh Washington! Protejen tu sepulcro 
Las copas de los árboles ancianos 
Que plantaron tus manos, 
Y lo cubre la bóveda celeste. 
Aun el aire que en torno se respira, 
JEl que tú respirabas, 
¡Paz y santa virtud al pecho inspira. 
En la tumba modesta. 
Que guarda tus cenizas por tesoro, 
Ni luce el mármol ni centella el oro, 
Ni entallado laurel ni palmas veo. 
Para qué, si es un mundo 
A tu gloria inmortal digno trofeo! 
Con estupor profundo 
Por tu jenio creador lo miro alzado 
Hasta la cumbre de moral grandeza; 
Potente y con virtud, libre y tranquillo, 
Esclavo de las leyes. 
Peí universo asilo. 
Asombro de naciones y de reyes. 

José María Heredia. 



A WASHIJÍGTOÍÍ. 



SONETO. 



íío en lo pasado a tu virtud modelo, 
Xi copia al porvenir dará la historia, 
Ni el laurel inmortal de tu victoria 
Marchitarán los sie-los en su vuelo. 



'to" 



Si con rasgos de sangre guarda el suelo 
Del coloso del Sena la memoria, 
Cual astro puro brillará tu gloria 
Nunca empañada por oscuro velo. 

Mientras la fama las virtudes cuente 
Del héroe ilustre que cadenas lima 
Y a la cerviz de los tiranos doma, 

Alza gozosa, América, tu frente, 
Que al Cincinato que formó tu clima 
Le admira el mundo, y te lo envidia Eoma. 

Jertrudis G. Avellaneda. 



Y^^^-f^^^^^-^ 



A WASnUGTOy. 



SONETO. 



¡ Jénio de libertad! en paz y guerra 
Tipo del mas sublime patriotismo, 
Que el poder recibiste de Dios mismo 
De crear un edén sobre la tierra. 

¡Washington sin igual! tu gloria encierra 
La bondad, la virtud, el hcroismo; 

Y por tí confundida al hondo abismo 

La opresión Imye, que tu nombre aterra. 

Mas -qué veo! tu sombra, conturbada 
Al ramor de la guerra fratricida, 
Lanza sobre la patria una mirada. 

Y con voz poderosa y conmovida: 

" ; Union (dice) los hombres son hernianoSj 
También acá en el cielo hai africanos!'* 

Mercedes Marín de Solar. 



^-^i 



A bolívar. 



¿Qué grito de victoria, qué estrepitoso acento 
Cual música del cielo se escucha resonar? 
¿Qué voces, qué alaridos, estremeciendo el viento 
En mezcla sonorosa retumban sin cesar? 

En vez de amedrentarme este potente grito, 
Este himno de batalla que suena por do quier, 
Me encanta cual los ecos de un cántico bendito 

Y su hórrido estampido me exalta de placer. 

Los tonos majestuosos de la sonora trompa, 
Ea caja, los timbales, las armas, el pendón, 
El fausto, los trofeos de la guerrera pompa, 
Me alientan, mil encantos llevando al corazón. 

Los ecos de la tierra oyendo alborozados, 
El colosal rujido en su honda soledad, 
Al ruido de las turbas responden encantados, 

Y al grito de victoria repiten: Libcrtad!- 

¿Qué cantos de alegría, qué delicioso acento, 
Cual música del cielo se escucha resonar? 
¿Qué gratas armonias ostrer!iceier.do el viento 
Cual arpa melodiosa retumban sin cesar? 

¿Quién es? ¡oh Musal indómito el guerrero 
Que como el rayo entre la nube espesa. 
De triunfo en triunfo intrépido atraviesa 
La selva, el llano, el risco aterrador? 
¿Quién escala ios Andes empinados 
Como ahida deidad que sube al cielo, 
Y íija altivo en la rcjion del hielo 
Su pabellón triunfante y redentor? 



— 67 — 

¿Quién estampa en las cumbres diamantinas 
Jamas holladas, los heroicos rastros, 

Y toca, audaz, los rutilantes astros 
Envuelto de Iris en el manto azul? 
¿Quiéa vecino del sol, a tal altura, 

Y el pecho henchido de un delirio santo 
Alza de Libertad sonoro el canto 

Pe helada nube entre el espeso tulr* 

Dime! oh Musa! ¿quién es? 'No es Alejandro: 
El no fundó sus inmortales glorias 
En el honor de estériles victorias, 
Ni sangre inútil derramó al pasar. 
No es la jigante roca desprendida 
Que asorda con su estruendo la montaña, 

Y aplastando al pastor y la cabana 
Se precipita en el profundo mar, 

No es César. Lleno de celeste fuego 
Jamas holló frenético las leyes: 
Enemigo implacable de los reyes 
Su poder formidable no usurpó. 
No es el reprobo audaz que el templo hermoso 
De Libertad minando hasta el cimiento. 
En vez de un Lios, a un ídolo sangriento 
Adoración y altares consagró. 

No es Napoleón. Cual colosal estatua. 
No alza hasta el cielo la cabeza altiva, 
En tanto cjue a sus pies jime cautiva 
Y entre dorados hierros la Nación. 
No es el ancho palacio que se incendia, 
Cuyos pórticos bellos, cincelados, 
Del hacha al golpe, ruedan desplomados 
Aumentando el estrago y confusión. 

¿Quién es entonces? Su misión sagrada 
Fué la tierra purgar de sus tiranos: 
De la ambición los lauros inhumanos 
Su heióico corazón vio con desden; 



— 68 — 

Y este entusiasmo ardiente que le enciende, 

Y ese instinto de guerra que le inflama, 
ISTo es de una gloria eñmera la llama. 
Es de la Patria el soberano bien. 

El resplandor celeste de su espada 
Como un ra^'o benéfico del dia, 
Easga la nube lóbrega y sombría 
Que a la vírjen América eclipsó. 
Huye a su luz la triste servidumbre, 
Y. el esqueleto vil del despotismo 
En las hondas cavernas del abismo 
Convulso y paru siempre se lanzó. 

¡Jenio feliz, meteoro deslumbrante 
Que rápido surcó la vasta esfera! 
Eastros de luz marcaron su carrera 
Toda de bien, de amor, de libertad. 
Fué cual la tempestad que el aire manso 
De sus funestos hálitos depura, 
Que ruje en hondo son, luce, fulgura, 

Y deja en pos pureza y claridad. 

Asi cuando el ambiento está cargado 
De impuros, de mefíticos vapores, 
Eecoje el sol sus bellos resplandores 
Y' su broche jentil cierra la flor; 
Dobla la espiga el vastago marchito, 
Enmudecen las auras fnjitivas, 

Y sus notas brillantes y festivas 
Interrumpe asustado el ruiseñor. 

El cielo se oscurece lentamente. 
El mundo calla de terrores lleno; 
vSolo el acento lúgubre del trueno 
Se oye en la negra esfera rctum.bar. 
Revienta el rayo al fin, rasga la nube, , 
lionco el turbión en remolino crece, 

Y la celeste bóveda parece 

De lava y sangre un espantoso mar. 



— C9 — 

Mas el Iris benéfico íiparece, 

Y la niebla que flota al horizonte, 
Prende en las faldas del lejano monte 
Su gasa trasparente y virjinal: 
Levanta el tallo la marchita espiga, 
Abr.en sus tiernos cálices las ñores. 
Canta de nuevo el ave sus amores 

Y alza la tierra su himno universal. 



;» 



Yen, Musa divinal del jénio santo 

Que trajo tanto bien, revela el nombre, 

Y pagaré con mi discorde canto 
Un humilde tributo a su renombre! 

Que quien la gloria admira refiiljente 
De su vida fecunda y portentosa, 
A la inmensa corona de su frenjte 
Pueda añadir efímera una rosa. 

Yen, ¡oh Musa! y refiéreme la historia 
Del adalid, del ínclito guerrero, 
Que supo recorrer con tanta gloria 
De la fama el magnífico sendero. 

Ya llegas.... ya tu fuego misterioso, 
Ya tu impresión, ya tus influjos siento 
En el delirio de mi pecho ansioso 

Y en el soplo aromado de tu aliento. 

Tu mano delicada, encantadora. 
Sobre las cuerdas pon de la arpa mia. 
Para que a su contacto, sonadora, 
Hechice el corazón con armonía. 

¿Mas que estrafío pesar cubre tu frente? 
Tu labio puro y virjinal suspira, 

Y de fúnebre gasa trasparente 
Yelas la dulce, la sonante lira. 



■ — 70 — 
¿Qué causa tu dolor? No te comprendo. 
Consternada me miras y llorosa; 
En lugar de cantar estás jimiendo 

Y una mano me tiendes temblorosa. 

La mia te entrego... Tu contacto frió 
En vez de darme inspiración me yela, ' 

Y ese silencio fúnebre y sombrío 
Un infortunio ¡oh Musa! me revela. 

¿Me ordenas que te siga? ¿Por qué exhalas 
Suspiro^ dolorosos? Ya te sigo; 
Iré bajcf J^a sombra de tus alas, 
Bajo la éjida de tu rastro amigo. 

Me inspirarás do quiera tus conciertos, 

Y yendo en pos de tu visión lucida 
'No temeré perderme en los desiertos 
De una enfadosa y solitaria vida. 

Mas ¡ai! ¿adonde vas? A cada paso 
Que incierto muevo, mi embarazo aumenta 

Y luce el sol con brillo mas escaso, 

Y una sombra me sigue macilenta. 

Oigo a veces dulcísimo un sonido 
De arpa sonora que estremece el viento; 
Otras de un hondo y lúgubre jemido 
El doloroso y solitario acento. 

Si es ilusión no sé; pero yo ignoro 
Si estas sombras fantásticas que miro, 
Si este que escuclio lamentable lloro 
Es pura realidad, o si deliro. 

Avanzo mas y cesan los jemidos: 
Solo las sombras y la noche crecen: 
Estínguense los ayes comprimidos 

Y las últimas luces desparecen. 

En medio de esta noche tenebrosa 
Descubro un monumento funerario 

Y una lámpara alumbra misteriosa 
Do la muerte el imperio solitario. 



Al santuario, confuso, me adelanto.... 
Todo es descanso aquí, calma, secreto, 
Silencio, soledad, reposo santo; 
Solo mi corazón palpita inquieto. 

De mis pasos al ruido prolongado 
Que la sonora cúpula repite, 
Yuelvo el rostro, temiendo horrorizado 
Que la sagrada sombra no se irrite. 

Lugar solemne de misterio y calma, 
Mansión de paz y de recojimiento, 
Donde libre del mundo encuentra el alma 
De su inmortalidad el sentimiento. 

¡Oh Musa! por tu lira melodiosa, 
Por tu visión anjelical y pura, 
Dime el nombre del jénio que reposa 
Bn el silencio de esta tumba oscura. 

Y correré a besar entusiasmado 
De tu flotante ropa el blanco lino 

Y en tu alabanza entonaré inspirado 
Plácido un canto en amoroso trino. 

Mas tú te cubres los cansados ojos, 
Hondo suspiro de dolor exhalas, 

Y la piedra que encierra los despojos 
Con mano falleciente me señalas. 

Levanta pues la gasa trasparente 
Que la lápida vela misteriosa: 
Solo tu mano, candida, inocente, 
Podrá tocar la sacrosanta losa. 

Por mí no temas, la inscripción descubre 
Que yo la copa apuraré de acíbar: 
El velo caiga que la losa encubre. 
Aliento corazón!.... Leeré.... ¡¡Bolívar!!! 

José Antonio Maitin. 



BOLIVAE EN CARACAS. 



Bajo este cielo azul nací yo al mundo; 
Arrullóme en su seno una Deidad, 
Bella, radiante como el sol fecundo, 
Llamada por los hombres libertad. 

Mas que rei me sentí cuando a mi brazo 
Ella confió su espada y su pendón: 

Y al lUampu, lUimani y Chimborazo 
Trepé lidiando por domar un león. 

Siendo mortal, fui grande entre los grandes; 
El orbe me aclamó Libertador; 

Y el inca rei en los soberbios Andes 
Celebró de mi espada el esplendor. 

La aureola del martirio ¡duso el hombre 
Por premio un dia en mi rugada sien; 
Mas la Hija hermosa que heredó mi nombre 
Cual hoi entonces me lloró también. 

Si la luz de la vida es transitoria, 
Si la mia apagó la eternidad, 
Siempre cual lampo brillará mi gloria 
Entre las sombras de remota edad. 

Ricardo J. Bustamante. 



A bolívar. 



SONETO. 



¡Bolívar inmortal! nombre eminente, 
Joya de los anales de la historia, 
Tú a quien la libertad y la victoria 
Ciñeron de laurel la noble frente. 

Sus trofeos te incline reverente 
El capitán del siglo: es polvo, escoria, 
Palma que hace brotar la estéril gloria 
De hacerse por la sangre prepotente. 

Pe América rompiste la cadena, 

Y el hispánico orgullo sepultado 

De Ayacucho quedó en la roja arena. 

Tú nombre el orbe pronunció admirado, 

Y al herirte la envidia, mui mas bella, 
De tu fama irradió la blanca estrella. 

Mercedes Marín de Solar. 



-o^f^-<^ 



A SAN MARTIN. 



I. 



En la enramada nmbria 
Dó anida la paloma, 
Dudosa todavía 
Apena el alba asoma 
Easgándole al crespúsculo 
Su fúnebre cendal; 

Mas ya en la andina cumbre 
El ofuscante disco 
Del sol vertió su lumbre, 
Dorando el alto risco 
Dó asienta sus alcázares 
El águila real. 

II. 

¡Oh San Martin! tu fuiste 
Esa águila altanera, 
Tú, de la cima viste 
La irradiación primera 
Del luminar incógnito 
Que a Chile iba a alumbrar, 

Cuando la patria rotas 
Miraba sus lej iones. 
En pálidas derrotas 
Diezmados sus campeones, 
Hermosa JS^iobe exánime, 
Sus hijos inmolar. 



— 7£) — 



III. 



A4 resplandor fecunda 
De aquella luz naciente 
La redención del mundo 
Yió jerminar tu mente, 
Y en tu severo espíritu 
Una sonrisa abrió. 

Es que a tu larga espera 
Llegaba fin: la gloria 
Bajando de la esfera, 
De Dios y la victoria 
Las imperiosas órdenes 
Al oido te dio. 



' Oístelas, y al cielo 
Tendiendo inmensas alas, 
En impetuoso vuelo 
La nivea mole escalas, 
Guarida del relámpago, 
Del rayo torreón; 

Y como alud injente, 
Lanzado de sus crestas, 
De la enemiga jente 
Arrollas las enhiestas 
Barreras y su ejército 
En pávido turbión. 



Y. 

Tras fujitivo escampo, 
De nuevo la batalla 
En deslumbrante lampo 
De ardiente plomo estalla. 
En angustioso estrépito, 
En ronco clamorear; 



— 76 — 

Y el león, de nuevo herido, 
En fuga pavorosa 
Exhala hondo jemido, 
Al par que sonorosa 
Diana de triunfo y júbilo 
Tu campo oye tocar. 



VI. 



Al humo del combate 
Sucede paz y aurora; 
Al fulminar que abate 
Eayo que espigas dora; 
Los himnos de las vírjenes 
Al eco del cañón; 

Y en medio del asombro 
De un pueblo alborozado, 
Sobre el humeante escombro, 
De oprobio derribado, 
Te vé la tierra atónita 
Alzar una nación. 



VII. 



Una nación no alcanza 
A contentar tu anhelo: 
Magnífica esperanza 
Te empuja a nuevo cielo, 
Y en alas del océano 
Te lanzas al Perú. 

La ensangrentada herencia 
Del Inca, 3^a el' Hispano, 
Turbado a tu presencia, 
Besigna. ... ¡y el Peruano 
Brillar contempla súbito 
El gran sol de Maipúl 



yiii. 

Arcánjel del destino, 
Moisés de dos naciones, 
Providencial camino 
Mostraste a sus 1 ejiones 
Para llegar al plácido 
Pais de promisión, 

Bó el hombre es ciudadano, 
El trabajar nobleza. 
La lei el soberano, 
Derecho fortaleza, 
Y el progresar sin límites 
Perenne creación; 



IX. 

■ Mas solo del altura, 
La tierra prometida. 
Sus fuentes de frescura, 
Su eterna edad florida, 
Sus perfumados cármenes 
Quisiste divisar. 

Y al dar adiós postrero 
Al teatro de tu gloria, 
De tu pasado entero 
Al recordar la historia, 
Muda, candente lágrima 
Tu faz vino a surcar. 



X. 

La mentirosa ífalma 
De alto designio oculto, 
De su triunfar la palma, 
.De dos pueblos el culto. 
De una ambición de púrpura 
Tal vez breve arrebol 



— 78 — 

Becordaste, y las ruinas 
De tu violento paso, 
Las de calumnia espinas 
Punzándote en ocaso, 
Tus faltas?. . . .Sí, tuyístelas 
Cual manchas tiene el sol. 

IX. 

El ánjel que fiel vela 
Junto al deber cumplido, 
Que calma y que consuela 
Al héroe entristecido, 
8u misterioso bálsamo 
Entonces te ofreció; 

Y confortado el pecho, 
La conciencia serena, 
Desde modesto techo, 
Sin susto cruel ni pena, 
Tu grande, augusto espíritu 
Al cielo se encumbró. 

D0311NG0 Arteaga Alemparte. 



HIMXO A SAN MARTIN. 



(Música de J. Zapiola.) 



COEO. 

DEL ANDES EN LA CUMBRE 
TU GLORIA ESCRITA ESTÁ. 
MIENTRAS EL SOL ALUMBRE 
TU NOMBRE VIVIRÁ. 

Yen cides de líi suerte 
Por el injusto fallo 

Y afrontando la muerte, 
¡Oh Libertad! por tí, 
Después de larga guerra, 
Los héroes de Eancagua 
La dulce, amada tierra 
Dejaron tras de sí. 

De los Andes altivos 
En la Oriental vertiente 
Hallaron fujitivos 
Grata hospitalidad; 

Y bajo el claro cielo 
De Cu^^o, reavivaron 
El santo y puro anhelo 
De patria y libertad. 

Contigo, los que huyeron 
De la sangrienta rota. 
Para vencer volvieron, 
Heroico San Martin. 
A tan gloriosa empresa 
Tu espada y nombre diste; 

Y de la patria opresa 
Te alzaste el j)aladin. 



— 80 — 

Los fieros español os 
Seguros se juzgaban 
Tras de las altas moles 
Del Andes protector: 
Sus ventisqueros fríos 
Hollaste con las alas 
Del jenio y con los bríos 
De indómito valor. 

Las ríjidas alturas 
Pisó tu altiva hueste, 
Bajando a las llanuras 
Impávida y audaz. 

Y los tercios de España, 
Aunque bravos, se vieron 
Hotos cual frájil caña, 
Después de lid tenaz. 

La libertad llevando 
Tus huestes triunfadoras, 
Cruzaron, ostentando 
Virtudes y valor. 
Cuál rápido torrente, 
Desde el Arauco indómito 
Hasta la zona arcMente 
Del cálido Ecuador. 

El pueblo ag]adecido 
Hecuerda tus hazañas; 
Tu nombre en el olvido 
Jamás se esconderá. 
Tu i majen la memoria 
Kos trac de heroicos hechos, 

Y dio-nos de esa "-loria 
Por siempre nos verá. 

EUSEBIO LiLLO 



IJX VIEJO SOLDADO DE L\ PATRIA' 

AL PIE DE LA ESTATUA DE SAX MARTIN. 



¡Soi yo, mi jeneral! Yiejo soldado, 
Iba a dormir mi sueño postrimero, 
Cuando de nuevo al mundo me han llamado 

Los fuertes ecos del elarin guerrero. 

Es ilusión talvez que se me ofrece; 
Pero en el nuevo ardor con que batallo, 
Yo creo que esta base se estremece 
Y que relinclia ardiente ese caballo. 

Soi un recuerdo oscurecido, apenas, 
De aquellos tiempos de combate j gloria. 
Cuando el triste crujir de las cadenas 
Apagó los cantares de victoria. 

Al acercarme al pié del monumento 
Que tiene vuestra gloria eternizada, 
Yiejo y enfermo, jeneral, 3^0 siento 
En mis venas hervir la sangro helada. 

Y vienen a golpear sobre mi frente 
Los gloriosos recuerdos del pasado, 
Reviviendo en mi pecho mas ardiente » 
Mi dormido entusiasmo de soldado. 

Yo en vuestra mano vi la enseña santa 
Tremolar sobre el Andes arroo-ante, 
Cuando jigante alzasteis vuestra planta 
En la cumbre inmortal de otro jigante. 

6' 



— 82 — 

Y al victorioso ondear de esa bandera, 
Amontonando hazaña sobre hazaña, 
Yolver liicimos la sangrienta fiera 
A la guarida de su vieja España. 

Por todas partes al león vencimos; 
Eompieron sus cadenas los esclavos, 

Y libertad a nuestra patria dimos 
Sellada con la sangre de sus bravos. 

Ahora vuelve ese león vencido 
Cayendo inmme sobre un pueblo hermano; 
Yo desde lejos conocí el rujido 

Y aquí está, jeneral, el veterano. 



II. 



Ií"uestros padres ilustres ya murieron; 
Mas no murió su espíritu inmortal: 
Del ejemplo de honor que ellos nos dieron 
lían nacido mil héroes, jeneraL 

Hoi el antiguo ardor ha renacido, 
Hoi cada ciudadano es un campeón, 

Y como entonces, hoi será vencido 
El insolente ibero pabellón. 

líoi anima a los pueblos la memoria 
De aquella grande y jenerosa edad. 
jAdelante, soldados de la gloria, 
Nuevos laureles a la patria dad! 

Guerra! resuene por los aires ¡guerra! 
Guerra y venganza al bárbaro español! 
Elene ese grito nuestra inmensa tierra, 
Yaya ese grito a estremecer el sol! 

Yenga de España la triunfal corona, 
Yenga y Chile otra vez la hará caer; 

Y oirá qué cantos de victoria entona, 
Porque nunca aprendió mas que a vencer. 



¿Piensa acaso mirarlo amedrentado 



Pe los combates el estruendo huir? 
¿Piensa verle rendido acobardado 
La vida a gritos por favor pedir? 



'Nó ¡vive Dios! del suelo donde pisa 
IliTunca jamás un palmo cederá; 
Que vencer o morir es su divisa 

Y a vencer o morir combatirá. 

Los padres de la patria, de su' tumba 
Le nuevo a defenderla se alzarán, 

Y por cada guerrero que sucumba 
Le su sangre otros mil renacerán. 

IIL 

¿Por qué otra vez sus huestes desleales, 
Mueve la España en contra del Perú, 
A profanar los lauros inmortales 
Le Junin, de Ayacueho y de Maipú? 

Leponed esa imbécil arrogancia; 
JSTo mataréis la libertad jamás; 
¡Atrás, tiranos de la España y Francia! 
Peina Isabel y IMapoleon, atrás! 

]^ío cobijan aquí nuestras banderas 
Mas que, pueblos que crecen a la par. 
Mas grandes que sus vastas cordilleras, 
Mas libres que las olas de su mar. 

lY. 

Junto a la libre tricolor bandera 
Cuando tornee su puesto cada cual, 
Yo, si no sé pelear, sabré siquiera 
Lar mi sangre a la patria, jeneral. 

Luis EoDRiGUEZ Yelasco. 



SUCRE 



De un pneblo de héroes inmortal renuevo, 
Koble columna de marciales triunfos, 
Fuiste un meteoro de sublime gloria 
Raudo y hermoso. 

Eras del cielo de Colon el astro; 

Tú de los Andes la alba sien doraste, 

Y al patrio suelo de los nobles Incas 

Diste un reflejo. 

Asi se admira en el oscuro polo 
Un breve instante la boreal aurora, 

Y mas que nunca con su ausencia vuelve 

Lóbrega noche. 

Así Colombia te gozó un momento, 
Bélico arcánjel de precoz íprtuna: 
Te fuiste al cielo, y le quedó a la patria 
Sangre y dolores. 

Fuiste el amigo del sin par Bolívar, 
El dios querido del soldado eras, 
Bella esperanza de las almas nobles. 
Templo de gloria. 

¡ Ah, cuando Sucre y Ayacucho fueron 
Un nombre solo de armonía y triunfo, 
Súbita abrióse eternidad tremenda 
Bajo sus plantas I 



,^' 



— 85 — 

La sien orlada de fragante lauro, 
El tierno aplauso popular huyendo, 
Iba a colgar su victoriosa espada 
Junto a sus lares. 

Iba a estrechar a su adorada esposa, 
Iba a enlazar en su feliz regazo 
Al noble emblema de pomposos triunfos, 
Eosas y mirtos. 

Y en vez del labio de amoroso almíbar, 
Del blanco seno, del mirar divino, 

Yió de la muerte el descarnado espectro 
Entre sus brazos 

Y aquel que a un mundo libertó famoso, 
No vio un amigo en su postrer momento; 

Y en negra noche sus exequias hizo 

Lúgubre buho! 

Asi en desierto por el rayo herida 
Huero la palma, que al viajero errante 
Brindó su sombra, y a su ansiosa mano 
Dátiles tiernos. 



Cayó al furor de sanguinarias manos; 
Y el mismo sol que su sepulcro enseña. 
También alumbra a los que así vertieron 
Sangre de im héroe. 

Mas ah!.... su frente salpicada en vano 
Limpiar quisieran o esconder al mundo, 
Que el sello atroz del execrable crimen 
Es indeleble. 



Y al fin vendrá de la venganza el dia, 
Vendrá y la tierra se abrirá ccn ansia, 
Dando al culpable en su abrasado seno 
Hórrida tumba. 



— 86 — 

¿Mas que venganza compensar podría 
De crimen tanto la maldad inmensa? 
¡Anjel y liéroel ¿qué castigo humano 
Puede vengarte? 

Tan solo Dios en su insondable abismo 
Tiene poder para medir tu muerte! 
Que tú, cual Cristo, sin delito ni odio 
Diste la vida. 

Misterio atroz! la esclavizada mano 
Que tú libraste de fatal cadena, 
A tí, glorioso redentor, dio osada 
Muerte alevosa! 

Para esto fué que su laurel mas bello 
Puso en tu sien la mas cumplida gloria; 
Y sol sin manchas y arrobado encanto 
Fuiste del mundo! , 

Manuel María Madiedo. 



-^>-^iÍ^->- 



LORD COCHEAííE 



SOBRE EL CALLAO EL 6 DE DICIEMBRE DE 1820, 



¿Qué varón, dime, oh Musa, tan terrible, 
Tan esperto en las lides peligrosas, 
Como el ilustre Cochran, triunfar supo 
En los mares de América j Europa 
De la saña enemiga 
Ck)n vijilia inmortal j ardua fatiga? 

¿Quién, como él, en el Orbe faé inflamado 
De un fuego tan heroico, tan sublime, 
Cuando, previendo el porvenir dichoso, 
Que el cielo al lluevo mundo preparaba, 
Decide en su alta mente 
Su esfuerzo unir al de la indiana jente? 

E'adie jamas: al «invencible Cochran 

Enciende, ajita causa sacrosanta; 

La libertad de mil generaciones, 

Que ya sus glorias a cantar empiezan 

Sobre los Cooks y Ansones 

Que honor dieron y gloria a los Bretones. 

Un volcan es su pecho jeneroso 

De virtudes guerreras; no le es dado 

Mas tiempo resistir, y despreciando 

Los palacios y torres eminentes, 

Que la Europa pregona, 

Al furor de las ondas se abandona. 



Luchando con los vientos borrascosos; 

De la soberbia Albion, del patrio suelo, 

Con ánimo esforzado se retira 

Por vengar a los hijos de Columbia 

Del duro cautiverio, 

Con que oprime la Es2:)aña su hemisferio. 

Yuelta la faz al setentrion helado, 
De las brillantes Osas se despide, 

Y tendiendo al Antartico la diestra, 
Como en acción de señalar la tumba 
Del Inca virtuoso, 

A sus manes promete dar reposo. 

¡Oh padre de los vientos! favorable 
Encadena a los fieros aquilones, 
Mientras navega por los altos mares 
El ínclito Bretón, que ya traspasa 
El ecuador ardiente 
En demanda del indo continente. 

Y vosotras ¡oh estrellas refuljentes! 
Acompañadle en su gloriosa empresa, 

Que hoi mas que nunca observa vuestro brillo 
Hasta llegar al puerto suspirado; ^ 

Pues un fugaz momento 
Un siglo vale para su alto intento. 

Mas ¡oh ventura! ya a engolñxrse empieza 
En los mares del Sud, las altas cimas 
De montes jigantescos descubriendo. 
Pama es que los Tritones a su arribo 
Da nave circundaron, 

Y a todas las riberas lo anunciaron. 

El pueblo entonces del heroico Chile,, 
Que juró guerra eterna a los tiranos, 
Al puerto corre, y entre alegres vivas 
Liberal lo recibe; ya su nombre 
A todo pecho inflama, 

Y el jenio su heroísmo ya proclama. 



^ 89 -^ 

Temblad, temblad, sangrientos opresoreSj 
Que domináis en la opulenta Lima; 
Temblad, temblad, de los terribles golpes, 
Que ha de lanzaros la indomable diestra 
De Cochrane invencible ; 
Temblad, temblad en vuestro asiento horrible. 

Ko lo quiero pintar cuando destroza 

Y húndelos mares el bajel guerrero, 
Con que el Hispano su valor insulta: 
íí"ó visitando intrépido las costas, 
Que el Pacífico baña, 

Con terror y vergiienza de la España. 

ÍTó cuando en el Callao desde el alcázar 

Fulmina nuevos, aterrantes rayos; 

Bayos de las materias inflamadas, 

Que allá en su abismo encierran los volcanes^ 

Y son al enemigo 

Un presajio fatal de su castigo. 

Si me asistiera el majestuoso acento 
De Píndaro sublime: si al Olimpo 
Yo me elevase en vuelo arrebatado, 
Ko bastara a pintar el nuevo arrojo, 
Que ahora Cocliran medita, 

Y a riesgos mil y mil lo precipita. 

Al medio de la noche, al sordo ruido 

Con que baten las olas espumosas 

El flanco de la nave, se dirije 

A forzar en su puerto al enemigo, 

Que no espeía confiado 

Ataque recibir tan denodado. 

A los primeros golpes se resiste 
La altiva nave que combate Cochran; 
Crece el clamor de la marina jente, 
El silencio terrible se interrumpe, 

Y responden entonces 

Del gran baluarte los tremendos bronces. 



— 90 — 

JRetumba lejos en los hondos mares 

El formidable estruendo; por momentos 

Se ilumina la atmósfera y se inflama, 

Cruzando con brillar interrumpido 

L/os globos de la muerte, 

Que España arroja del castillo fuerte. 

¡Oh teatro a un tiempo de pavor y gloria!! 
Igual era tu aspecto al que presenta 
'El Etna mujidor en noche oscura, 
Cuando vomita un mar de ardiente lava, 

Y al bramar de su seno, 

El rayo siguen y espantoso trueno. 

En medio Cochraii vi i ; orror y estrago 

Ejemj)lo es del soldado y marinero, 

Que ya claman victoria.... de nn mosquete 

El mortífero plomo despedido, 

Silbando a herirlo viene; 

Mas su glorioso triunfo no detiene. 

Su sangre vé correr, y al punto esclama: 
Eecibe, oh gran Columbia, este tributo, 
Que a tu sagrada libertad consagro; 

Y rinde en tanto la alterosa nave, 
En que funda el Hispano 

Su naval fuerza con orgullo insano. 

Tú entonce, oh jefe ilustre, allí la sombra 

Terrible viste del invicto ííelson, 

Que en el duro combate te animaba 

Con su inmortal ejemplo; tú escediste 

Las glorias de aquel dia. 

En que humilló de España la osadía. 

Al frente del Callao la nueva aurora 
Te vé mostrar el triunfo que arrancaste 
Del centro del poder a los tiranos; 
La fama vuela hasta el visir de Lima, 
Que en su dosel erguido 
La santa humanidad tiene en olvido. 



— 91 — 

Se turba y oye, i)álido el semblante, 
La nueva que sus proceres le cuentan: 
Es en vano el despecho y rabia ciega, 
Con que invoca a las Furias infernales; 
Que el Dios del mar potente 
Hoi a Cochrane ha dado su tridente. 

Salve mil veces, célebre caudillo, 
Que el Pacífico surcas, tremolando 
En triunfo el pabellón que te confia 
El Estado Chileno: tus hazañas 
Dan hoi gloria y consuelo 
Al peruano oprimido, al patrio suelo. 

Tú a los altos designios consagrado 

Del bravo O'Higgins y San Martin invicto, 

El mar del Sud dominas; tú aseguras 

Un asilo de paz a las naciones, 

Y un templo a tu memoria, 

Donde por siempre brillará tu gloria. 

ESTEVAN LUCA. 



-^>-^iÍ> — ^ 



CARRERA, 



SONETO. 



El fué el primero que miró con saña 
El cordel del estraño servilismo, 
Y encendido en patriótico heroísmo 
El fué el primero que se opuso a España. 

En vano quieren rebajar su hazaña 
El odio, la mentira, el egoísmo; 
De ese noble soldado el patriotismo 
Vivirá, cuanto viva esa Montaña. 

Héroe del Andes! tu inmortal renombre 
Es el timbre mayor de nuestra historia; 
Su mas ilustre pajina, tu nombre. 

Digno adalid de su primer victoria, 
Euistes jénio y valor y fiiistes hombre!. . . . 
Justicia y honra a éste, al Héroe, gloria! 

Guillermo Matta. 



-o— ^^^-o- 



O'HIGGIJíS 



SONETO. 



Cuando un pueblo aclamando tus hazañas 
El premio de los bravos te ofrecía, 
T el himno de tus triunfos repetía 
Alegre el eco en valles y montañas; 

¿Pensabas, ai! que en márjenes estrañas 
Tu preciosa existencia acabaría 
Y que Chile una tumba negaría 
Al que humilló al león de las Españas? 

Ni una corona de las patrias flores 
Cubre tu huesa, ni el laurel nacido 
En el campo inmortal de tu victoria; 

Mas por tí eleva el pueblo sus clamores, 
Que dar Chile jamás podrá al olvido 
Que es tu alto nombre su primera gloria! 

Enrique del Solar. 



-*-^^^- 



RICAIIRTE. 



'No el tiempo entre su raudo torbellino 
Puede apagar los hechos jenerosos 
De los héroes famosos 
Que de la gloria el fáljido camino 
Con sangre salpicaron, 

Y de la patria el lábaro divino 
Triunfante enarbolaron. 

Yiven! ornados viven 
De augusto resplandor, y en su victoria 
Himnos sin fin de bendición y gloria 
De ios pechos magnánimos reciben. 

Yed la vírjen Américal Lejiones 
De bárbaros sin lei la despedazan, 

Y su virjínea túnica en jirones 
Osados pisan, y a su cuello enlazan 
De esclavitud los duros eslabones; 
Mas albrillar en sus divinos ojos 
Da lágrima primera, 

Al resonar en la celeste esfera 

Su jemido, de hinojos 

Se ven mil héroes que con alma ardiente 

Salvarla juran o doblar con ella, 

Entre su saiigre, la soberbia frente. 

Dilatadas campiñas del Aragua, 
Yalles donde se mecen. 
Junto a los tamarindos y granados, 
Palmas y rosas que enlazadas crecen; 



— 95 -^ 

Donde murmura el agua, 

Y la brisa suspira; 

Y en los montes, las selvas y los prados 
Amor y solo amor natura inspira. 
También en vuestros plácidos verjeles 
Xia turba infame derramóse un di a, 

Y el relincho se oyó de sus corceles 
Que pisoteaban el florido suelo, 

Y su negro pendón la tiranía 
Quiso estender bajo tan dulce cielo. 
Mi espíritu agobiado 

Vuelve y repasa tan aperbos dias. 

¡Con qué amarga irrisión el bando osado 

De Colombia miró las agonías, 

Y al escuadrón sagrado 

De los patriotas mártires buscaba 

Y el oprobio y la muerte les brindaba! 

Hienas! aun vibra, aun vibra 
En el arj^a del vate y del patriota 
Eterna maldición, grito profundo 
Que vuestro nombre y vuestra tumba azota. 

Helos alli relámpago iracundo 

Lanzan sus ojos: la cobarde mano 
Yibra el puñal, y vuelan 
A devorar la víctima que anhelan, 
Como en torno al redil, en noche umbría, 
De los hambrientos tigres la jauría. 

Mírase en tanto en m.edio a la llanura. 
Dorado de la aurora por el brillo. 
De San Mateo el militar castillo. 
Su jefe altivo defenderlo jura 
Para salvar con él, no perlas j oro, 
Sino pólvora, y balas, y cañones, 
El único tesoro 

De los diezmados, rotos escuadrones 
Que arrostran todavía 
El furor de la armada tiranía. 



— 96r — 

Oh! quien pudiera libertarlo! En vano 
Con ardor violentísimo batallan 
Escasos héroes por salvar su muro 
Que vacila inseguro 
Cuando los bronces cóncavos estallan 

Y asorda el trueno en el confín lejano. 

Ya la turba española 
Se acerca y jira, y lánzase al castillo 
De los patriotas esperanza sola, 
En cuya cumbre, al matutino brillo, 
El estandarte tricolor tremola. 
Todo acabó!.... la libertad su vuelo, 
Dando un jemido y con la faz llorosa, 
Remonta al alto cielo; 

Y en el aire, en el suelo 

JReina silencio y soledad umbrosa! 

Mas no! Queda el guerrero, 
Que el parque de los mártires guardaba, 

Y antes el pecho brindará al acero 
■Que la cerviz a la coyunda esclava. 
Vedle! es el fiero y noble Ricaürte 
Hijo audaz de Granada: 

Erilla cual rayo inquieta su mirada, 

Y al mismo tiempo que orgulloso ondea 
El pendón colombiano, 

Una encenaida tea 

Brilla chispeando en su potente mano. 

Entrad, bárbaros, ya! sonó la hora!... 
Donde buscáis tesoros y puñales 
Para matar la libertad, ahora 
Hallareis de la tumba los umbrales, 

Y lanzará el suspiro de agonía 
Ea infame tiranía. 

Ai! lo pisaron al instante mismo 

Danzando el héroe la inflamada tea, 
Prende el volcan de pólvora a sus plantas 

Y les abre el abismo! 



— 97 — 

Un sordo trueno los espacios llena, 
Inmensa llama reverbera, y sube 
De humo y cenizas vagorosa nube 
Que se esparce en la atmósfera serena. 

Yiérase entonces de la dulce patria 
Bajar la iniájen a ceñir las frentes 
De sus heroicos hijos 
Con g-uirnaldas de luz resplandecientes. 
Yiérase entonces tremolando al viento 
La vírjon libertad su alma bandera, 

Y la ñima lijera 

Llevar sus nombres por el vago vientoj 
En tanto que el ibero estremecido, 
Con faz de espanto llena. 
Mira su estrago, lanza hondo jemido 

Y huyo cobarde a su nativa arena. 

José Joaquín Boeda. 



FREIRÉ. 



Allí el héroe se alza, el héroe noble, 
Que amó a su patria, que la dio victorias; 
Coronas del pasado son sus glorias, 
Kancagua y Concepción, Maipo y el Eoble. 

Hqí en el 'bronce de esa estatua inmoble, 
La envidia el filo de su diente mella: 
Encienda el pueblo su entusiasmo en ella 

Y muda faz al contemplarla doble. 

Déspota, nunca! siempre ciudadano, 
No fué su vida la ambición menguada; 
Los espectros que acechan al tirano 
ííunca durmieron en su pura almohada. 

Del niño ejemplo, admiración del hombre, 
Vele a Chile tu estatua eternizada. 
Freiré, símbolo augusto faé tu nombre, 

Y hoz de laureles tu gloriosa espada. 

Guillermo Matta. 



— o— -<§^§>— -o— , 



LAYALLE. 



Una tumba se abro hoi ante mis ojos 
Que Chile cobijaba silenciosa, 

Y sobre mudos, míseros despojos 
Yeo alzarse una sombra esplendorosa. 

De libertad las auras transandinas 
Con animado soplo levantaron 
Esa losa, y hazañas peregrinas 
De Lavalle ante el mundo revelaron. 

Álzate del sepulcro denodado 
Héroe, que al ver tu patria redimida, 
El polvo que te cubre te es pesado, 

Y de glorias recobras nueva vida. 

Levántate, en tu patria idolatrada 
Luce de libertad el claro dia: 
Eota está la cadena ensangrentada 
Con que la envileció la tirnnía. 

Pero ¿dónde ,está el déspota inhumano. 
Dónde su vano orgullo y poderío? 
¿Dónde está aquel a quien con fuerte mano 
Hasta la muerte desafió tu brio? 

¿Dónde el que alzando enseña ignominiosa 
Cubrió a Bonaria de dolor profundo, 
Y proverbial su tiranía odiosa, 
Hizo su nombre por el ancho mundo? 



_ 100 — 

¿Dónde el Eosas se oculta que algún día 
Con insulto sacrilego e insano 
Para sí los honores pretendía 
Con que a Dios honrar debe el ser humano? 

Despareció! no fué; cual humo leve 
Le disipó el aliento del Dios vivo, 
Que a los tiranos en su solio mueve, 
De los valientes al esfuerzo activo. 

Pero tri vives, vivirás eterno; 

Y en los anales de la patria mia 

Tu claro nombre, tu recuerdo eterno, 
Eesonarán cual pura melodía. 

Joven imberbe en Chacabuco, osado, 
Con el gran San Martin ya te adiestrabas 
En conquistar la palma del soldado, 

Y en vencer los tiranos te gozabas. 

Por la discordia fiera, nueva senda 
Discurriste de gloria y de dolores, 
Hasta inmolar tu vida, dulce prenda 
Que dio a tu patria nuevos esplendores. 

Y muerto ¡oh Dios! tu polvo perseguido 
Eeposo halló, modesta sepultura, 
En Chile, donde ignoto y escondido, 
Esperó un nuevo dia de ventura. 

La firme lealtad respeto santo, 
Guardó a este polvo, con amor constante, 

Y tu esposa vertiendo acerbo llanto 

Le estrechó tierna efontra el seno amante. 



Dolor intenso, gratas bendiciones 
Te consagra de Chile el patriotismo 
Que guardará entre dulces emociones 
Eeeuerdos de tu trájico heroísmo. 



— 101 — 

Al trasladarse tu urna funeraria 
De tu país natal al caro suelo, 
A la futura suerte de Bonaria 
Astro serás de plácido consuelo. 

En tus reliquias va prenda segura 
De duradera paz y bienandanza; 
Y de felicidad serena y pura, ' 

Déjanos, cara sombra, la esperanza. 

Parte: te aguardan libertad 3' gloria. 
Del Plata allá en las límpidas arenas; 
Mientras se borra breve e ilusoria 
La visión bella que columbro apenas 

Mercedes Z\íarin de Solar. 



CAMILO HEXRiqiEZ. 



Cual lucha el sol para rasgar la bruma 
Que veda al mundo de su luz querida, 
Asi, noble adalid, con tu aúrea pluma 
Do quier luchaste con constancia suma 
Por dar a Chile libertad y vida. 

Tu nombre ^'ué la enseña de victoria 
En el palenque augusto de la idea: 
Con tu jenio al camino de la gloria 
Arrastraste al colono, que hoi la historia 
Señala como un héroe en la pelea. 

Poeta, la grandeza de su suelo, 
Poblado de mil bosques seculares 
Desde el océano a la rejion del hielo, 
Enalteciste con sublime anhelo 
En tus ardientes trovas populares. 

Noble ofrenda la patria te ha acordado; 
El premio que en las márjenes del Tibre 
Poma le consagrara al denodado 
Qne arrastrara a la muerte por ver libre 
El suelo a sus deidades consagrado. 

Benjamín Vicuña Solar. 



MANUEL rodríguez. 



La gloria y el pesar hoi se dividen. 
El corazón y el alma del patriota, 

Y vibra el aire una doliente nota 
Eco eternal de inextinguible amor. 

Eodriguez inmortal, los nobles hijos 
De aquellos que salvaste con tu arrojo, 
Hoi visitan tu mísero despojo, 

Y lágrimas te ofrezcen de dolor. 



Un dia lanzó Chile hondo jemido 
Que resonó en tu pecho jeneroso 

Y de Maipo en el campo polvoroso, 
El casco resonó de tu corcel: 

Muerte fué tu divisa; la victoria. 
Mirándote amorosa y condolida, 
Trocar no pudo el signo de tu vida 

Y te ciñó fatídico 1-aurel. 



Despareciste ¡Oh Dios! pasión insana 

Te dio muerte cruel y simulada ] 

En silencio por tí, la patria amada, 
Ne cesó largos años de jemir. 

¡Oh memoria de duelo y de amargura! 
Mengua que no redime inútil llol*o, 
¡Oh de cuanta virtud bello tesoro 
Arrebatado en flor al porvenir 1 



— 104 — 

Caiga del tiempo misterioso velo, 
Sobre este cuadro de dolor profundo, 
Y tiemble el héroe, aunqu e le admire el mundo^ 
Si un crimen ha manchado su blasón; 

Mas tú Eodriguez, vive glorioso, 
Que en este suelo donde mártir fuiste: 
A tu alto nombre y'tu memoria triste 
Un santuario ha e*rijido el corazón. 

Mercedes Marín de Solar 



-^-^^-^ 



LA MUERTE DE ATilíüALPA. 



" Al lúgubre concierto de mi lira, 
"Salid, aycs, tres siglos reprimidos 
"En los pechos del pueblo Peruano: 
"Ya podéis ser oidos, 
'^Y escitar la piedad.... la rabia, la ira, 
"La venofanza del libre americano, 
"Y un odio eterno al despotismo hispano." 

No sin' violencia cubrirá mi musa 
Be execración el nombre de la España, 
Sus crímenes y fraudes recordando: 
Tiembla mi mano y bosquejar rehusa 
Tanta codicia, ñmatismo y saña. 
Sangre española corre por mis venas; 
Mío es su hablar, su relijion la mia, 
Todo, menos su horrible tiranía. 
No aborrezco a la España; solamVínte 
Abomino a los tigres de la Iberia, 
Que de sangre inocente, 
De lágrimas, de luto y de miseria 
Han llenado este nuevo continente. 
Siempre se halla presente 
La desolada América a mis ojos: 
Ahora de los Incas opulentos 
Estoi viendo los míseros despojos: 
A sus hijos que, hambrientos, 
Cabizbajos, desnudos y abatidos, 
Vagan por el Perú, cual tristes sombras, 
Que, al tierno son del yaraví doliente, 
Exhalan melancólicos jemidos. 



— 106 — 

" Al lúgubre concierto de mi lira, 
" Salid, ayes, tres siglos reprimidos 
"En los pechos del pueblo Peruano; 
*' Ya podéis ser oidos, 
"Y escitar la piedad.... la rabia, la ira, 
"La venganza del libre americano, 
" Y un odio eterno al despotismo hispano." 

Atahualpa! y ¿esperas 
Tu vida rescatar con el tesoro 
Que ofreces a esas fieras, 
Tan sedientas de sangre como de oro? 
Estando en su poder fuerza es que mueras. 
Sí, morirás; en vano 
Juzgas que te redimes 
Prometiendo colmar de oro y de plata 
La prisión en que jimes. 
Al escuchar la oferta, en el semblante 
Del ávido tirano relucia 
Eayo fugaz de bárbara alegría, 
Como, en la confusión y los horrores 
De una lóbrega noche procelosa, 
El relámpago muestra al navegante 
De airado mar la audacia y los furores. 
Hecho está el juramento, 
El pacto conclaido. 

¡Con qué viva impaciencia el cumplimiento 
Los espacióles quedan esperando! 
Ya los indios veloces han partido: 
Pizarro, trasportado de contento, 
Con la imajinacion ya está gozando 
Del rescate opulento, 

Y nuevas asechanzas maquinando. 
El oro, que en mil formas variadas 
El arte convertía 

Y en preciosas alhajas, consagradas 
A los templos del Sol, a los palacios 

Y monumentos públicos, salía 

En hombros de los Indios de la rica 
Metrópoli imperial, y de la escelsa 
Ciudad del Ecuador y otras hermosas 



— 107 — 

Ciudades del imperio populosas. 
¡x\.i! ¿quiÓD mirar podia 
Con ojo enjuto y pecho empedernido 
Aquel triste espectáculo? Llegaban 
Los Indios anhelantes con la carga, 

Y a deponer el oro prometido 
En la prisión entraban, 

Y ante su Eei llorando se postraban. 



" Al lúgubre concierto de mi lira etc. " 



Otros y otros llegaban cada día; 
¡Y demasiado lento 
El tiempo a la codicia parecia! 
" ¿Por qué tanto aguardar? en el momento 
"Divídase el rescate, y sin tardanza 
"Hacia el Cuzco opulento 
"Marchemos a colmar nuestra esperanza." 
Así el avaro capitán decía, 
Y la feroz gavilla le aplaudía. 
"Pero antes, agregaba, 
" IS'os debemos librar del prisionero. 
"í^o impunes quedarán su idolatría, 
"Su ambición, y la muerte del hermano: 
"Yo, españoles, seré su juez severo. 
"A nuestros intereses y reposo 
"Necesaria es la muerte del tirano. 
" En medio de su pueblo, un soberano 
"Fué siempre un enemigo peligroso. 
" ¿No lo veis pensativo, silencioso, 
" Siempre triste y sombrío? 
" Sueña con su pasado poderío; 
" Sin duda es criminal, sin duda espera 
"Eeinar." — Los españoles respondieron: 
''El Inca es criminal, juzg adíe y muera.'" — 

¡Monstruos abominables de injusticia! 
¿Cuáles son los delitos "del monarca? 
¿Yuestra ferocidad, vuestra avaricia? 
Juzgarle! quién? un pérfido asesino, 
Un salteador infame de camino, 



— 108 — 

Juzgar puede a sus víctimas? ¡Oh cielol 
¿Qué se hicieron tus rayos vengadores':' 
¿Triunfarán los crueles opresores, 
Mientras que la inocencia por el suelo 
Jime sin esj^eranza y sin consuelo? 
¿Pasarán siglos, y la España el fruto 
Cojera de su infame alevosía, 

Y un miserable pueblo esclavizado, 
Para siempre jamas duro tributo 
Le pagará de lágrimas regado? 

oSTo tal, no tal que el dia 

De América llegó; ya se levanta 

De entre sus ruinas el Perú vengado: 

La libertad con mano vigorosa 

El férreo cetro del León quebranta: 

Ya se arrojíi el León al océano; 

En tanto que la Diosa 

En los escelsos Andes victoriosa, 

Tremola el pabellón republicano. 

Cercan su trono de oro, 

Y en fraternal unión se dan la mano 
Del sur las tres indómitas naciones. 
Buenos Aires guerrera, 

Con el manto de azul resplandeciente, 

Y desplegando al aire sus pendones. 
Se presenta a mis ojos la primera. 

La sigue Chile, en cuya hermosa frente 
Ponen a un mismo tiempo la corona 
De verde lauro y pám])ano formada, 
Airado Marte y plácida. Pomona. — 

Y tú, suelo feliz, patria adorada, 
Tierra de tantos mártires sagrada, 

¡Oh Colombia impertérrital que has sido 
De América el honor y la esperanza; 
Tú, que al Héroe del siglo has producido; 
Tú también te presentas al Peruano, 
Mostrándole tus hondas cicatrices, 
Blandiendo fiera la tremenda lanza, 
Pavor del Castellano, 
Señal de libertad y de venganza. — 



— 109 — 

"Detente, musa mia, 

Y con liorror, los ojos apartando 
Pe cuadro tan liermoso, 
Fíjalos en el cuadro doloroso 
De Atahualpa espirando; 
Contempla su agonía, 

Y su muerte en cadalso ignominioso. — 
Este crimen, de crímenes mayores 

Fué horrible precursor: como un torrente 
Devastador, cayeron los traidores 
Sobre el imperio del Perú. iSTo encierran 
Tanta desolación, tantos horrores, 
Tunguragua y Pichincha en sus entrañas^ 
Como encerraba tu alevoso pecho, 
Tigre de las Españas, 
Sanguinario Pizarro. En su despeclio 

Y desesperación los Peruanos 

En fin, toman las armas en las manos, 

Y gritando a la guerra, a la venganza! 
Se arrojan a morir, sin esperanza. 
¡Ail los tristes guerreros, 

Entre sí divididos, 

Sin un jefe común, por los agüeros 

De sus falsos profetas seducidos, 

¿Que pudieron hacer? 'No era ya tiempc^. 

La tierra temblaba; 

Un cerco sangriento 

La luna rodeaba; 

El sol se eclipsaba; 

El trueno se oía; 

Todo el firmamento 
Del Dios de los Incas mostraba el furor. 

El pueblo decia: 

Llegó, llegó el di a 
De luto, de sangre, de muerte y horror. 

Con débiles esfuerzos resistía . 
El pueblo del Perú, que en sus verdugos^ 
La raza de los Dioses soberanos. 
Que anunció Yiracocha, contemplaba. 
Sin combatir triunfaron los tiranos. 



— lio — 

¡Ail aquel pueblo crédulo, inocente, 
En medio de la lucha desastrosa, 
De Huaina-Cápac, su Inca mas querido, 
El triste vaticinio recordaba; 

Y a mantener las armas solamente 
Violentarlo pudiera la horrorosa, ' 
Inaudita crueldad con que inhumanos 
Su paciencia apurasteis, Castellanos. — 
¿De qué, España, te jactas orgullosa? 
¿Es de haber abatido 

La nación de los Incas populosa? 
Quien no espera vencer ya está vencido. 
Sí, la superstición te abrió la puorta 
De este nuevo hemisferio, 

Y la superstición lo ha mantenido 
Bajo tu férreo cetro por tres siglos 
En el mas lastimoso cautiverio. 

Mas hoi! ¿que buscas, insensata Iberia? 
Con la superstición finó tu imperio, 
¿No te deslumhra el esplendor hermoso 
Con que al antiguo mundo se presenta 
El mundo de Colon libre y dichoso? 
Deja, deja la América opulenta, 

Y al rincón tenebroso 

En que, incierta entre el África y la Europa, 

Vives, España, torna para siempre. 

Allí, en trono sangriento, el fanatismo 

Bajo del solio mismo 

En que imperan despóticos tus reyes, 

Te dictará sus ominosas leyes. 

José Fernandez Madrid. 



-^^^i 



LAS TRES SOMBRAS. 



Como susurro de la mar calmada, 
El eco de los júbilos del día, 
En el alto reinado de ia noche, 
Lientamente espiraba. El aura leve, 
Impregnada en incienso, 
La última oscilación repercutia 
De la bandera de Maipú salvada; 
Y, soles de la idea, los luceros, 
Fieles y misteriosos compañeros 
Del vate y del soldado en la vijilia, 
Como los ojos de su Dios velaban 
Sobre el pueblo inmortal. Hora solemne 
Era aquella y de paz. Hora en que el alma 
Eemonta la carrera de los tiempos, 

Y de mirtos y lauros y de palma 
Orla la sien de los varones grandes: 
Hora de la justicia! — ís'o a implorarla 
Se acercan esas sombras. — Eeverentes, 
Con apacible faz bañada en llanto, 
Las tres al pié del monumento llegan, 

Y con la fé y el júbilo del santo, 
"Clamando ¡Patria! las rodillas pliegan. 
. Una llama del fósforo del jénio 

Las circunda a las tres en espirales, 

Y mirando hacia el cielo. 

Así hablaron con labios inmortales: — 



— 112 — 



LUGA. 



¡Buenos Aires! mifríjida tumba 
ISTo ha extinguido el volcan de mi pechOj 
Me levanto del líquido lecho, 
Y mi lira resuena otra vez. 

Yo he cantado tu gloria o martirio. 
Desde el fondo arenoso del Plata, 
Al fragor que las ondas desata, 
Al rujir del pampero cruel: 



Aumenté su raudal con mi llanto, 
Suspiré con su brisa fragante; — 
Trovador joh mi Diosa! constante, 
Otro amor no canté que tu amor. 

¿1^0 eres tú la belleza soñada. 
Cuando envuelta entre fajas azules, 
Te coronas con candidos tules 
Sobre el trono esplenw^nte del sol? 

Era Mayo — y en rápida rima, 
Encendí la virtud en las almas, 

Y batiendo anheloso las palmas 
La bravura naciente alenté; 

Y fundiendo en crisoles los bronces, 

Y trocando el acero en puñales, 
Preparé tus guerreros anales 

Y las cumbres del Andes mostré, 



Oh! que dias aquellos tan bellos! 
Perdonad mi jactancia, Señora; 
Es la lira la que habla y que llora 
En los labios del viejo cantor. 

Si tornase la aurora de Mayo, 
Si la antigua virtud renaciera, 
En mis fibras sonoras hiciera 
Revivir mi entusiasta canción. 



— 113 — 



MOEENO. 



Adolorido, inquieto el pensamiento; 
Mas siempre esclavo de la fé primera, 
He visto conmoverse en su cimiento 
La creación de juvenil quimera; 
He visto la virtud falta de aliento 
Al resplandor de encarnizada hoguera; 

Y si he llorado el mal, acariciando 

La esperanza del bien, dormí esperando. 

¿No era de Dios interpretar las leyes, 
No era del hombre rescatar las almas, 
El arrancar los cetros a los reyes 
y dar al pueblo soberano, palmas? 
Al ocio dado y a los vicios muelles, 
• Postrado el jénio en indolentes calmas, 
Levantarse y luchar era el destino 
Impuesto por el cielo al Arj entino. 

No hai valladar ni diques al torrente 
Que de los dogmas del derecho brota; 
JSTo el misterioso dardo de la mente 
Entre las mallas del error se embota. 
De libertad la jenerosa fuente, 
Las culpas lava de maldad remota, j 

Y bañados en ella los esclavos <•) 
De su ominosa cruz rompen los clavos. 

¿Con qué placer mi corazón sedienta,' 
En el aura vital que me rodea, 
Se empapa en la virtud del sufrimiento 
Que los sudores de mi afán orea! 
Cumplido está de Mayo el pensamiento: 
El lábaro de unión augusto ondea: 
Abrígase en sus pliegues y a su sombra 
El pueblo heroico cuya historia asombra. 

8 



— 114 — 



BELGRANO. 



Cual un rayo del cielo, 
Electrizó mi brazo el verbo ardiente 
Que el Tribuno lanzó sobre este suelo; 

Y a la voz, obediente, 
De "muerte o libertad" trepé la sierra, 
Clamando ¡Libertad! clamando ¡Guerraí 



Brotaron de la nada 
Capitanes, cureñas y soldados; 
Y en derredor de la bandera amada, 

Llegaron denonados, 
Cabalgando sus potros de batalla, 
XiOS esclavos de ayer, de ayer canalla. 

Cuánto se regocija. 
Mi corazón patriótico, pensando 
Que a los verdosos pies del Aconquija, 

Debelé batallando, 
Las porfiadas lej iones invasoras, 
De la tierra del sol antes señoras! 



Yária fué mi fortuna, 
Cual la fortuna de mi patria hermosa; 
Ora alzada triunfante basta la luna. 

Ora por misteriosa 
Mano humillada y en el polvo hundida, 
Bóproba de su Dios, por Dios unjida. 

¡Misterio de la Historia! 
Al abortar la tierra Pueblos grandes. 
Be estremece entre llamas y entre escoria; 

Como los rudos Andes, 
Cuando al fuego de cráteres airados, 
Bnjendran los metales codiciados. 



115 



LUGA. 

¿Es verdad que abatiendo las crines 
El soberbio corcel desbocado, 
De la heroica carrera cansado 
Dobla el cuello y se rinde por fin? 

¿Es verdad que la reina del mundo, 
La Eazon, en sus gradas erguida, 
Tiende al pueblo arj entino su ejida 

Y quebranta sus iras así? 

Pavoroso cometa en el siglo 
Se mostró consternando la esfera, 

Y en su loca, ferviente carrera 
Derrumbóse rebelde a su Dios: 

Pero nó, que la fuerza sublime 
Del amor atrajente del cielo, 
Eefrenando al audaz ©n su vuelo, 
Al errante bandido domó. 



Así el pueblo que rompe los lazos 
De una oscura y feroz servidumbre, 
JEntre sombras buscando la lumbre, 
Se dementa sangriento también: 

Mas al fin al dintel de la tumba, 
Se transforma cual ánjel caido, 
Y del caos como el mundo salido 
Coronada nos muestra la sien. 

Coronado te adoro y te aplaudo, 
Eedimido te admiro y te canto, 
Baustizado en las fuentes del llanto, 
¡Pueblo mió! te canto otra vez. 

De mi lira la cuerda desecho 
Que vibraba en mis odas guerreras, 
Cuando en llanos, en bosques, en sierras, 
Alcanzabas triunfante laurel. 



— 116 — 

Yo me engolfo en las nubes del tiempo, 
Argonauta de dias mejores, 

Y al través de risueños albores 
Te contemplo grandioso y feliz. 

Numeroso8"cual granos de arena, 
Yan cubriendo tus hijos la Pampa, 

Y en los rios la imájen se estampa 
Pe banderas celestes sin fin. 

Entre nieblas cercanas descubro 
Un enigma de gloria futura: 
Las estrellas del í^orte en la altura 
Palidecen delante de un sol; 

Y en la lengua de amor de mis padres, 
Bajo clima do crecen palmeras, 
Oigo ya las palabras severas — 
Libertad, Democracia y Union. 

De los mundos caducos, lejanos, 
Llegarán hasta tí multitudes, 
En demanda de ciencia y virtudes. 
En demanda de santa igualdad. 

Como mar que otros mares absorve, 
A tu seno fecundo y hermoso, 
Las Ilaciones buscando reposo 
Anhelosas y gratas vendrán. 

Oh! qué dias tan bellos esperan 
A los hijos del hijo de Mayo! 
De esa aurora desciende ya un rayo 

Y su luz y calor siento ya. 

¡Adiós pueblo de llanto y de gloria! « 
Tu destino feliz me arrebata; 
Desde el fondo profundo del Plata, 
Siempre a tí mi cantar se alzará. 



Así las sombras en la noche hablaron 
Mientras el pueblo al sueño se rendía, 
Y al cielo remontaron 
En el vapor del alba que nacía. 

Juan María Gutiérrez. 



2 A LAS A&HAS! 



Despiértate! Despiértate, sultana, 
De tu sueño tranquilo y virjinal! 
Tus vestiduras por rasgar se afana 
Con sus garras sangrientas el chacal. 

Tú duermes descuidada, de tus mares 
Al arrullo pacífico y jentil; 

Y entre tanto j^rofana tus hogares 

La planta osada de estranjero vil. ' 

Si cambiaste el ropaje de los siervos 

De soberana por el blanco tul, 

Esa tropa fatídica de cuervos 

¿A que se cierne en tu horizonte azul? 

¿Qué buscan en tu seno esos juglares 
Con máscara mentida de amistad? 
Ellos que al despotismo alzan altares, 
Quieren trizas hacer tu libertad! 

Sus! A las armas! La falaz fortuna 
Laureles a tu esfuerzo ha de ceñir; 
Del porvenir humano eres la cuna: 
Sus! América! salva el porvenir! 

'No somos ya los débiles enanos 
Que a Pizarro cedieron y a Cortés; 
Blandir saben la lanza nuestras manos 

Y pisotear traidores nuestros pies. 

iNÍuestras horas de mengua y de desgracia 
Las arenas borraron de Junin; 
Ya nos guia la fé en la democracia 

Y augura el triunfo la bondad del fin. 



— 118 — 

¿Cuáles de paz y de virtud lecciones 
JS'os dará esa villana intervención^ 
Que entre el humo nos trae de sus cafionea 
La argolla del esclavo y la abyección? 

Nos brindan su tutela infamatoria!!! 
Y olvidan en su cínica ambición 
Que en cien batallas, símbolos de gloria, 
Eompimos la tutela del león. 

El mártir inmortal de la Judea 
De libertad un astro dejó en pos; 
No dudes de vencer en la pelea 
América! tu causa es la de Dios. 



En el libro etemal no se halla escrito 
Que un amo escupa sobre tu alba faz. 
Como el águila herida, lanza el gritó 
Y conmueve con él la inmensidad. 



Y al sagrado pendón republicano 
Baluarte firme nuestros pechos den; 
Que la ofensa que se haga a nuestro hermano 
Kos aprestemos a vengar también. 

En vano amagan afilados sables 

De América matar la dignidad 

¡Paso al sol de Ayacucho ¡miserables! 
Sois nubes que empañáis su claridad. 

Venid! Yenid! De vuestra rota ciertos 
Filibusteros hambrientos de botin, 
Nuestros Andes jigantes y desiertos 
IJn cementerio os brindarán sin fi n. 

En nuestros pechos entusiastas late 

La sed de glorias ¡En tropel, venidl 

Jeneracion de libres! Al combate! 
Hijos de la Eepública! A la lid! 

RlCABDO PaLILÍ* 



/] 



AL CÓNDOR BE CHILE. 



I. 



^WSm^'' 



Tú que «n las nubes tienes aéreo nido 
Tiende tu vuelo, cóndor atrevido, 
Que sustentas de Chile el paladión; 
Sigue, del sol la luminosa huella, 
Boba cual Prometeo una centella 
Para incendiar con ella a la nación. 



II. 



Para incendiarla en alto patriotismo, 
Para animar la antorcha del civismo, 
Para incendiar al pueblo en la virtud; 
Para templar los tibios corazones, 
Para quemar los últimos jirones, 
Del manto de la torpe esclavitud. 

III. 

Estiende, estiende pronto el ala grave. 
Como la parda vela de la nave 
Cuando siente bramar la tempestad; 
Vuela y trae con los ojos la centella 
Que en ochocientos diez, fuljente y bella. 
La antorcha reanimó de libertad. 



— 120 — 

lY. 

Tú sabes ya el camino, ave altanera: 
Fuiste de nuestros padres meEsajera 
Para pedir a Dios chispa inmortal 
Con que incendiar, de alarma, los cañones 
Y derretir los férreos eslabones 
Que los ligaba al carro colonial. 

Y. 

Tú los viste lanzarse a la pelea, 
Blandir la espada, sacudir la tea, 
Vencer, morir y alzarse como león, 
Mientras que tú, cruzando las esferas, 
Dabas aire de Chile a las banderas 
y fuego del patriota al corazón. 

YI. 

Tú los viste en la noche tempestuosa 
Guiados por tu pupila luminosa. 
Cual por la estrella el navegante audaz, 
Escalar de los Andes las montañas. 
Esculpiendo en sus cimas las hazañas. 
Que rivalizaron con vigor tenaz. 

AHÍ también reverberó tu lumbre 
Cuando bajó, rodando de la cumbre. 
Desmelenado el iracundo león, 
A par que retumbaba en la eminencia 
El grito atronador de independencia 
Que inauguraba el mundo de Colon. 

YIII. 

Desde entonces tu lumbre se ha eclipsado, 
El corazón del pueblo se ha enfriado 
Y ha muerto el fuego patrio en el altar. 



— 121 — 

Puego necesitamos: danos fuego, 
Que nuestros ojos abundante riego, 
Pe libertad al árbol sabrán dar. 

IX. 

flaz por los hijos lo que en otros días 
Hiciste por sus padres, cuando hendias 
Las esferas con ímpetu veloz, 
Para traer la centella salvadora 
Que de ese sol que el universo adora 
Brotó, y en tus pupilas puso Dios. 

X. 




Las alas tiende y sube bástalos cielos 
Cual si fueras a traer a tus hijuelos 

imento que la vida dá. 
y mientras bajas desde el alta esfera, 
Nuestra voz, de Setiembre, a la bandera, 
Con himno nacional saludará. ,,'<: i / 



XI. 



Y cuando traigas la centella ardiente 
Que del cobarde el corazón caliente 
y nos llene de aliento varonil; 
Oh! Cóndor, danos sombra con tus alas, 
Mientras que en el espíritu que exhalas 
Impregnamos la túnica viril. - ^ 

XII. 

Después condúcenos a la victoria, 
Traza con luz la senda de la gloria 
Que nos lleve sin sangre a la igualdad; 
Toma luego en tu pico oliva y palma, 
Y arrancando la chispa de nuestra alma, 
Yuélvesela a ese sol de libertad! • ] * 

Bartolomé Mitre. 



Li BiOEBA TEICOLOB. 






Sobre los confusos restos 
Del trono réjio caído, 
La libertad ha escondido 
Su celeste resplandor; 
Y entre esos rotos escombros 
Donde su luz centellea, 
Al aire espléndida ondea 
La bandera tricolor. 



Miradla, pueblos! erguida 
Sobre el azul se retrata, 
Pranja de viva escarlata 
La presta rojo color; 
Y a la azul se mezcla hermosa , ^^ 
Pranja luciente de oro: 
Las tres son nuestro tesoro, 
La bandera tricolor. 



Miradla, pueblos! a trechos 
De sangre está salpicada, 

Y en su centro desgarrada, 

Y llena de humo en redor; 
Mas los mártires brindaron 
Al hierro sus corazones, 
Por salvar d© los cañones 
La bandera tricolor. 



— 12S — 

Victoriosa en cien combates 
Fué la enseña de los bravos, 

Y a su yista los esclavos 
Temblaron de odio y pavor. 
Entre el ruido y el humo, 
Al espirar el guerrero, 
Eecibió su adiós postrero 
Ija bandera tricolor. 

De altivo corcel al vuelo, 

Y de un valiente en la mano, 
Bajó al aterido llano, 

Y las montanas trepó; 

Y los reyes su corona 
Al polvo luego arrojaron 

Y de rodillas besaron 
La bandera tricolor. 

Pueblos! ob pueblos! miradla 
Sombreando vuestras frentes! 
Herencia de cien valientes, 
No eclipséis su resplandor. 
Siempre estará con vosotros 
La libertad adorada, 
Mientras permanezca alzada 
La bandera tricolor. 



José Joaquín Borda. 



~o— ^> o- 



HEJICO I LA AMERICjL 



I. 



Si alguna vez la augusta Poesía 
Ha entonado cantares de heroísmo^ 
Si hai algo de divino en la secreta 

Y profética voz que dá enerjía 

Y hace vibrar el alma del poeta; 
Solemne canto inspíreme 

Que eternice en los siglos venideros 
El noble patriotismo, : ^ 

La varonil constancia , •• 

Del pueblo mejicano; 
Canto de indignación y de castigo, 
Ardiente como el cielo americano, 
Fatal como una tromba del océano, 
Que abata la arrogancia 

Y haga temblar al déspota de Francia. 



II. 



Al Nuevo Mundo, en busca 
De una presa mejor, de un mejor cielo, 
Han tendido sus águilas el vuelo; 

Y de fácil conquista lo juzgaron 
Cuando a tierra de Méjico 

Las formidables alas desplegaron. 

Detras vienen lejiones 

De indómitos secuaces, 

Cuyo valor asombra a las naciones, 

Y que en Europa tímida 



— 125 — 

Han paseado las águilas voraces. 

Son las mismas lejiones, 

Que clamando victoria 

En los campos de Italia, a Francia oprimen; 

Ko vienen a segar lauros de gloria, 

Vienen en pro de un hombre, 

De su crimen, en nombre, 

A consumar la iniquidad de un crimen. 

III. 

Méjico las espera, 
Arma sus fuertes, arma sus ciudades, 

Y en actitud guerrera, 

En medio de siniestras tempestades. 
Proclama a la Eepública 

Y alza su democrática bandera. 
Las falanjes sagradas 

Acuden animosas; y en sus muros 

No son piedras, con piedras hacinada^, 

Los baluartes seguros; 

Son los pechos humanos, 

Las lanzas, las espadas. 

Las almas en lo heroico retempladas 

De sus buenos soldados ciudadanos. 

Ante esos vivos muros 

El crimen retroceda. Si adelanta. 

En tus brazos sofócalo, 

lluevo Mundo! Escarmienta a los tiranos! 

Donde ha puesto la planta 

Ese crimen nefando, allí sucumba! 

Que la América libre, americanos. 

Si es de la libertad la tierra santa, 

Va a ser también, de la opresión, la tumba! 

IV. 

Y lo será! Eidículos profetas 
Auguran la anarquía: 
Noche de horror que alumbrarán tan solo, 
De sangre y de esterminio, los cometas. 



— 126 — 

¡Vanos agüeros y temores vano»! 

Si duran todavía 

El odio, la miseria, el egoísmo, 

Las guerras entre hermanos, 

En ese grande dia, 

Pálidos a la luz de esamañana, 

Por siempre ocultarán su faz sombría^ ■ 

Desterrados, sin sangre ni anarquía 

Del suelo de la patria Americana. 

TJn celaje de aurora, 

Que no es de sangre, en el Oriente oscuro 

Ylumina a esa patria Americana; 

Luz de progreso, que los pueblos dora . ;'.. 

Y nos dá la certeza del futuro! '> Y 
Los pueblos la contemplan 

Y la guardan estáticos, 

Y su fuerza viril en ella templan: 
Los pueblos que flajela el despotismo, 
Que mata el egoísmo. 

Que la ignorancia seca 

Y en siervos viles trueca; 

De esa patria común, en los altares, 
Ya pueblos libres, romperán el yugo. 

Y se darán, de hermanos, 

El abrazo de Dios, los que hasta ahora, 
Casi sin patria y casi sin hogares, 
Solo han tenido, para herirse manos, 
Víctimas todos bajo el mismo yugo, 
Aquel víctima o déspota. 

Y el otro siervo, déspota o verdugo! 



Méjico da el ejemplo, 
Y la América entera 
Lo ve luchar sin miedo tremolando 
Muí alto en los combates su bandera, 
Eeforma y libertad apellidando! 
Lo llama a guerra el invasor, y a guerra 
Sin titubear acude, 
Solo, sin que la América lo ayude! 



-- 127 — 

De su pesado sueño 

Mas fuerte se levanta: 

La lid se traba con tenaz empeño 

Y entre el bronco rujir de los cañones, -■ 
Entre el fragor de subterráneas *ninas,'y 
Del aire, estremeciendo, las rejiones, '^P 
Se oye un grito de triunfo; ' 
Grito de un pueblo unánime 

Que al invasor espanta; 

Y es Puebla que, al caer, su triunfo canta! 



YL 



No importa que entre ruinas, 
No importa que entre muros destruidos 
Suban con ese canto de victoria. 
Profundos ayes, lúgubres j émidos. 
Santos escombros, dignos de la historia, 
Mártires redimidos. 
Mártires por su patria bendecidos! 
Escombros bendecidos por la gloria! 
Que es mas noble y magnánimo 
Sepultarse en las ruinas de su patria 

Y no verla abatida a la vergüenza 
De estraña servidumbre; 

Y si quiere la suerte 

Que venza la maldad, pues bien! que venza 

Cuando el incendio alumbre 

Do quier la destrucción, do quier la muerte! 



■^^. YII. 



Ser un perjuro enano. 
Parodia de la estatua de un coloso; 
Ganarse pueblos, repartir coronas, 
En nuestra libre América, su esclava, 
Es el sueño de un déspota ambiciosol 
El quiere que sus áulicos 
Lo llamen el señor del Amazonas, 
Augusto emperador del Orizaba! 
Y no sabe el perjuro que ese rio 



— 128 — 

JEs un mar de huracanes; 

Y que ostenta magnífico en sus zonas, 
lío del hombre, de Dios el poderío! 

Y no sabe el impío 

Que en los Andes excelsos hai volcanes 
Que arrojan fuego y lava, 

Y que toda la América, 
Del Gila al Amazonas, 

Del pico de Aconcagua al de Orizaba, 

Habrá de mover guerra, 

Guerra eterna al tirano, 

Que osado pise nuestra libre tierra! 

Y al que, en su rabia de poder, intente, 
De otros tesoros ávida su mano, 

Con la vírjen diadema ornar su frente 

Y esclavizar al mundo Americanol 

YIIL 

Tiemble el perjuro enano! 
En la América libre, donde quiera, 
En las vastas llanuras, 
En las cumbres de la alta Cordillera, 
En las quebradas tétricas, y oscuras; 
En enfermizos puertos, 
En islotes desiertos. 
En rejiones sin nombre, donde quiera 
Que se tienda la vista, 
De mártires y héroes. 
El sol de libertad, tumbas blanquea! 
Hoi profana esas tumbas la conquista: 
Cuna de un héroe cada tumba sea! 
Llama a todos tus hijos vengan todos! 

Y con la voz airada 

De una madre ultrajada 

A combatir escítalos, 

América! En tus muros 

No son piedras con piedras hacinadas 

Los baluartes seguros; 

Son los pechos humanos, 

Las lanzas, las espadas. 



— 129 — 

X/as almas en lo heroico retempladas, 

De tus buenos soldados ciudadanos! 

Ante esos vivos muros 

El crimen retroceda! Si adelanta, 

En tus brazos sofócalo, 

]!^uevo mundo! Escarmienta a los tiranos! 

Donde ba puesto la planta 

Ese crimen nefando, allí sucumba! 

Que la América libre, americanos, 

Si es de la libertad la tierra santa, 

Será también de la opresión la tumba! 

Guillermo Matta. 

Mayo de 1863. 



-^ — <^;^--^ 



# 



A LOS POETAS. 



SONETO. 



íío ma8, no mas cantéis penas secretas 

Y lo que el propio sentimiento inspira; 
Cuando la patria a la venganza aspira, 
Guerra solo cantad, nobles poetas. 

Y entre hórridas, espesas bayonetas, 
Ardiendo en justa, jenerosa ira, 
Los cánticos mezclad de vuestra lira 
Con el bélico son de las trompetas. 

Dignos así de eterno honor haceos, 
Y, usando ya la lira, ya la espada. 
Con ellos conquistad dobles trofeos. 

Animad a lid encarnizada, ^ 
Combatid y triunfad, nuevos Tirteos, 

Y el triunfo cante vuestra voz sagrada. 

Francisco Flores. 



-o— ^^¡^-o- 



PLACIDO, 



Peregrino infeliz! alma probada 
En el crisol del sufrimiento I El mundo 
Si no maldice a tu asesino y llora, 
Yo le daré mi maldición: y el llanto, 
Tínica perla que la tumba pide, 
Colocaré en la tuya. Yo lie nacido 
Bajo el cielo de América, y hermano 
Te reconozco envanecido. El Plata 
'No columpia en sus brisas los palmeros ' 
Que toldaron tu cuna; pero en ellas 
Se bebe a par del néctar de las madres, 

Fiereza y libertad yo soi tu hermano!... 

Pongo las palmas en tu yerta frente 

Y mis manos de libre y de poeta 

Te lavan del delito. ¿Cuál fué el tuyo?.... 
Llevar la sangre de español mezclada 
Al fervoroso humor del africano, 

Y en las sienes la llama del injenio? 
Tener el cuello a la cadena uncido 
Como el bruto al arado, e independiente 
El alma como Cóndor que sublima 

Su vuelo en espirales hasta el cielo ? 

Si este tu crimen fué, yo te perdono ! 

Te absuelve el Dios que te abrigó en tu seno, 

Y se alzan de la tumba a perdonarte 
Los mejicanos Césares, los Incas, 

Las esposas del Sol y los volcanes 

De los Andes eternos, rebramando 
De cólera en tu muerte, sulfurosas 

Y amarillentas teas te levantan. 
Descansa en paz, no faltará a tu tumba 
Huérfana de una cruz, ni el agua santa, 



-132- fl 

'Ni el funeral incienso que las musas 

Te llevarán en las sonantes alas 

X/a purísima linfa del torrente 

Y los vientos del trópico su aroma. 

Sublime criminall cuánto te envidio 
1/a gloria que te espera! ya te siento 
Bajo el rastrero césped que te cubre 
Saltar de gozo al escuchar las liras 
De los vates de América. ISTinguno 
Avaro fué de su tributo en flores, 
ísTi al jénio perseguido ni a los héroes. 
Heredia huyó su esclavizada Cuba; 
Olmedo puso la mejor diadema 
En las sienes del Grande de Colombia, 
T espirando Yarela, a su tirano 
Con punzadores versos le hirió el alma. 

Te cantarán, te cantarán, oh Cisne 
Del mejicano marl dirán al mundo 
Que la cuchilla de Pizarro existe 
Con su rabiosa sed de sangre criolla: 
Que es delito tener tostado el rostro 
Con el fuego del sol, y que el tributo 
Del amargo sudor de sus esclavos 
Pide aun Fernando en boca de su hija. 

Juan María Gutiérrez. 



% 



HIMKO DE LA DEMOCRACIA. 



CORO. 



Como un radiante espíritu, 
Idea, tú caminas, 

Y siempre con los mártires 

Y con los héroes vas. 

De Europa y de la América 
^Los pueblos iluminas, 

Y al fin contra los déspotas 
El triunfo nos darás. 



I. 



El pueblo es libre! El cántico 
La voz del pueblo sea. 
De su esperanza, símbolo, 
Del porvenir, idea! 
Un himno leal y enérjico 
De patria ^ libertad! 

La voz que antiguos héroes 
Ya celebró triunfante, 
Con la del pueblo unísona 
Solemnemente cante; 

Y por sonora atmósfera 
Eetumbe su igualdad! 

11. 

La frente del demócrata 
En luz de amor se encienda, 
Sin miedo huelle impávido, 
De su deber la senda; 

Y crezca en lo magnánimo 
Su noble corazón! 



— 134 — 

De hoi mas leyes tiránicas w 

'No incensarán al crimen, 
Y temblarán los déspotas 
Que con el vicio oprimen: 
El pueblo es pura víctima! 
El pueblo es redención! 

III. 

No torjDe grei, estúpida, 
Seamos ciudadanos; 
Con fé en el pueblo, amémonos, 

Llamándonos "hermanos:'^ 

Y a nuestra patria démosle 
Justicia j libertad. 

Honrad así a los héroes 
Que nuestros padres fueron; 
En su valor patriótico 
Jamas desfallecieron; 

Y en vano abrió sus cárceles, 
Sus tumbas, la maldad. 

lY. 

La lid con la metrópoli 
Pasó! — la gran memoria 
De esas hazañas célebres 
Es nuestra propia glo^a. 
Lo que ha iniciado esa época 
Al fin se ha de cumplir. 

En los trofeos públicos 
El pueblo libre vea. 
La patria unida al júbilo, 
Al hombre con la idea: 

Y en su pasado histórico 
Brillando el porvenir. 

Guillermo Matta. 



1810. 



¡Mil ocliocientos diez! ¡Año de gloria! 
Levántate del fondo del pasado 
Y ven, hoi que te evoca la memoria, 
De sangrientos laureles coronado: 

En tus dias, mostrándose valientes 
Mil héroes de este suelo americano, 
Gritaron libres al alzar sus frentes: 
"íío haya de hoi más ni esclavo ni tirano." 

" |Mil ochocientos diez! tu viste entonce 
Hombres en su propósito constantes. 
Ala lucha llevar cuerpos de bronce, 
De corazón y espíritu jigantes. 

'Ni al seductor halago ni a la muerte 
Esas almas enérjicas cedian: 
En la feliz y en la contraria suerte, 
Solo ser libres o morir querían. 

Con su sangre regaron esta tierra 
Por el triunfo de un noble pensamiento: 
Sin armas se lanzaron a la guerra; 
Pero llenos de fé, llenos de aliento. 

¡Mil ochocientos diez! ante esos hombres 
Que limpiaron a Chile de tiranos, 
Dos que invocamos hoi sus altos nombres 
Parecemos raquíticos enanos: 

Ellos dieron la vida y la fortuna 
En la lucha gloriosa que emprendieron; 
En el campo de honor y en la tribuna 
La libertad de Chile sostuvieron: 

Ellos un triunfo espléndido alcanzaron 

En las batallas esponiendo el pecho 

Mas, de esa libertad que nos legaron. 

Los que después llegamos ¿qué hemos hecho? 



— 136 — 

Indolentes, la vemos dia a dia 
Lucliar con la ambición y el fanatismo, 

Y nuestra vergonzosa cobardía 

La abandona a los bordes del abismo. 

ííuestros padres negaron vasallaje 

Y combatieron a un tirano injusto: 
Hoi a nosotros, niños sin coraje, 
Una amenaza nos impone susto. 

De ese antiguo vigor nada tenemos: 
Débil el cuerpo, el corazón mezquino, 
'Ni amar con fé, ni aun el odiar sabemos; 

Y del honor perdemos el camino. 



Eestos de nuestros padres venerados, 
Bien estáis en la tumba que os encierra; 
Débiles vuestros hijos y menguados. 
Turban la paz y temen a la guerra. 

Esclavos de mezquinos intereses, 
Doblan a las pasiones sus rodillas; 

Y así pierden sus dias y sus meses 

En pequeñas y fútiles rencillas. 

• 
No hierve vuestra sangre en nuestras venas; 

Y pudieran alzarse los tiranos, 

Sin que hubiese, talvez, almas serenas 
Dispuestas a sufrir por sus hermanos: 

Y acaso un dia ese pendón sagrado 
Que con el aire de setiembre ondea, 
!N"o llegue a ser, como antes, saludado 
Con los ecos del triunfo en la pelea. 



;Mil ochocientos diez de alta memoria! 
Yete a hundir en los tiempos mas lejanos, 
Porque nos avergüenza tanta gloria 
Mirándonos tan débiles enanos. 

EUSEBIO LiLLO. 



A MAYO 



Hace tres siglos ahora! 
El trono ibérico entonce 
Sobre acero y sobre bronce 
Cimentado habia un rei, 
Cuya espada vencedora^ 
Humilló a los otros reyes, 
Cuyo jestos fueron leyes, 
Y medio mundo su grei. 



A cuyo carro triunñinte 
Guiaba siempre la victoria 
Y sobre él iba la gloria 
Coronando la ancha sien 
Del monarca, del jigante, 
Que si el mar le detenia, 
Yo iré mas lejos, decia: 
Te venceré a ti también! 



Y al punto un jenio profundo 
Inspirado por Dios mismo, 
Se lanzó con heroísmo 
Al temible, ignoto mar, 
A sacar un nuevo mundo 
Que en sus senos se escondía, 
Y que su alta fantasía 
Solo pudo adivinar. 



— 138 — 

Hace tres siglos ahoral 

Y la América inocente 
Tenia pura su frente 
De todo infame borrón; 

Y de sí misma señora, 
Ni soñó en futuras penas 
Al mirar en sus arenas 
Las banderas de Colon. 

Yieja Europa corrompida! 
Rebosaba en tí el veneno 

Y quisiste echarlo al seno 
De una tierra virjinal, 

Y agobiarla enfurecida 
Con tus bárbaras lejiones, 
Que en la cruz de sus pendones 
Escondían el puñal. 

Xo bastaba a tu codicia 
De los Incas la corona; 
El dosel de Moteuczoma 
'No saciaba tu avidez. 
Con satánica avaricia, 
Todo el mundo americano 
En el hueco de tu mano 
Pretendiste aeir talvez! 



América ¡ai de tí! tu dócil cuello 
Puso Dios en las manos del verdugo; 

Tocaron a degüello, 

Unciéronte a vil yugo; 
Y aquel sol que esmaltó tu hermoso cielo. 
La muerte oscureció con negro velo. 



Y la sangre corrió formando lagos, 
Desde el monte escarpado a la llanura: 

El Inca apuró a tragos 

La copa de amargura; 
Y de crjíneos alzóse una montaña 
Monumento de oprobio para España. 



— 139 — 

¡Oro, orol clamaba el estranjero; 

Y a quien oro a montones le ofrecía, 

Con implacable acero 
Su corazón partia; 

Y a BU vista ¡qué horror! hacia pedazos 
Al hijo que lloraba entre sus brazos. 

Cumple España tu suerte.... o tu delirio: 
El crimen no es difícil! sangre, fuego! 

Tú das hoi un martirio 

Que el tuyo será luego; 
Cuando América troce sus cadenas, 
También correrán lagos de tus venas! 

II 

'No oís? rumor lejano 
Se escucha allá hacia el Plata, 

Y por la sierra y llano 
Cual trueno se dilata 

Y va rodando al mar. 
¿Acaso son las iras 

Del Dios de las tormentas? 
No, no: la esclava ilustre 
Cansada ya de afrentas, 
Sus hierros va a trozar. 

¡Sublime fué aquel dia! 
Mirad! un mundo entero 
Sacude su apatia. 
Empuña fuerte acero 
Con ansia varonil; 

Y ardiendo en fuego santo 
El que era ayer esclavo, 
Donde combate, vence; 

Que el hombre libre, es bravo, 
El siervo es un reptil. 

Tan arduo fué su empeño 
Como su fin grandioso. 
Al despertar del sueño 
El pueblo, perezoso 
Sentia el corazón; - 



— 140 — 

Pero su voz potente 
Castelli alzó; j la llama 
Que de sus labios sale 
Al gran Moreno inflama 
Con sólida razón. 



La juventud ardiente 
Que a glorias solo aspira, 
Se abalanzó de frente 
A contrastar la ira 
Del gótico León. 
Y si de abismos hondos 
Sembrada halló su senda, 
También ganó laureles. 
Que la mas pura ofrenda 
Para la patria son. 



Tú San Martin trepaste 
La jigantesca cima, 

Y al español postraste 
En Chacabuco, en Lima 

Y el inmortal Maipú. 
A tí laurel eterno! 

A tí por siempre gloria! 
Libertador te aclama 
La justiciera historia 
De Chile y el Perú. 



Belgrano, tu alto nombre 
Escrito está en dos templos, 
Tus hechos ¡oh grande hombre! 
Serán bellos ejemplos 
Que nunca han de morir: 
Sabrán los venideros 
Que en Tucuman triunfaste, 
Sabrán que al pueblo esclavo 
La senda le mostraste * 
De un bello porvenir. 



— 141 — 

Balcarce! tú ceñiste 
Tu frente la primera; 
Que en Cotagata fuiste 
El que la azul bandera 
Batió en pompa triunfal. 
Pero mirad!... silencio!... 
Mas alto que los Andes 
Se eleva entre laureles 
El grande de los grandes, 
Bolivar inmortal! 



jY cuánta acción hermosa 
Quedó en injusto olvido! 
Cuánta alma jenerosa 
Incógnita ha subido 
Al trono del Señor. 
Lloremos! que la liistoria 
Con su buril severo, 
ísTo grabará sus nombres 
Para que el mundo entero 
Dé vivas en su honor. 



III 



Tal fueron de Mayo los dias de gloria: 
Marchando la patria de lucha en victoria, 
A filo de espada sus grillos trozó; 

Y el drama imponente que empieza en el Plata 
X/a América joven el dia desata 

Que allá en Ayacucho su Dios alumbró. 

Entonces del polvo la augusta matrona 
licvanta la frente que un jénio corona 
Con nueve guirnaldas de palma y laurel; 

Y aquellas guirnaldas, hermosa diadema 
Del libre hemisferio, son fúljido emblema 
De nueve naciones brotadas en él. 



— 142 — 

Florido destino^se estiende a su frente, 
Si en ellas jermina la santa simiente 
Eegada con sangre mas pura que el sol; 
Si saben sus brazos arar esa tierra 
Que en duras fatigas, en bárbara guerra, 
Libraron sus padres del yugo español. 

De boi mas, cuando miren surcando su rio 
Llegar a sus puertas ajeno navio 
Yeránlo acercarse sin mudo pavor; 
Que ya de la España no son los galeones. 
Que vienen a darles infames prisiones, 

Y el fruto a llevarse de tanto sudor. 

El bombre de Europa traspasa los marea 
Huyendo del aire que infesta sus lares, 
Para almas altivas veneno mortal; 

Y en aras del pueblo que supo a balazos. 
Librarse de reyes, ofrece sus brazos, 
Sus altas ideas, su pingüe caudal. 

Los reyes!... Los reyes!... palabra maldita i 

Que en mengua del hombre con sangre está escrita 
Sobre la honda tumba del tiempo que faé. 
Los tronos!... blasfemia! solo hai uno, eterno! 
Los otros son furias que aborta el infierno; 
De la ira del cielo son signos tal vez. 

Ser libre!... sin miedo decirse: — "soi dueño 
Del lecho en que gozan mis hijos el sueño, 
Del lienzo que visten, de un mísero pan." 

Y horribles presajios no estar entre el pecho 
Gritando sin tregua: — "Tus hijos sin lecho, 
Sin pan y sin lienzo mañana estarán!'' 

Ser libre! ser hombre! grandioso programa 
De Mayo solemne, magnética llama 
Do fueron sus hijos la espada a templar. 
¿Murieron algunos? Felices!... Al menos, 
Un templo en el pecho tendrán de los buenos 
Que ingrato el olvido no irá a profanar. 



%, 



— 143 — 



IV 



Y de tan altos varones 
Sobre la modesta losa 
Eusque el vate inspiraciones, 
Y oiga el mundo sus canciones 
Con atención relijiosa. 

Y las vírjenes en coro 
Con guirnaldas de ciprés, 
Alli viertan tierno lloro, 
Entonando en liras de oro 
Cantos épicos después. 



Y vosotros retoño de aquellos 
Que trozaron las patrias cadenas, 
Eecordad que tenéis en la venas 
Una sangre de gran majestad. 
'No olvidéis que al partir al combate 
Libertad! vuestros padres clamaban; 
No olvidéis que en la cuna os cantaban: 
— "Libertad, Libertad! Libertad!" 

Luis L. Domínguez. 



-o— ^^^-o- 



AL SOL BEL 18 DE SETIEMBRE. 



I 



En la rueda del tiempo presuroso 
Siglo tras siglo, oh sol, en tu carrera 
Puedas mandar en día tan hermoso 
Tu ardiente luz desde la azul esfera: 

Y las jeneraciones que levanten 
De nosotros en pos la erguida frente, 
Libres tu luz con entusiasmo canten 
Desde tu cuna al pálido occidente: 

Y al cruzar puro la azulada esfera, 
Cuando alumbres a Chile en este dia, 

No encuentres nunca, oh sol, en tu carrera 
JJas nubes de la negra tiranía. 

Siempre de libertad la estrella pura 
Brille contigo en el cénit de Chile; 
Y si una nube la empañase oscura 
Tu luz esplendorosa la aniquile. 

Sol de un dia inmortal, astro divino! 
Mucho tu albor sobre los Andes tarda; 
Apresura glorioso tu camino: 
Chile de pié tu luminar aguarda. 

Tú que viste a mi patria envilecida 
Su frente esclava doblegar con pena, 
Hoi la verás en gloria enriquecida, 
Próspera y libre y de esperanzas llena. 



— 145 — 



11 



Ycn espléndido sol; y si se eleva 
Hacia tu trono de zafir y de oro 
El canto de placer puro y sonoro 
Que alza boi Chile tu luz al contemplar, 
Dirás mañana, cuando a Europa alumbres, 
Que una ís'acion aquí serena crece 
A quien su suelo la riqueza ofrece 

Y esplendor y poder su estenso mar. 

Al pueblo audaz nuestro opresor un dia, 
Cuando tus luces le destelles, dile 
Que su esclavo de ayer, que el pobre Chile 
Que a las plantas miróse de su reí, 
Hoi de la paa a la tranquila sombra 
Sin mancha alguna su estandarte eleva: 
La espada a un lado victoriosa lleva 

Y al otro la justicia con la lei. 

Dile que libre de opresión estraña 
Crece y prospera el suelo Americano; 
Que aquí hallará, viniendo como hermano, 
Seguro albergue y abundancia y paz; 
Mas si con lucha aleve y despiadada 
Quiere asolar la americana tierra, 
Otra vez hallará valor y guerra, 
Duro escarmiento y represión tenaz. 
• 

Di a la .gloriosa, a la infeliz Polonia, 
Si puedes alumbrarla todavía, 
Que sepa, resignada en su agonía, 
Que del lidiar la gloria viene en pos: 
Dila que aquí miraste mil valientes 
Llorar también su esclavitud y duelo, 

Y alzar la voz y el corazón al cielo 
Justicia, en su horfandad, pidendo a Dios. 

10 



— 140 — 

Di también a la Italia, oh sol, que lidio 

Y abrigue de vencer firme esperanza; 
Que el dia llegará de la venganza 

Y al grito de victoria se alzará; 

Que recuerde que un tienipo,|soberana 
Jamas dobló la trémula rodilla 

Y el poder que tiránico la humilla 
Una tumba en su suelo encuentre ya. 

Entretanto levántate sereno, 
Bompe la nube que tu paso estorbe 

Y mándanos tu luz, fanal del orbe 
Suspendido en los cielos de zafir: 

Y oirás, al eco del cañón del libre 
Que saluda tus rayos en la esfera. 

El himno grato que a esa luz primera 
Hace el chileno a tu dosel subir. 

EySEBIO LiLLO, 

1845 



-<^-^i^-^ 



AL 18 líE SETIE3ÍEU1S. 



1. 



Diez y ocho de setiembre, Iiermosa fiesta 

De Chile, alegre día, 
Que nos viste lanzar el grave yugo 

De antigua tiranía; 

Cánticos te celebren de victoria, 

Que blanda el aura lleve 
Desde la verde plava hasta las cumbres 

Coronadas de nieve. 

Desde el desierto en que animal ni planta 

Yiven, y solo suena 
La voz del viento, que silbando empuja 

Vastas olas de arena, 

Hasta -donde la espuma austral tachonan 

Islas mil, de la dura 
Humana lei exentas, paraísos 

De virjinal verdura; 

Mí diez y ocho se cante de Setiembre, 

Y en la choza pajiza, 
En el taller, en la estucada sala 

Que la seda tapiza: 

A su loor alborozados himnos 

Canora fama siembre, 
Y bulliciosos ecos le respondan: 

nDiez y ocho de Setiembre.)» 



i4S 



II. 



Cual águila caudal, no bien la pluma 

Juvenil lia vestido, 
Sufre impaciente la prisión estrecha 

De su materno nido, 

Y dócil al instinto vagoroso 

Que a elevarse atrevida 
Sobre la tierra, y a esplorar los reinos 

Etéreos la convida, 

Las inespertas alas mueve inquieta, 

Y enderezada al cielo 
La vista, al fin se lanza, y ya por golfos 

De luz remonta el vuelo, 

Así el pecho sentiste, patria mia, 

Latir con denodados 
Brios de libertad, y te arrojaste 

A mas brillantes hados; 

Así el dia inmortal, de que hoi tus hijos 

Bendicen la memoria. 
Intrépida te vio, sublime, altiva, 

Campos buscar de gloria. 

III. 

*'No mas," dijiste, "un jeneroso pueblo 

Dormite en ocio muelle: 
Ser libre, jure; 3^ con su sangre el voto, 

Si es necesario, sello. 

"Bramarán los tiranos; guerra y luto 

Decretarán traeros, 
Y convertir en servidumbre eterna 

Los recobrados faeros. 

"Pero ¿cuándo en las lides la victoria 

No ha coronado al fuerte, 
Que a la ignominia de servil cadena 

Antepuso la muerte? 



— 149 — 

^'Qiie si al tirano alguna vez sonríe 

La Fortuna indecisa, 
Múdase presto en afrentoso escarnio 

La halagüeña sonrisa; 

"Y semejante al pueblo poderoso 

Que sojuzgó la tierra, 
Perdió la libertad muchas batallas, 

Pero ninguna guerra/' 

Dijiste; y el sagrado juramento 

En simultáneo grito 
Sonó, y en los chilenos corazones 

Fué para siempre escrito. 

lY. 

Lia feliz! cuando asomó la aurora 

Sobre la ajigantada 
Cabeza de los Andes, y la diuca 
Te cantó la alborada; 

Lime ¿qué nuevas hojas en el libro 

Que de pueblos y j entes 
Contiene en caracteres inefables, 
Destinos diferentes; 

¿Qué nuevas hojas desvolvió la mano 
Eternar' ¿Qué guardadas 

Eras del porvenir chileno, abrieron 
Sus pajinas doradas? 

¿Qué nobles hechos de alentado arrojo 
O de valor sereno, , 

De patrio amor y de virtud constante, 
Llevabas en tu seno? 

Los innatos derechos proclamados, 

Del hombre; la española 
Corona hollada, y concedido el cetro 

A la Lei santa sola: 



— 150 — 

De dos pueblos nacientes, en el brío 
Y en la esperanza grandes, 
Al choque impetuoso quebrantada 
La valla délos Andes; 

Los campales trofeos, que decoran 

Allá el monte, acá el llano, 
Y los que hendidos de chilenas quillas 
Vio absorto el océano, 

Y los que, cuando nada en Chile resta 

(^ue no ceda y sucumba, 
Dos veces vindicaron de los Incas 
La profanada tumba: 

Tales ejemplos de valor tu seno 

'Fecundo contenia, 
¡ Diez y ocho (Je Setiembre^ memorable 

y bienhadado día! 

Como la colosal futura palma 

Tierno jérmen oculta. 
Que será de los campos ornamento 
('liando descuelle adulta, 

Y contrastar sabrá de procelosos 

Huracanes la guerra, 
Y dará fruto sazonado, y sombra 
Tutelar a la tierra. 



Y. 



Ci'cce asi tú ¡querida patrial crece, 

Y tu cabeza altiva 

Levanta, ornada de laurel guerrero, 

Y fructuosa oliva. 

Y florezca a tu sombra la Fó santa 

De tus padres; y eterna 
La libertad prospere; y se afiance 
La dulce paz fraterna; 



— 151 — 

Y en tu tíiiliid y bienestar y gloriíi, 
Con la mente y la mano, 

Trabajen a porfía el rico, el pobre, 
El joven, el anciano; 

El que con el arado te alimenta 

O tus leyes espiana, 
O en el sendero de las ciencias guia 

Tu juventud lozana, 

O con las armas en la lid sangrienta 
Defiende tus hogares, 
O al infinito Ser devoto incienso 
Ofrece en tus altarcsl 



YI. 



Pero del rumbo en que te engolfas mira 

Los aleves bajíos 
Que infaman los despojos miserables 

Ai! de tantos navios. 

Aquella que de lejos verde orilla 

A la vista ¡carece, 
Es edificio aéreo de celajes, 

Que un soplo desvanece. 

Oye el bramido de alterados vientos 

Y de la mar,' que un blanco 
Monte levanta de rizada espuma 
Sobre el oculto banco; 

Y de las naves, las amigas naves, 

Que soltaron a una ■, 
Contigo al viento las flamantes vela», 

Contempla la fortuna. 

¿Las ves, arrebatadas de las olas, 

Al caso estremo y triste 
Apercibirse ya ?... Tú misma, cerca 
De zozobrar te viste. 



l-^i 



— 152 ~ 



YII. 



A tus consejos, a tu pueblo, sabia 

Moderación presida; 
Y a la insidiosa furia, cuyo aliento 

Emponzoña la vida; 

Que de la Libertad bajo el augusto 

Yelo esconde su fea 
Lívida forma, y el puñal sangriento 
Y la prendida tea. 

No confundas incauta con la vírjen 

Hermosa, pudibunda, 
A quien el iris viste, a quien la frente 
Fúljida luz circunda; 

Nodriza del injenio y de las artes, 
De la justicia hermana, 
Que fecunda y alegra y ennoblece 
La sociedad humana. 

Así florecerás, patria querida: 

Tus timbres venideros 
Así responderán a los ensayos 

De tu virtud, primeros. 

Y, del héroe a quien dio del Santa undoso 

La enrojecida orilla 
Eterno lauro, el héroe que hoi ensalzas 

A la suprema silla. 

Pasando el grave cargo, en gloriosa 

Serie, de mano en mano. 
Madre serás de jentes, que tu suelo, 

Antes fecundo en vano. 

Densas habitarán, libres, felices; 

Y con mas alegría 
Cantarán cada nuevo aniversario 
De este solemne dia. 

Andrés Bello. 
1841. 



AL SOL DE SETIE31BRE, 



¡Sol de setiembrel el mas hermoso dia 
De los fastos de Chile en tu carrera 
Para siempre alumbraste! ¡Tu luz pura, 
Tu vivífica luz allá en la sierra 
Se difunde en oleadas portentosas; 

Y esparciendo tu rubia cabellera, 
Tines de rosa y nácar de los Andes 
Las blanquísimas moles y altas crestae; 

Y al cénit avanzando, en vivo fuego 
Ardes el cielo y la espaciosa tierral 

La estación invernal huye y se esconde, 

Y bajan de la helada cordillera, 
En musicales y espumantes saltos, 

Cien riachuelos que hasta el mar serpean: 
La campiña recobra su verdura, 
La flor galana' su perfume suelta, 
Y, con trinar suave, el pajarillo 
Alborozado canta en la floresta. 
¡Sol de setiembre! para tí ostentosas 
Sus galas revistió naturaleza; 

Y en el dia mas grande de la patria 
Te sale a saludar la primavera! , 

¿Qué viniste a alumbrar, sol de setiembre?. 
¡Era un pueblo que alzaba una bandera!... 
¡Era un pueblo que daba un grito santo! .. 

Y ese grito al sonar decia ¡guerra! 

Y en la bandera tricolor escrita 
Esta májica voz: ¡¡Independencia!! 



— 154 — 

Al tíoiiar de la voz curioso muévese 
Un pueblo entero que a vivir despierta; 
Se ajita y corre y sorprendido invade 
El centro todo en muchedumbre inmensa; 
Eepite la palabra, y balbuciente 
Traduciéndola va de mil maneras; 

Y al conocer su prodijioso alcance, 
Rompo a decir en coro ;guerral ;guerral 
Ya deja la labor y sale al campo, 

Y la palabra va de lengua en lengua; 

Y al grito que subleva a las ciudades, 
La aldea y la campaña se sublevan. 

Por el fusil y la cortante espada 
El artesano su herramienta trueca, 

Y el canon a servir se ofrece osado 
Quien solo supo manejar la reja. 
Cunde el ardor, se alistan las escuadras, 

, El mar se cubre de artilladas velas 
Que señoras serán del océano 

Y al fin se ven en la revuelta arena 
Al uno y otro ejército embestirse, 

Y a la fortuna detener su rueda 

¿Quién venció? ¿quién cayó? Pudo un instante 
Chile caer; pero al tocar la tierra, 
Cual otro Anteo recobró la vida. 
Recobró su vigor y su potencia ; 

Y el sol le ciñe una triunfal corona, 

Si antes luto vistió por las tinieblas. ^ 

•^ó, padre de la luz, no fueron vanos 
Ni tu rojo esplendor ni tus promesas; 
Que en el banquete de los pueblos libres, 
Hoi por tí Chile con honor se siental 
¡Hoi puede con orgullo alzar ufano 
Su pendón tricolor, y de esa enseña, 
Recibir en la sien el puro lampo 
De la preciosa y celestial estrellal 
;Esa es la misma que al combate rudo 
Le ha guiado en los mares y en la tierra, 



— 155 — 

Y es la misma también que lia de lucirle 
Para orientar al pueblo en las tormentas! 

Sí, raza de valientes, sangre iioble 
Derramasteis en campos que ora muestran, 
No ya de aquella lucha de jigantes 
Las tristes descarnadas osamentas; 
Mas sí la espiga del dorado grano, 
La riquísima en frutos arboleda, 
La vid enamorada que se enlaza 
Para dar mas opima la cosecha. 
Campos que solo ayer estaban yermos, 
Hoi caseríos por do quier ostentan; 

Y de las minas, manantial perenne, 
Saca a brillar metálicas riquezas. 

La playa solitaria que de chozas 
Harto infelices salpicada apenas. 
Sustento escaso al morador desnudo 
Trabajosa le daba con la pezca, 
Hoi el comercio ha transformado en rica 
Mansión de movimiento y de opulencia. 

La nave voladora, en raudo empuje 
El mar cruzando, llega a las riberas, 

Y en cómodos bazares deposite 

De las artes e industrias estranjeras 
El soberbio tributo. Enjambre activo 
De intelijente juventud las puebla, 
Donde el francés idioma y el britano, 

Y el materno español distintos suenan; 
Que el comercio así importa, ya la industria, 
Ya las vastas ideas, ya las lenguas. 

Hoi brotan de las artes las primicias, 
Tempranos frutos ya nos dan las^ciencius, 

Y como en armas vencedor ha sido. 
También lo ha de ser Chile por las letras. 

Sí, pueblo de valientes, tanto pudo 
Quien quedó yencedor en la pelea; 
Hoi por la fuerza del vapor movida, 
Nadie calcule cual será tu fuerza. 



-vJoO 



— 156 — 

Si ouando aun niño, tanto la ostentaste 

Y coronada vióse la alta empresa, 
Eecuerda que venciste en otros pueblos, 
Juntando tu pendón a otras banderas. 

La pluma de oro de la historia ha escrito 
En su libro de pajinas eternas, 
Que unida ha sido vencedora y libre 
Esta r ejión vastísima de América; 

Y unida ha de vivir, si quiere siempre 
Conservar su preciosa independencia. 
Entregada al furor de las pasiones, 
De su mismo furor ha sido presa; 

Y el camino mostró de sus entrañas 
De la discordia al encender la tea.... 
¡El armiñado manto que ha cubierto 
A la hija de Colon y de Isabela, 

JSÍo en jirones los fuertes lo arrebaten 

^o en la lanza del bárbaro se prenda!.... 

¡Contra ella se conjuran en secreto 

Las sitibundas hordas fiibusteras 

Que, para horror del mundo, han abortado 

Otra lei, otra raza, no la nuestra 

Y en el velado porvenir se alcanza 

Solo en la unión la salvación de América! 

Sí, pueblo de valientes. ¡Goza en la obra 
.De tus ínclitos padres! ¡Brille eterna 
Tu gloria sin mancilla! ¡Luzca siempre 
Sobre tu frente altiva, de tu estrella 
El ra^^o rutilante! ¡En los altares 
De la patria también caiga la oírenda 
Que deba de inmolarse en sacrificio, 

Y el holocausto las pasiones sean! 
¡El corazón ardiendo en fuego sacro, 
Palabras sonorosas dé a la lengua, 
Que entre vapores incensados, se alcen 
Al trono de la Suma Omnipotencia! 

¡Sol de setiembre! el coro de mil vírjencB 
Que para tu alabanza se concierta 
Como un órgano inmenso en armonías, 



— 157 — 

Suba a vibrar en la rejion etérea. 
¡Truene el cañón! ¡sonoros estampidos 
Los ámbitos recorran por do quiera; 

Y ol fausto nombre del chileno dia 
Asordadas lo escuchen las esferas! 

¡Sol de setiembre! invoquen las edades!.... 
¡Sol de setiembre! canten los poetas! 
Que para tanto ya del harpa solas 
Yi brando están las numerosas cuerdas! 
Pulsadlas, pues, j en poderoso acento, 
Con voz robusta y con fecunda vena, 
Al cantar de los héroes las hazañas. 
Enseñad a las jentes venideras, 
Que Chile dio una vez un grito santo. 
Que aquella vez se despertó a la guerra, 

Y que en su enseña tricolor ha escrito 
Para siempre jamas: ¡¡Independencia!! 

Hermójenes de Irisarri. 

1869. 



A LA LIBERTAD 



FRAGMENTO. 

¡Cuánta sangre corrió vertida a mares 
Por alcanzarte, oh Libertad sagrada, 

Y llevar en ofrenda a tus altares 
Una jeneracion noble y honrada! 

Y envuelta entre amargura, entre pesares, 
La Humanidad doliente, ensangrentada, 
Siempre rejida por tu luz camina, 

Y ante tí solo, oh Libertad, se inclina. 

En valde con cadenas los tiranos 
Temerosos los pueblos oprimieron: 
Su saña inútil, sus esfuerzos vanos, 
Testigos solo de su mengua fueron. 
Desde los turbios siglos mas lejanos 
Por tí los pechos con valor latieron, 
Y, oh Libertad, tú siempre el sueño fuiste 
Del hombre libre j del esclavo triste. 

La Humanidad es una: en la pelea, 
En la paz, la borrasca y la bonanza, 
Tú fuiste, oh Libertad, la hermosa idea 
Que acarició risueña su esperanza! 
Por ella Grecia derramó en Platea 
Su sangre, ardiendo en ira y en venganza, 

Y ciñó rica de entusiasmo y gloria 
El brillante laurel de la victoria. 



^> 



— 150 — 

Por tí íué grande Homa, y la señora 
Del mundo fué con el valor latino, 

Y de Italia y del mundo vencedora 
Brilló do quiera su blasón divino: 

,Tíi fuiste, oh Libertííd, su protectora, 
Empuje diste a su mortal destino, 
Mientras sus hijos libres no rindieron 
Su frente, ni su nombre envilecieron. 

Ultima luz de la virtud Eomana, 
Catón, vibra el puñal con mano fuerte: 
Miró en su patria a perecer cercana 
Xia Libertad, y despreció su suerte. 
Pues es en Eoma su palabra vana 
Prefiere a la deshonra noble muerte, 

Y hiere un coiazon que nadie doma! 
Muere con él la libertad de Eomal 



¡Oh Libertad!, después te profanaron, 

Y en un siglo de luz para matarte 
Tus altares de víctimas mancharon, 

Y alcanzaron al fin a esclavizarte: 
Asesinos tu nombre proclamaron. 
Del crimen y el terror hicieron arte, 

Y el pueblo que en la sangre se embriagaba 
En torpe esclavitud hundido estaba. 

¡Oh Francia, oh puebla ilustre! Tus Nerone? 
De la idea mas santa hicieron crimen! 
Ai! aun en tus lóbregas prisiones 
Mil ecos de dolor vagando jimen!... 
De tan negros fatídicos borrones 
Tus historias aun no se redimen, 

Y aun pesa nube de funesto duelo 
Sobre tu triste, ensangrentado suelo. 

Ko eras tú, Libertad, la que rejias 
Pueblo tan cruel en tan siniestras horas: 
Tú de su suelo criminal huias. 
De sus luchas de muerte abrumadoras; 



cf- 



— 160 — 

Y él contaba sus crímenes por días, 
Sus escenas de sangre aterradoras; 

Y el pueblo era el verdugo de sí mismo, 

Y del error se hundía en el abismo. 



Iloi, Libertad, América te ofreco 
Digna morada en su alfombrado suelo. 
Donde bosques de palmas blanda mece 
El viento raudo al estender su vuelo: 
Tú árbol sagrado, oh Libertad, florece 
Bajo su puro y trasparente cielo, 
Y en cada altivo pecho Americano 
Encuentras un altar republicano. 



Jamas traidora la violencia intente 
De ella arrancarte, oh Libertad sagrada. 
Ni la corona de su noble frente 
Se descolore mustia y marchitada. 
Ni la anarquía en su interior reviente, 
Ni guerra criminal y desastrada; 
Ni ¡oh cielo! los soldados de los Eeyes 
Vengan a herirnos, ni adietarnos leyes! 

Ira de Dios! Y si el canon resuena 
De estranjero invasor, el ciudadano 
Será soldado, y do entusiasmo lleno 
Su alma, sabrá luchar contra el tirano! 
Con frente altiva, impávida y serena 
Sentirá el eco del canon cercano 

Como retumba en el combate rudo 

¿Quién que ha nacido libre temer pudo? 

No! Esa atmósfera infecta no aspiramos 
Los que libres sin mengua hemos nacido; 
Los que a la cara patria tributamos 
Santo homenaje en el deber crecido; 
Los que ese dulce nombre pronunciamos 

Y sentimos el pecho enardecido, 

Y los que hemos vivido en esta tierra 
Aun no olvidada del clamor de guerra! 



— 161 — 

Maldito el miserable que indolente 
Del aíi'iido clarin tiemble íil sonido! 
'' Hunda en el imlvo la cobarde frente^'* 
Se dé su nombre vil a eterno olvido! 
No ese el destino sufrirá el valiente, 
Aunque muera en el campo dolorido, 
Que morir por la patria es noble muerte, 

Y para el hombre libre hermosa suertel 

Yo quiero combatir, aspirar quiero 
El polvo del combate, oir con calma 
Como ruje el cañón, clama el guerrero. 
Severo el rostro e impasible mi alma; 
Quiero blandir el forniidal)le acoro, 
Quiero del triunfo conseguir la palma, 

Y escuchar los acentos de la muerte; 
Con ira el corazón sentirme fuerte. 



Amor sublime, patriotismo santo, 
Tú al ciudadano libre al campo llevas. 
Donde ansioso de gloria y sin es^)anto, 
Al rango de héroe vencedor lo elevas: 
Tú el pecho llenas do tu augusto encanta, 
Le das al alma aspiraciones nuevas, 
Que el noble corazón que por tí late 
Ansíala gloria, el triunfo y el combate! 

;01i Libertad! por conservarte pura 
Jeneroso mi sang]'c verterla; 
Y fuera para mí gloria y ventura 
Morir luchando por la patria mía! 
Nunca en las aras de tu templo, impura 
Sangre so vierta en vergonzoso dia; 
Nunca te arranque coii prot r a mano 
De tu sagrado altar torpe tirano! 

El mundo se prosterne a tus altares^ 
Himnos te eleve de alabanza y gloria, 

11 



— 162 — 

Y al compás de sus himnos y cantares 
Te consagre sus pajinas la' historia! 
Corra la sangre, si es preciso, a mares 
Por alcanzar tu espléndida]victoria: 
Siempre tus leyes en el mundo rijan, 

Y ellas los pueblos con su luz dirijan! 

Carlos Walkee Martínez. 
1864. 



ÍÍ>— o- 



BOLÍYAR, 



Ayer cuíindo era niño mi madre me contaba 
La historia de tres siglos que América escribió: 
Contábame que mi hombre (que al recordar lloraba) 
Sobre un caduco cetro la independencia alzó. 

Contábame que ese hombre do qniera con su espada 
Sepulcros dio al tirano y a América nn altar; 
Que cual Jehová los orbes sacara de la nada, 
El supo un mundo libre del caos levantar. 

Pasó mi edad de niño, mas luego me hice hombre: 
Yí en un salón suntuoso la forma de un varón: 
Ávida la pupila buscó a sus pies el nombre, 
Y sorprendida el alma deletreó "Simón!!!" 

El es!! ■. aletargados mis labios j)i^oniiiiciaron, 

El es !! en los contornos el eco remedó: 

Trémulas mis rodillas de hinojos se postraron; 
El es !!! convulso el labio de nuevo repitió. 

Tú ñiistes ese hombre, magnético dibujo, 
Colgado por adorno, sin voz en la pared: 
Tú fuiste el rayo ardiente que el Avila produjo 
Que atosigó de Iberia la sanguinaria sed. 

Talvez cuando en la noche la fértil Yenezuela 
Se duerme al son lejano del turbulento mar, 
Eompe la yerta losa tu sombra y la revela 
Arcanos que ella guarda risueña al despertar. 



— 16i — 

Talvez se oyen perdidos dulcísimos acentos 
Que un ánjel que te sigue derrama del laúd; 
Talvez al son nocturno de perfumados vientos, 
Te encierras misterioso de nuevo en tu ataúd. 

Ven a inspirar mi musa, Libertador de un mundo 
Que el lauro de otros héroes amortiguando vas, 
Suspende los ensueños de mi dormir profundo, 

Y estampa en mi memoria tu aparición fugaz. 

Yo sé que siendo niño pintaste en tu sonrisa 
Lo que escondida el alma soñando meditó, 
Que luego el nombre de héroe te distinguió en laliz a 

Y el sueño de la infancia tu lanza realizó. 

Que entonces el tirano su frente alzó altanera, 
Te vio y un sol de sangre tras él se levantó; 

Y el león d« las Castillas, que acaso en paz durmiera, 
Al brillo de tu espada convulso despertó. 

Lanzóse a la llanura con desigualrujido, 
Sereno sus lejiones le viste numerar; 

Y al cuervo del desierto desde el salvaje nido, 
Su tumba en el desierto se le escuchó augurar. 

Mas tarde al son de muerte del sanguinario acero, 
Victoria por Bolivarl!! un eco murmuró: 
Maldijo sus destinos ol castellano fiero, 

Y amenazando al cielo sacrilego espiró. 

Tu gloria es mas sublime que el sol que se levanta. 
Que del lejano cénit el di.ífano cristal; 
Que el ánjel que el hosanna sobre los astros canta, 
Que el ruido del torrente cruzando el arenal. 

Washington y otros héroes, atletas que lidiaron, 
Son átomos tan solo que jiran junto a tí; 
Los Alpes un coloso sobre su cima alzaron; 
Mas yo sobro los Andes mas grande que él te tí. 



„ 165 — 

Que aquel furioso jigaiite 
Que al mundo quiso abarcar, 
Sobre una playa distante 
Le arrojó bramando el mar, 

Porque sediento de gloria 
Vencedor trepó a la altura; 
Mas ignoró en su bravura 
La aurora de Waterloo 

Pero tú, sol de mi patria. 
Mientra hubiste combatido, 
Nunca te vieron vencido: 
Solo te venció el dolor. 

Mas tarde abrieron tu historia, 
Por baldón arrinconada, 

Y arrepentida y turbada 
Lloró una jeneracion: 

Y su llanto doloroso 
Yertido al remordimiento. 
Fué a esconderse macilento 
En tu lúgubre panteón. 

Entonces se alzó tu sombra 
Sobre el Avila empinado; 

Y a sus pies avergonzado 
Demandó el malo perdón; 

Porque maldijo tu nombre 
En su loco desvario, 

Y te dio a beber impío 
El tósigo del pesar; 

Porque en una triste orilla 
Que el mar solitario moja, 
En tu funeral congoja 
Te vio, riéndose, espirar 



— 166 — 

Sacude el hediondo sueño 
Sombra magnífica y santa, 
Yen a ver cual se levanta 
El sol que te vio nacer. 

Yen a oir la voz de un hombre 
Que en el templo te saluda, 
Aunque en tu féretro, muda, 
Te vuelvas, sombra, a esconder. 

Bolívar, yo recuerdo que en la niñez pacífica 
Mi madre sollozando tu historia me contó: 
Que luego en una sala tu forma vi magnífica, 

Y balbuciente el labio tu nombre deletreó. 

Que se ocultó la lumbre de aquel brillante dia, 

Y amaneció otra aurora tremenda para tí: 
Que el malo tu retrato rabioso conducía, 

Y le arrastró en el suelo con torpe frenesí 

Bolívar yo recuerdo que un suelo hospitalario 

Sobre el cadáver tuyo su llanto derramó. 
Que el tuyo aletargado, ni un ruego funerario 
Al son de sus campanas acongojado alzó 

Perdona, oh patria mía, sí en mi cantar te ofendo, 
Si recordé insensato lo que olvidar debí; 

Perdona en tu semblante 3^0 tímido comprendo, 

Que acaso al son del arpa tu corazón herí. 

AniGAiL Lozano. 



^-^) 



ÜX BECÜERBO A MI PATRIA. 



Dulces memorias de la patria mia, 
Henchid de amores mi abrasada frente; 
Que ardiente el labio de placer sonria 
Cuando crucéis por mi ajitada mente; 
Que en vano luce el luminar del dia 
Para el que llora de su patria ausente, 
Si ha de mirar en el estraño suelo 
Sin luz la vida, sin color el cielo. 

Porque la luz que encanta nuestra vida 
Es la que vemos en la dulce cuna, 
Del inocente amor tierna querida, 
Mas bella j mas hermosa que ninguna; 

Y a nuestra gloria sin cesar unida, 
Sin esa luz, ni es bella la fortuna, 
Ni son hermosas las mas ricas florea, 

Ni existen glorias, ni ambición, ni amores. 

Yenid, memorias, revolando inquietas 
Llevad mi mente a la frondosa cumbre 
De esas montañas que en el mar sujetas 
Se estienden en inmensa muchedumbre 
Abrumando el pensar de los poetas; 
Llevadme a la encendida y réjia lumbre 
Que enrojece al pasar nuestras arenas; 

Y allí calmad mis tormentosas penas. 



— 168 — 

<¿ue en vano torno la incansable vista 
Por este mundo de vivir cansado, 
Si apenas comentar puedo en su lista 
Ija historia de los siglos que han pasado. 
Cada línea nos muestra una conquista, 
Cada pueblo un jigante destrozado, 
Cada grano de arena una memoria, 

Y donde (juiera una jigante gloria. 

Y el corazón, el corazón vacío, 
De admiración y luz se llena en tanto; 
Mas, ¡ai! le falta del paterno rio 
Aquel susurro indeñnible y santo. 
Todo es hermoso aquí, mas nada es mió. 
Mío es ¡oh patria! tu amoroso encanto, 
Como es tuyo no mas mi pensamiento 

Y tuya la espresion del sentimiento. 

Bellos son estos ricos mausoleos 
Que el polvo encierran de la antigua Europa, 

Y bellos los magníficos trofeos 

Que alza en. España su guerrera tropa. 

Y si no hai en sus viejos Pirineos 
De árbol frondoso la empinada copa, 
Allí a los gritos de esterminio y guerra 
Cayó el imperio del francés por tierra. 

Todo es hermoso aquí, patria adorada, 

Y todo aqní con majestad se ostenta: 
De algún templo la cúpula gastada 
Talvez ignora cuántos siglos cuenta. 

Y en mil columnas la mezquita alzada 
A los ojos del mundo se presenta; 
Pero entre tanta cifra misteriosa 
80I0 me acuerdo de mi Cuba hermosa. 

Suave es la brisa en la floresta umbría, 
Ricos los frutos son, bellos los prados, 

Y el blando aroma y de mejor valía 
Brota bajólos cielos celebrados, 



— 169 — 

De la hermosa y ferax Andiilucia; 
Pero entre tantos goees decantados 
Yo mas quiero tus vegas que sus viñas, 
Mas que sus frutas, nuestras dulces pinas. 

Til no tienes alcá/.ares moriscos, 
Recuerdos de otros tiempos gloriosos; 
Pero puedes alzar sobre tus riscos, 
Muros, anfiteatros y colosos, 

Y pirámides, faros y obeliscos 

Mas que cuantos brillaron prodijiosos, 
Que el oro se alimenta en tus entrañas 

Y en la sabrosa miel do nuestras cañas. 

Ardiente el Sol tus campos ilumina, 
Bello el pájaro canta en la alameda, 

Y al eco dulce de su voz divina 
Corre la brisa por tus campos leda. 
Sobre tu seno virjinal jermina 

Sin la industria del hombre la arboleda, 

Y al terrible rujir del Océano 
Alza la frente el trovador cubano. 

íío serán las canciones orientales 
Mas gratas que tus suaves cantinelas, 
ííi serán las huríes celestiales 
Mas bellas, que tus vírjenes morenas; 
Que sus divinos ojos tropicales 
Abrasan al pasar nuestras arenas. 
Cual del árabe negros sus cabellos, 

Y sus ojos mas negros, y mas bellos. 

Flores, frutos y esencias primoi^osas- 
De jazmines, de lirios y claveles. 
Tienen, ¡oh patria mía! tus hermosas 

Y quintas deliciosas y verjeles; 
Brisas para sus siestas calurosas, 
Para tu blando invierno ricas pieles^ 

Y tienen ¡ai! como mas pura esencia^ 
La venturosa paz de su inocencia. 



— 170 — 

El canto de tus bellos ruiseñores 
Halaga blandamente tus festines, 

Y fuentes con variados surtidores 
Bullen, saltan y riegan tus jardines: 
Los ánjeles celebran tus amores, 
Porque son tus doncellas, serafines 
En quien el cielo con su fuego inflama 
Del casto amor la pudorosa llama. 

Las aguas de tus ricos manantiales 
Brotan eternamente en las praderas, 

Y en tus vegas y hermosos cafetales 
Se estienden los bambúes en hileras: 
Al soplo de las brisas matinales 
líacen entre rosales tus palmeras, 

Y naranjos y hermosos limoneros, 
Al pié de tus jigantes cocoteros. 

Riquísimas también tapicerías 
Adornan el precioso gabinete, 

Y del Asia costosas pedrerías 

De tus bellas se ven en el retrete: 
Persianas por cerradas celosías 
El humo exhalan del mejor pebete, 

Y en tus salas de mármoles brillantes 
Ostenta la cubana sus diamantes. 

El rojo Sol de púrpura teñido 
Que tus fértiles campos fecundiza 
Con su disco de fuego enrojecido, 
Tu faz encantadora diviniza: 
Edén del universo el mas querido 
En donde el mismo cielo se electriza, 
Yo idolatro tu nombre soberano: 
Aquel que no te adora, no es cubano. 

Nada te falta para ser señora, 
Todo lo tienes en tu mismo suelo; 
Mas no ha llegado la anhelada hora 
De levantar tu venturoso vuelo: 



— iri — 

¡Oh! si llegase tan brillante aurora, 
Aunque yo pereciese en mi desvelo, 
Después de verte con triunfantes galas 
Alzarte libre y desplegar tus alas. 

¿Cuándo será que despertando osada 
Pe ese letargo que te aduerme impio, 
Alces la frente de esplendor bañada 
Con tu inmenso y terrible poderlo, 
Y el universo ante tu faz airada 
Te conceda el supremo señorío. 
Que tu brillante porvenir nos pinta 
Con los vivos colores de su tinta? 

¿Cuándo será? los incansables años 
Que se escapan en pos de tu ventura, 
Te dejan al pasar los desengaños 
De esa africana servidumbre impura! 
¡Oh! no al terrible peso de sus daños 
Tarde conozcas tu fatal locura. 
Que si torpes esclavos no tuvieras, 
Un pueblo libre y soberano fueras. 

Mas ¡ai! memorias que llegáis molestas 
No atormentéis mi espíritu abatido 
Con tantas penas por mi mal funestas; 
Venid con el brillante colorido 
De mis cubrnas y amorosas fiestas. 
Por que mi corazón enardecido 
Pueda pintar con delicioso canto 
Do mi Cuba infelice el bello encanto. 

rEANOISCO OrGAZ 



^-^m—^ 



A lA ILiSTKE ItErUBLICA DE CKÍLE. 



1. 



¡Chile heroica, saludl El alma herida 
33c un sentimiento poderoso y santo, 
Quiere habhirte, y no te habhi estremecida, 
Porque le embarí»:a hi palabra el llanto. 
Acéptame una hígrima encendida 
De inmensa gratitud, que no es mi canto 
El que pueda espresar mi pensamiento, 
Ni decirte jamas lo que yo siento. 

II. 

Salud brillante luz americana 
Tan majestuosa, tan jentil, tan bella: 
En tu albor virjinal está "el mañana" 
Escrito en torno de tu hermosa Estrella. 
Tú de mi patria jenerosa hermana, 
Tú que compartes el pesar con ella, 
Permíteme llegar hasta tus lares 
A poner una flor en tus altares. 

IIL 

Gloria a tus hijos, perdurable gloria 
A tu ijnponente ínajestad sublime, 
Cadar^^ájina escelsa de tu historia 
Grandeza, abnegación tan solo imprime. 
Vives tú de mi patria en la memoria 
Que eres su corazón. ¿N"o es cierto, di me, 
Que algún dia de próspera fortuna 
Dios quiso darnos el vivac por cuna?... 

IV. 

iSi este el oríjen fue de nuestra vida. 
Si plugo al cielo coronar la hazaña 
De los hermanos con su fuerza unida, 
Contra tres siglos que opusiera España; 
Si esa España valiente, convertida 



— 173 — 

Hoi en cobarde, de impotente saua 
Xos viene a perturbar en nuestra tierra, 
Arranquemos la paz, dentro la guerra. 

y. 

Clamor de guerra por do quier retumba 
De uno al otro confín del continente, 

Y hasta el cadííver de la fria tumba 
Parece alzarse y sacudir su frente. 

De monte en monte, por el aire zumba 
La bélica señal. De jente en jente 
Repítese el clamor: todo lo inflama 
De libertad la sacrosanta llama. 
YI. 
Una la causa es, nna la idea g 
Que en nuestra mente varonil jermi na... 
Aprestemos el brazo a la pelea 

Y sellemos la pajina divina 

Del código de unión. Europa vea 
Que en América un rei jamas domina, 
Porque sus libres y templadas zonas 
Solo tienen laureles por coronas. 

YII. 

Grande la lucha fué con los tiranos 
Vencedores del déspota de Europa, 
Que tuvimos ayer, americanos. 
;Hoi temeremos su bastarda tropa. 
Nosotros, que al nacer republicanos 
Bebimos del honor en ancha copa 
La unión de libertad?... ¡oh! cuánto ultrajel... 
Atrás la esclavitud... el vasallaje. 

YIIL 

Honor al pueblo ingles. Libre y sagrado 
Su majestuoso pabellón ondea 
Por la vasta estension del mar salado 

Y en la rejia ciudad como en la aldea, 
Allí la libertad su trono ha alzado, 
Su poder Tliemis, su saber Astrea, 

Y es la única luz que allí ilumina 

A Europa enferma, cuyo sol declina 



— 174 — 

IX. 

'No así América tú. Joven, hermosa, 
Vivida imájen del Edén divino, 
Con tus celajes de amaranto y rosa 
Que circundan tu rostro peregrino. 
Con tu corona real, esplendorosa 
Que representa tu inmortal destino. 
No América feliz, aguarda, aguarda 
Ya el sol de oriente en asomar no tarda. 

X. 

Tuyo es el porvenir. De luz y grana 
Besa tu frente matinal aureola. 
Que has de ser de la tierra soberana 
Me lo dice mi fé. Ya tornasola 
El crepúsculo azul de la mañana, 
Y en el alto cénit te encuentra sola, 
Esperando de Dios, la hora deseada 
Diez y ocho siglos, para tí, guardada. 

XI. 

Y tú mi patria, mi Perú, mi encanto 
Que te hallas en la hora de la prueba, 
Que al mundo ostentas patriotismo santo, 
Que tu hazaña de ayer hoi se renueva. 
Tú que sembrastes el horror y espanto 
En esa España, que tu marca lleva, 
^ue nunca olvidas de Junin la tarde, 
¿Entre tus hijos, habrá algún coba:^le? 

XII. 

No, porque todos con el alma llena 
De bélico furor y de esperanza 
Aguardamos la lid, ¿ois!*.... resuena 
El clarín del combate.... a la venganza 
A la venganza, sí, patria chilena. 
¡Qué el Perú y Chile con marcial confianza 
Unidos en la paz y en la pelea 
Entrañen un principio y una idea. 

Manuel Castillo. 
1864 



IDN-ÜICE. 



1.1, 



% 



Pajina 

Dedicatoria iii 

Dos PALABEAS V 

Himno de guerra de la América 1 

Canción Nacional de los Estados Unidos de Norte América 3 

Xia bandera estrellada ...> 5 

Canción Nacional Mejicana 7 

Himno de Colombia 9 

Canción Nacional Peruraia 12 

Himno del Perú 14 

Canción Nacional Boliviana 16 

Canción Nacional Chilena (antigua) 17 

Canción Nacional Chilena (moderna) '. 20 

Canción Nacional Arjentina 22 

Canción Nacional del Paraguai 25 

Canción Nacional Americana 26 

La Libertad 36 

La Libertad..., 29 

Elsoldado déla libertad 39 

El Poeta y el Picaflor 43 

América... 46 

A Colon 49 

Las dos Américas 52 

La Union Americana 55 

A la América 56 

A la Union Americana 55 

A la Union Americana 60 

A Washington 61 

A Washington 64 

A Washington 65 

A Boliyar 66 

Bolívar en Caracas 72 



— 176 - 

A Bolívar 73 

A San Mftrtir :.... 74 

Himno a San iXIurtin 79 

Un viejo soldado de la patria al pié de la estatua de San Martin 81 

Sucre 84 

Lord Cochrane 87 

Carrera 92 

O'Higgins 98 

Kicaurte 94 

Freiré 98 

Lavalle 99 

Camilo Hcnriqutz 102 

Manuel Eodrigucz 108 

La muerte de Ataliuñlpa .'.. 105 

La tres sombras 111 

;A las armas! 117 

Al Cóndor de Chile 119 

La Bandera Tricolor 122 

Méjico y la América 124 

A los Poetas 130 

Plácido 131 

Himno de la Democracia 13.'I 

1810 líia 

A mayo loT 

Al sol de setiembre 14-í 

Al 18 de setiembre 147 

Al sol de setiembre l-')3 

A la libertad ló^ 

Bolívar 104 

Un recuerdo a mi Patria 107 

A la ilustre Eepública de Chile.... 172 



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